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CAMBIO DE SISTEMA POLÍTICO

Erdogan asume la presidencia turca, con poderes casi ilimitados

El presidente turco firmará el fin del estado de emergencia, que ha servido para despedir 160.000 funcionarios y detener 60.000 personas

Adrià Rocha Cutiller

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, durante un mitin en Estambul. 

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, durante un mitin en Estambul.  / EFE / ERDEM SAHIN

Con la rubrica, este lunes, de Erdogan como presidente del país, Turquía ha cambiado definitivamente de sistema parlamentario a sistema presidencialista; con un presidente con poderes ejecutivos casi ilimitados. A partir de hoy, Recep Tayyip Erdogan, al mando del país desde 2003, será jefe de Estado y de Gobierno, podrá destituir y nombrar jueces a dedo, elegir y echar ministros y gobernar por decreto.

Lleva siendo su objetivo desde hace varios años y, ahora, al fin lo ha conseguido: Erdogan es plenipotenciario. Hace un año, unos meses después del intento de golpe de Estado fallido, el gobierno islamista turco propuso un referéndum para cambiar la constitución del país y darle más poderes al presidente, hasta entonces una figura simbólica como jefe de Estado. Erdogan lo ganó con un ajustado margen del 51%.

El primer paso estaba dado pero faltaba el segundo: ganar las elecciones. Lo consiguió —también— hace dos semanas, en unos comicios que se preveían los más ajustados de la carrera política de Erdogan pero que el presidente turco ganó en las urnas con comodidad. Este lunes, ya firmado y oficializado el cambio, Turquía es más de Erdogan que nunca.

Minuto de descuento

Este domingo el país aún no había pasado a la nueva era pero estaba a punto. Con un solo decreto, bajo el estado de Emergencia aún vigente, el gobierno destituyó de golpe a 18.000 funcionarios, acusados de pertenecer a la cofradía de Fethullah Gülen. Este clérigo y teórico del islam, líder de un movimiento clandestino prohibido en Turquía, es considerado terrorista por Ankara y responsable del intento de golpe de estado del 15 julio de 2016.

Desde entonces, en Turquía ha reinado un estado de Emergencia impuesto por el gobierno turco, que ha servido para despedir a 160.000 trabajadores públicos —policías, jueces, militares, administrativos, profesores escolares y profesores universitarios—, detener 60.000 personas y cerrar editoriales, periódicos, televisiones, universidades, escuelas, centros de reunión, residencias estudiantiles, aplicaciones de móvil y un etcétera que, parece, podría llegar casi hasta el infinito. Todo lo que huela a Gülen —el enemigo número uno, aliado de Erdogan hasta 2012—, en Turquía, ha sido prohibido.

«Contra terroristas»

Cuando Erdogan, de hecho, ganó las elecciones, de los primeros en los que pensó fue en el clérigo, que vive exiliado en Estados Unidos desde finales de los años 90. «En uno de los países extranjeros donde la oposición ha sacado más votos ha sido en EEUU. Sabemos qué países son los que esconden a terroristas. [Con los nuevos poderes presidenciales] lucharemos contra estas organizaciones terroristas con una determinación aún más fuerte», dijo, triunfante, el presidente turco en la noche electoral.

Esta noche se espera que Erdogan firme el fin del estado de Emergencia, que entró en vigor hace casi dos años. En su momento le sirvió para gobernar en tiempos de excepción y sin contrapoderes; ahora, con el nuevo sistema presidencialista, ya no le hará falta.

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