ENTREVISTA

Jean-Luc Mélenchon: "La patria es un bien común, no una camisa de fuerza"

El líder izquierdista francés llama a la conciliación en Catalunya y a plantar cara a la "terrible" Europa actual

El dirigente de La Francia Insumisa anuncia una dura oposición a Macron "en el Parlamento y en la calle"

Jean Luc Mélenchon, líder de la izquierda francesa, en un acto de En Comú Podem.

Jean Luc Mélenchon, líder de la izquierda francesa, en un acto de En Comú Podem. / JORDI COTRINA

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Josep Saurí
Josep Saurí

Periodista

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Instantes antes de participar en un acto de campaña en Badalona junto a Xavier Domènech y Ada Colau, el líder de La Francia Insumisa, Jean-Luc Mélenchon (Tánger, 1951), habló de Catalunya, Francia y Europa vistas desde la “política lírica” de la izquierda francesa.

Por qué apoya a Catalunya en Comú Podem?

He venido a apoyar al único partido que propone conciliación, reconciliación y superar la frontera entre los dos bandos, y que privilegia el progresismo como horizonte. Que busca diálogo, un referéndum, y no la confrontación total.

Pero tanto los independentistas como los constitucionalistas…

… Uf, constitucionalistas, qué palabra. Nosotros también somos constitucionalistas, proponemos un proceso constituyente. Usted se refiere a los de la vieja Constitución, que no ha cambiado, lo que es un error. Cuando hay un problema en la propia estructura del Estado, la mejor vía para salir de él es un proceso constituyente.

… Bien, pues tanto los partidarios como los contrarios a la independencia coinciden en reprochar a Catalunya en Comú Podem una cierta ambigüedad.

Claro, por naturaleza, si no estaríamos en otro lado. Si la gente quiere pelearse, que se pelee. Y si no quiere, si lo que quiere es una salida tranquila, democrática, constituyente y respetuosa de los derechos cívicos de la gente, que vote Catalunya en Comú Podem. Pienso que la gente va a ir a votar por sí misma, por sus hijos, por sus nietos, y no va a querer tanta confrontación para el futuro. Abrir las puertas, las ventanas, respirar. Ya sé que es más fácil decir blanco o negro, y yo no soy catalán, bastante tengo con ser francés, que es muy complicado (ríe).  No quiero ser arrogante ni dar lecciones a nadie, pero me parece que España tiene una gran capacidad de renovarse y de pensarse de manera nueva; lo hizo en el fin del franquismo, cuando muchos temían que volviera la mentalidad de la guerra civil. Puede que al final el proceso constituyente sea una propuesta para toda España y no solo para Catalunya.

Manuel Valls también ha venido a hacer campaña

A él le gusta eso, la pelea, exagerar las cosas, incendiar, pero ustedes no necesitan que venga un ex primer ministro francés a decirles cómo pegarse, ¿no? Eso no está bien, a mí no me gusta. Yo soy bien conocido como un hombre muy apasionado, pero vengo muy tranquilo, no quiero pegarme con nadie. Él también debería rebajar el tono. No estamos en nuestra casa. Tenemos que respetar a la gente de aquí. Y para nosotros también es importante que esto acabe bien.

Salvando todas las distancias, Francia también tiene una cuestión territorial emergente, en Córcega.

Sí. En las elecciones legislativas los ciudadanos de Córcega eligieron a tres diputados autonomistas sobre cuatro, y la semana pasada lo confirmaron con más del 45% de los votos en las regionales. Como todos los responsables políticos, yo también,  por muy jacobino que sea, debo afrontar esta situación. ¿Cómo? No vamos a hacer como Mariano Rajoy, no vamos a mandar a la policía, porque para los franceses la nación, la patria, es republicana, no es una camisa de fuerza. La patria es un bien común cuando hay amor, cuando hay deseo de vivir juntos, eso no se puede imponer por la fuerza.   

