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VARAPALO JUDICIAL A RUSIA

Navalny: de opositor marginal a fenónemo de masas

Alekséi Navalny se ha convertido en el azote permanente del 'establishment' de Rusia y de la corrupción de sus miembros

Marc Marginedas

Navalny sale del tribunal de Moscú que lo sentenció a siete días de cárcel hace unos meses.

Navalny sale del tribunal de Moscú que lo sentenció a siete días de cárcel hace unos meses. / ALEXANDER ZEMLIANICHENKO

"Es que trabaja mucho".

Con estas palabras, pronunciadas en un café moscovita en agosto del pasado año durante una entrevista con EL PERIÓDICO, Nikolai Liaskin, uno de los más estrechos colaboradores de Alekséi Navalny, intentaba explicar cómo el bloguero anticorrupción se había transformado en un fenómeno de masas, tras tas primeras multitudinarias y exitosas manifestaciones contra la corrupción organizadas por el bloguero. Atrás habían quedado los áridos 2014 y 2015, cuando aún prevalecía en la sociedad rusa la euforia nacionalista desatada por la anexión de Crimea, años en los que el hoy líder indiscutible de la oposición rusa pululaba de ciudad en ciudad, congregando a unas pocas decenas de personas en unos desangelados actos donde su voz contra la corrupción y los excesos de las actuales autoridades parecía perderse en el infinito. 

Que Navalny es el único líder opositor al que el establishment ruso considera como una amenaza lo certifica la hostilidad que suscita entre sus miembros, así como el enconamiento y el empeño del Estado en impedir su participación en la vida política. Vetada su candidatura en las últimas elecciones presidenciales en las que se impuso Vladímir Putin, en septiembre fue arrestado nada más salir de prisión por una pena anterior, impdiéndole liderar las manifestaciones convocadas contra el incremento de la edad de jubilación.

Por todo el país

Otro de los méritos que se le atribuye a este abogado nacido hace 42 años en la localidad de Butyn, en los alrededores de Moscú y que cursó estudios de posgrado en la universidad de Yale en el 2010 es haber sacado al movimiento opositor de sus feudos tradicionales en las dos principales ciudades del país, Moscú y San Petersburgo, y haber diseminado su influencia por la vasta geografía rusa. Su movimiento cuenta con delegaciones y activistas en la mayoría de las ciudades rusas, que no dan tregua a unos dirigentes locales a los que les acusan de corruptos vínculos con la judicatura y los empresarios allí establecidos. 

Navalny ha conseguido motivar también a una generación de jóvenes en edad universitaria que solo han vivido bajo el mandato de Putin, no están traumatizados por el caos que provocó el hundimiento de la URSS a diferencia de sus padres y que contemplan con preocupación un sistema donde, según denuncian, no existe la meritocracia y solo da oportunidades a aquellos que cuentan con conexiones con la élite.