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EN CLAVE EUROPEA

UE-Turquía: errores y dilemas

Eliseo Oliveras

El golpe militar de 1980, avalado por la OTAN, EEUU y Europa, impulsó la islamización turca

Los europeos negaron a los gobiernos seculares las negociaciones de adhesión que ofrecieron a Erdogan

La Unión Europea (UE) y la OTAN tienen parte de responsabilidad en la situación de Turquía, donde el presidente Recep Tayyip Erdogan ha transformado el proyecto de república secular democrática de Mutafa Kemal, Atatürk, en un régimen autoritario islamista de ideología neootomana.

El golpe de Estado de 1980 marcó una inflexión en la evolución política turca y desató una brutal represión de izquierdistas, sindicalistas, intelectuales y periodistas. Hubo 650.000 detenidos, miles de desaparecidos, torturas generalizadas y centenares de muertos. El golpe implicó una drástica reforma económica neoliberal del Fondo Monetario Internacional (FMI) y una nueva Constitución que oficializó la tutela militar al reanudarse las elecciones en 1983.

Los militares, liderados por el general Kenan Evren, promocionaron la denominada "Síntesis Islámica Turca" como baluarte contra la izquierda y como ideología estatal para legitimar el régimen, detalla el profesor Banu Eligür en su libro The Mobilization of Political Islam in Turkey. Un elevado presupuesto anual fue dedicado a construir nuevas mezquitas y escuelas coránicas, se introdujo la enseñanza obligatoria del islam en la escuela pública y se promovieron las organizaciones religiosas.

LAS BASES DEL ISLAMISMO ELECTORAL

Esta promoción del islam sentó las bases para el futuro éxito electoral islamista que, en medio de una crisis económica, convirtió en enero de 1996 en primer ministro al islamista antioccidental Necmettin Erbakan. Y, más tarde, tras un catastrófico colapso financiero, llevó al poder en el 2002 a su discípulo Erdogan y su nuevo partido Justicia y Desarrollo (AKP).

El golpe fue auspiciado por la CIA, como reconoció Paul Henze, consejero del presidente Jimmy Carter, tras una campaña de fomento de la violencia política en la que se ha implicado a la red Gladio de la OTAN. EEUU y la OTAN avalaron el golpe y ampliaron su apoyo político, militar y económico durante el mandato de la junta. El Consejo de Ministros de la UE y la Comisión Europea también evitaron condenar el golpe.

Numerosos intelectuales turcos, como las escritoras Zeynep Oral y Elif Shafak, reprochan a la UE que retrasara la oferta de iniciar las negociaciones de adhesión hasta después de la victoria de Erdogan (cumbre de Copenhague de diciembre del 2002), regalando esa baza a los islamistas en lugar de a los gobiernos seculares de coalición del conservador Mesut Yilmaz (1997-1998) y del socialdemócrata de Bülen Ecevit (1999-2002).

En planea Guerra Fría, los países europeos habían prometido a Turquía su futura adhesión a la UE en el Acuerdo de Asociación de 1963, pero tras la caída del Muro de Berlín, habían perdido interés en integrar a un país musulmán muy poblado que requeriría muchos fondos europeos.

EXCLUIDOS

En la cumbre de Luxemburgo de 1997, Turquía fue excluida de la lista de países que iniciarían las negociaciones de adhesión por la oposición de Alemania y Grecia, aunque la lista incluía a países tan poco preparados como Bulgaria, Rumanía y Chipre. Esto creó un profundo resentimiento en Turquía y su alejamiento de la UE.

La victoria socialdemócrata en Alemania y la mejora de relaciones entre Atenas y Ankara posibilitó que en la cumbre de Helsinki de 1999 se reconociera a Turquía el estatuto de país candidato, pero sin ninguna fecha de inicio de las negociaciones. Los intelectuales turcos estiman que esa cicatería con Ecevit contribuyó a la victoria de Erdogan y la aceleración de la islamización de Turquía.

Al principio, Erdogan quiso avanzar en las negociaciones de adhesión, iniciadas en octubre del 2005. Pero pronto comenzaron a surgir problemas, en especial con Chipre, la ley antiterrorista y los derechos fundamentales. Erdogan, que sostiene que la democracia es un medio para llegar al poder, comenzó a manipular las dificultades en las negociaciones, atizando el nacionalismo turco y presentando las resistencias de Ankara a corregir sus leyes como un desprecio de la UE a Turquía. Las negociaciones quedaron paralizadas en el 2010 y sólo se reanudaron tras el acuerdo con la UE sobre los refugiados del 2016.

El creciente autoritarismo turco, la masiva represión tras el fallido golpe del 2016, la pérdida de interés del propio Erdogan en la adhesión y la oposición más o menos encubierta de Alemania, Austria, Francia y otros países a aceptar la integración de Turquía, imposibilitan un avance real en esas negociaciones. Pero la UE prefiere mantener viva esa ficción para no deteriorar aún más las relaciones con Ankara y mantener vivo el acuerdo sobre refugiados.  

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