Tras las presidenciales, pese a contar solo con 18 diputados en la Asamblea Nacional, su objetivo era convertirse en la principal referencia de la oposición al presidente Emmanuel  Macron…

No, eso a mí no me importa. Lo que ha ocurrido es que mi bloque parlamentario ha quedado como el único opositor, porque los socialistas hoy no saben quiénes son: cinco votan con el Gobierno, tres con nosotros y los demás, ni idea; uno vota contra la ley del presupuesto y dos días después lo hacen ministro… Y lo mismo pasa con la derecha, que no sabe cuál es la diferencia entre ella y Macron, porque no la hay. No soy el jefe de la oposición, pero soy un opositor, eso seguro, y construiremos una alternativa al poder.

¿Cómo?

Vamos a hacer una oposición institucional, en el Parlamento, y oposición en la calle. Pronto la juventud de mi país va a interesarse un poco más por la política. Vamos a ayudarla a ello.

Pero la respuesta en la calle flaqueó contra la reforma laboral de Macron

Fue una sorpresa ver que los franceses no reaccionaban con más fuerza contra un cambio tan grande, pero somos un pueblo tumultuoso, y bueno, veremos la próxima vez. Yo tengo la paciencia de la historia, la de mi familia política, que, como en España, lleva tantos años esperando, luchando, cumpliendo con su deber, a veces siendo reprimida de manera muy brutal, sin perder nunca la fe.  

¿Cuál es su posición sobre la Unión Europea?

Ustedes los españoles tienen una visión idílica, angélica, de la UE. Para ustedes todo lo que viene de Europa está bien, todo es una maravilla democrática. Pero no es así, eso es un sueño. La Europa actual, la de los tratados financieros, es una Europa terrible, solo hay que ver la violencia con la que trató a Grecia, y ahora a España, con los recortes presupuestarios. También en Francia estamos destruyendo el Estado, la sanidad, la educación, todo, para sacrificarlo al dios de Bruselas, al dios dinero. Eso es insoportable. Creo que la raíz de la crisis de Catalunya está en Europa. Aquí siempre ha habido nacionalismo político y una identidad cultural. ¿Por qué ahora surge con tanta fuerza entre los catalanes la idea de una soberanía particular, de que tienen que recuperar la capacidad de mandar sobre sus vidas? Porque la gente siente que no se puede seguir así. En una España sin desempleo, con más actividad económica e intercambio entre territorios, no creo que la voluntad nacionalista fuera tan fuerte como para necesitar la ruptura con España. Y eso no es culpa de los catalanes, ni de los españoles, ni de los que se sienten catalanes y españoles. Es culpa de Europa.

Macron, Merkel, May, Rajoy… En Europa triunfa el liberalismo, la socialdemocracia languidece y distintas formas de populismo avanzan. ¿Qué ha hecho mal la izquierda?

La vieja izquierda no se preocupó de renovar su mirada hacia el mundo, no entendió nada de la mutación del capitalismo globalizado, se quedó en la idea del capitalismo nacional; tampoco entendió nada del hecho ecológico, le dio como mucho una página hacia el final del programa electoral, pero sin un pensamiento global; y sigue creyendo que puede corregir la desigualdad distribuyendo de manera desigual los frutos del crecimiento, para lo que sería necesario un crecimiento sin fin. Y eso es imposible. La crisis ecológica es total y está ligada con una crisis social que resulta de la desigualdad creciente en el mundo. Eso la vieja izquierda no sabe resolverlo, y no sabe cómo llamar al pueblo a hacer algo nuevo.

Sus socios españoles proponen alianzas de toda la izquierda frente a la derecha. En Francia, en cambio…

Eso yo no lo hago en mi país, pero puedo comprender que aquí es distinto. El PSOE sigue siendo un partido bastante potente. En Francia el PS es un 6%, y todos juntos, el 35%;  estamos condenados a imaginar algo nuevo, capaz de levantar al pueblo, un proyecto común, un ideal... bueno, a la francesa, porque nosotros hacemos política lírica.

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Para nosotros, la prioridad es la distribución de la riqueza. Y eso es más importante que una bandera.