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GIRO DIPLOMÁTICO

Turquía mira hacia Rusia

Erdogan conduce a su país lejos de Europa por la «hipocresía y doble moral» de sus líderes

Adrià Rocha Cutiller / Estambul

El presidente ruso Vladímir Putin y su homólogo turco Tayyip Erdogan en San Petesburgo.

El presidente ruso Vladímir Putin y su homólogo turco Tayyip Erdogan en San Petesburgo. / REUTERS / SERGEI KARPUKHIN

Recep Tayyip Erdogan, antes un gran amigo de Occidente, está muy enfadado. Cuando, hace unos años, buscaba aliados en el exterior, el presidente turco giraba la cabeza hacia el Atlántico y la OTAN -organización de la que Turquía forma parte desde 1952- y hacia el norte, hacia la UE. Turquía, desde su nacimiento, ha intentado ser el puente entre el mundo occidental y el mundo islámico; el nexo entre estas dos realidades separadas por el Mediterráneo.

Pero eso era antes. En los últimos años, algo ha cambiado. La Turquía de Recep Tayyip Erdogan ya no mira hacia sus socios occidentales; Turquía, ahora, mira hacia el este.

«Hoy, los líderes europeos tienen que escoger entre ser solidarios con los terroristas o recuperar el favor del pueblo turco. Su hipocresía y doble moral molestan profundamente a nuestro pueblo, que lo arriesgó todo para defender la libertad», dijo Erdogan en un artículo publicado hace unas semanas en ‘The Guardian’. No se refiere al terrorismo yihadista: el presidente habla de la negativa de algunos países occientales a extraditar ciudadanos turcos que se han exiliado de su país tras el intento de golpe de estado de julio de 2016.

Ankara culpa a la cofradía liderada por Fethullah Gülen, catalogada de «terrorista», de estar detrás de la intentona; Gulen, de hecho, vive en Estados Unidos desde 1999 y, aunque el Ejecutivo turco ha pedido su extradiciónWashington se niega a concederla.

Erdogan, además, también ha sido muy criticado por las purgas en la administración pública y por el gran número de periodistas —160— que, hoy, están en la cárcel en Turquía. Así, el presidente turco está crispado con sus socios occidentales y ahora se busca otros.

«Erdogan, durante sus primeros años en el poder, fue favorable a Europa por pura táctica. Antes del 2003 -cuando fue elegido primer ministro- él ya era muy islamista y luchaba en contra de la OTAN. Ahora ha vuelto a mostrar quién es realmente», dice a EL PERIÓDICO Aykan Erdemir, exdiputado en el parlamento turco para el principal partido de la oposición, el CHP, y ahora investigador de la Fundación para la Defensa de las Democracias (FDD), un think-tank radicado en Washington, que continúa: «Ahora que ha consolidado su poder, ya no necesita para nada a los Estados Unidos, la OTAN y la Unión Europea. Por esto se busca socios económicos que no le critiquen, como son China y Rusia».

De hecho, las relaciones turcas con este último país no podrían ser mejores. Antes enemigos acérrimos, el presidente ruso, Vladímir Putin, y Erdogan se reconciliaron tras el intento de golpe de estado, y desde entonces han mantenido una sintonía que ha servido para reactivar la construcción del gasoducto 'Turkishstream', que lleva gas ruso a Turquía pasando por el Mar Negro.

Esta buena relación, además, también ha dado resultado en otras áreas. En los primeros seis meses de 2017, 1,1 millones de turistas rusos llegaron a Turquía de vacaciones, mientras el número de visitantes procedentes de países europeos, antes mayoritarios, cae en picado.

El mejor socio

Pero no todo es tan fácil para Erdogan: casi el 50% de los productos que exporta Turquía al exterior acaban en territorio de la UE; Bruselas y los 28 son, de largo, los socios comerciales más importantes de Ankara. Lejos quedan, después, Irak (5,4%), Estados Unidos (4,6), Emiratos Árabes Unidos (3,8%) e Iran (3,5%).

«A Erdogan le gustaría cambiar la inversión occidental por la asiática, pero ésta está resultando ser una táctica desastrosa. En el momento en que Turquía empezó a dar la espalda a la UE, la economía comenzó a caer; y acabará habiendo más daños. Aunque su estrategia no sólo ha afectado a la economía. También ha tocado a la política», dice el analista.

Así, aunque oficialmente Turquía sigue queriendo entrar en la Unión Europea y ésta asegura que el proceso de admisión continúa, todo el mundo en Ankara y en Bruselas sabe que, a día de hoy, Ankara está más fuera que dentro del club.

«No me sorprendería que todo este proceso —que empezó en 1999— fuese suspendido, tanto por una parte como por la otra. Ni unos ni otros tienen nada de fe en esta relación», considera el investigador, que también echa parte de las culpas a los líderes europeos.

«Hubo muchas oportunidades para ligar a Turquía a Occidente, pero se dejaron escapar. Hoy es demasiado tarde: Erdogan ya se ha construido su monopolio, su sistema en el que un hombre, él, controla el país. Pero yo le pediría a la UE que siga apoyando la sociedad civil turca, a las fuerzas democráticas y a los medios de comunicación libres. Occidente no debería cometer el error de ignorarlos otra vez», exhorta Erdemir.