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LA HERENCIA DE LA DICTADURA ARGENTINA

Las Abuelas de Plaza de Mayo encuentran a una nieta en España

La mujer, que es la nieta número 129, viajó a Buenos Aires para realizarse la prueba de ADN

Su madre desapareció en 1977 y su padre, que ahora tiene 70 años, la buscaba desde hacía cuatro décadas

Abel Gilbert

Las Abuelas de Plaza de Mayo hallan a una nieta, la 129, en España. / DANIEL VIDES (AFP / VÍDEO: EFE)

"Nadie tiene idea de las miles de noches que yo pasé sin poder dormir, esperando este momento", asegura Carlos Alberto Solsona, pero ese tiempo que se ha medido en años y décadas acaba de tener un cierre. Su hija es la nieta 129 hallada por las Abuelas de Plaza de Mayo. Vive en España y hace dos semanas fue a Buenos Aires a realizarse los análisis que permitieron iluminar una verdad robada por la dictadura militar argentina (1976-1983). Su madre, Norma Síntora, la esposa de Solsona, fue secuestrada el 21 de mayo de 1977 cuando se encontraba en su octavo mes de embarazo. La hija nació en cautiverio, presumiblemente en una unidad militar en la periferia bonaerense, cuando su padre se encontraba  ya en el exilio. "Ahora podrá conocerlo, a él y a sus hermanos", dijo Estela de Carlotto, la presidenta de las Abuelas. Se trata de la primera nieta recuperada este año.

Norma Síntora y su marido eran militantes del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) que durante los años 70 fracasó en su intento de establecer un foco guerrillero en los montes de la norteña provincia de Tucumán.  A ella se la conocía como 'La Morocha', 'Raquel', 'Marta' o 'La Turca'. Estudiaba energía electrónica. Se casó con Solsona en 1974. Un año más tarde tuvieron a su primer hijo, Marcos.

Meses antes del golpe de Estado, el PRT y su brazo armado estaban prácticamente destruidos. Cuando los militares tomaron el poder, el 24 de marzo de 1976, la represión estatal alcanzó una ferocidad sin precedentes que excedió a la cacería de insurgentes o simpatizantes. La pareja decidió dejar a su hijo bajo el cuidado de los abuelos maternos. Un año y casi dos meses después de la asonada, Síntora fue capturada por una patota junto con una pareja que la alojaba fuera de la capital. Nunca se supo más nada de ellos. Faltaba muy poco para que ella diera a luz. Con su esposo habían llegado a un acuerdo: si era niño se llamaría Pablo y Soledad en caso de que fuera una niña.

Los años de silencio

Solsona y los abuelos denunciaron la desaparición ante los tribunales. Las Abuelas lo hicieron suyo cuando se recuperó la democracia, a finales de 1983. Fueron años de incertidumbre y silencios. En el 2012 las Abuelas supieron sobre una joven que había sido inscripta como hija propia por un matrimonio. "La documentación reunida mostraba, entre otras cosas, que la partida de nacimiento apócrifa había sido firmada por un médico de la Policía Federal y que el parto había ocurrido en domicilio", explicó el organismo.

En el 2013, un "equipo de aproximación" que trabaja con las Abuelas contactó con quien en ese momento se la consideraba como una presunta hija de desaparecidos. Como se encontraba en España, se la invitó a realizarse el examen de ADN. Luego intervino la unidad fiscal especializada para casos de apropiación de niños durante los años de terror estatal. La justicia intentó en dos oportunidades efectuar esas pruebas sin resultados.

A través de un amigo, ella pudo abandonar su reticencia inicial. "Hace dos semanas la nueva nieta ingresó en el país y se presentó a la justicia el miércoles 3 de abril. Allí, con intervención del equipo interdisciplinario de la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (CONADI), aceptó realizarse voluntariamente el análisis en el Banco Nacional de Datos Genéticos (BNDG), que arrojó que es hija de Norma Síntora y Carlos Alberto Solsona". Las Abuelas pidieron paciencia a los medios para conocer los detalles que no han sido revelados. "Los nietos y nietas ya tienen entre 39 y 45 años, ayudemos a reparar las heridas que la dictadura nos dejó".

La principal preocupación del padre ahora es que su hija recuperada "pueda transitar este cimbronazo con la mayor tranquilidad posible y en las mejores condiciones para procesarlo".Para Carlos Alberto Solsona empieza también una nueva vida a los 70 años. "Ella tiene más de 40 años y le cayó esto encima. Sin embargo siento que va a ser algo grandioso".