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Abusos sexuales en la Iglesia

El cardenal George Pell, ex número tres del Vaticano, condenado a seis años de prisión por pederastia

George Pell fue detenido el 27 de febrero por abusar sexualmente de dos niños de 13 años

Irene Savio

La defensa de Pell ya apeló la sentencia, mediante un recurso que se abordará en junio para decidir si procede o no.

La defensa de Pell ya apeló la sentencia, mediante un recurso que se abordará en junio para decidir si procede o no. / AFP

El cardenal australiano George Pell, antaño una de figuras más influyentes del Vaticano, ha sido condenado a seis años de prisión tras haber sido hallado culpable de cinco delitos de pederastia contra dos víctimas que en los noventa, cuando fueron agredidas sexualmente, eran chicos de 12 y 13 años. La sentencia, hecha pública este miércoles por la Justicia australiana y a la que la defensa del sacerdote anunció que recurrirá, contempla que Pell no pueda pedir la libertad condicional por un plazo mínimo de tres años y ocho meses, es decir, hasta 2022.

Pell, quien fuera el superministro de Finanzas del Vaticano y uno de los consejeros directos del papa Francisco, se trasforma así en el más alto cargo de la Iglesia en acabar entre rejas por la plaga de los abusos sexuales cometidos por miembros del clero católico, y el primero de la cúpula romana. Sus acciones, de acuerdo con el juez Peter Kidd del Tribunal del Estado de Victoria, quien dictaminó el veredicto, fueron “un ataque sexual frontal y forzado contra las víctimas”.

“Los actos fueron sexualmente gráficos, ambas víctimas estaban visiblemente y audiblemente angustiadas durante la ofensa", agregó el juez al leer la sentencia, en la que también se subrayó la conducta “impregnada de una arrogancia asombrosa” de Pell. Nunca mostró “remordimiento o contrición”, ha añadido Kidd, en una intervención retransmitida en vivo por televisión y en la que también se explicó que la pena decidida contempló la elevada edad del cardenal (77 años).

Todo ello Pell lo escuchó en silencio, de pie y portando un bastón en la mano, del cual no se desprendió durante la más de media hora de duración de la audiencia. Mientras que familiares de las víctimas se quejaron por el “tenue” castigo impartido a Pell.

Un grupo de personas sostienen carteles durante una manifestación en contra del cardenal George Pell previo a conocerse su sentencia. / AFP

Caso omiso

Los hechos se remontan a 1996 cuando, según la reconstrucción hecha por las autoridades australianas, Pell, entonces arzobispo de Melbourne, se alejó con los dos chicos (llamados durante toda la audiencia J. y R.) que pertenecían al coro de la Catedral de San Patricio de la ciudad. Allí el sacerdote abusó de uno, por penetración oral, y tocó los genitales del otro mientras se masturbaba, según su sentencia de condena de diciembre y cuyo contenido fue divulgado en febrero. Otro abuso ocurrió dos meses más tarde.

Por mucho tiempo nadie, dentro del Vaticano, dio crédito a estas acusaciones. Hasta que el 30 de junio del año pasado saltaron las alarmas. Ese día, en una agitada conferencia en la Santa Sede, Pell anunció que regresaba a Australia para defenderse. “El Santo Padre le ha concedido un periodo de excedencia para poderse defender”, informó por su parte el Vaticano.

A nivel público, fue el inicio del fin para Pell. En plena purga por los abusos sexuales cometidos por el clero en Australia, en breve, el cardenal australiano pasó a ser uno de los más nefastos símbolos de los fracasos de la política de ‘tolerancia cero’ de Francisco. Luego, en diciembre, llegó la condena del tribunal de Melbourne por los abusos contra los dos menores, uno de los cuales falleció en 2014, a los 31 años, por una sobredosis de heroína.

Pero, de alguna manera, en el Vaticano costó aceptar los abusos cometidos por el purpurado. Prueba es que nunca fue obligado a dimitir como titular del ministerio de Economía; su mandato expiró al cumplirse los cinco años. De igual forma, solo fue removido del C9, el entonces consejo de cardenales consejeros más cercanos a Francisco, cuando la noticia de su condena ya había llegado a oídos de la opinión pública. 

Él mismo nunca ha admitido sus culpas. Más bien al revés. Sus abogados ya han anunciado que presentarán apelación, en otro procedimiento que probablemente empezará en junio. Por su parte, tras conocerse la noticia, el Vaticano ha optado por mantener el silencio.