EEUU vota en su laberinto

Clinton llega a las urnas con una ligera ventaja sobre Trump tras la campaña electoral más sucia y divisiva

El país y el mundo contienen el aliento ante unos comicios que sacan a relucir la polarización del país y la crisis del sistema

Unos electores ejercen su derecho al voto mediante el sistema de ’voto temprano’ en Hollywood Norte, California.

Unos electores ejercen su derecho al voto mediante el sistema de ’voto temprano’ en Hollywood Norte, California. / EFE / EUGENE GARCIA (EFE)

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Elecciones EEUU 2016, en directo

“Gracias, Señor, porque las elecciones se han acabado”. La frase encabeza el reclamo de una fiesta organizada en Washington para seguir los resultados de la noche electoral del martes, pero es la misma que invocan estos días millones de estadounidenses. La campaña más desagradable, vergonzosa y atípica de la historia moderna de Estados Unidos llega a su fin después de un año y medio de política basura que ha sacado a relucir las fallas de su sistema democrático y la fractura social de su población. Al igual que pasó con la crisis económica, estas elecciones han sido otra llamada de atención, la alarma antiaérea que reclama reformas urgentes y profundas si el sistema quiere sobrevivir. El maquillaje ya no sirve. Millones de personas se sienten excluidas y están dispuestas a reventar los salones de la fiesta.

Nada será fácil. Los dos candidatos en liza son los más impopulares desde que los sondeos empezaron a ocuparse de este asunto en los años 40 del siglo pasado. Generan rechazo visceral en buena parte del bando contrario, lo que augura años de parálisis legislativa en el Congreso, investigaciones judiciales y escándalos. La demócrata Hillary Clinton llega con una ligera ventaja en las encuestas para conquistar la Casa Blanca, lo que sería un hito histórico después de los intentos frustrados de más de 200 mujeres para quebrar el techo de cristal de esta democracia tan paternalista. Clinton ofrece continuidad a las políticas de Barack Obama, reformismo sin sobresaltos y respeto para el caleidoscopio de minorías que pueblan el país.

TELERREALIDAD

Donald Trump es el candidato del cambio, un producto de la telerrealidad, de la lobotomía catódica de una sociedad que no sabe casi nada de lo que pasa en el mundo y que está obsesionada por el dinero y la fama. El 81% de los universitarios de primer año decían en el 2006 que su principal aspiración en la vida es hacerse ricos. Nada de eso le quita méritos a Trump. Su fenómeno se estudiará en las facultades. Cómo el epítome de “la codicia es buena” de Gordon Gekko, el mismo que se opone al salario mínimo y prevé la mayor bajada de impuestos para los ricos en mucho tiempo, se ha convertido en el salvador de los desheredados, en la voz de sus miedos y ansiedades. 

Aquí no hay voto de clase. Una parte significativa de la población tiende a votar en contra de sus intereses económicos. Así ha sido desde que las élites blancas utilizaron la raza para enfrentar a los pobres y sofocar los periódicos motines contra el statu quo. Pero las costuras se están deshilachando. EEUU es el país más rico del mundo, pero también el cuarto más desigual, detrás de Chile, México y Turquía, según la OCDE. El llamado sueño americano está en crisis. Ir a la universidad se ha convertido para muchos en un lujo prohibitivo. Millones de estadounidenses necesitan dos y tres trabajos para salir adelante. Las infraestructuras dan pena y, cuando uno sale de las ciudades más vibrantes y tira por la ventana la guía turística, la realidad tiende a ser desoladora. Pueblos decrépitos dejados de la mano de Dios, donde no hay una triste panadería y la iglesia es casi el único punto de encuentro social.

CIERRE DE FILAS DEL 'ESTABLISHMENT'

El mundo aguarda nervioso el resultado de estas elecciones. La victoria de Trump situaría a un demagogo populista al frente de la primera potencia mundial, envalentonando a las fuerzas en auge del mismo signo que quieren romper el mundo de la posguerra. Pero la inquietud es todavía más acentuada en EEUU. Nunca antes el llamado 'establishment' había cerrado filas con tanta intensidad en torno a uno de los candidatos. Los mercados, los medios, la academia y las grandes empresas, con contadas excepciones, dormirán mal la víspera electoral.

En el retrovisor quedará una campaña que ha girado en torno a la personalidad de los candidatos, su temperamento y su honestidad. Las emociones han prevalecido sobre el discurso racional. Del programa político, de los grandes asuntos, se ha hablado poco y el debate ha sido superficial. Ni siquiera se le han dado muchas vueltas a la economía, que es la principal preocupación de los estadounidenses, seguida por el terrorismo y la inmigración. Las revelaciones más o menos escandalosas han marcado los últimos cuatro meses, desde el vídeo machista de Trump y sus maniobras para no pagar impuestos a los famosos ‘e-mails’ de Clinton y las sospechas que pesan sobre su fundación familiar.

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Dos actores inesperados han tenido un enorme protagonismo. Uno ha sido el Wikileaks de Julian Assange, que ha publicado miles de correos 'hackeados' del entorno de la candidata demócrata, proporcionando un extenso caudal de confidencias a sus rivales. Y el otro ha sido el jefe del FBI, James Comey, quien a poco más de 10 días de las elecciones reabrió la investigación contra Clinton sin tener nada tangible que la incriminara, un gesto que resultó decisivo para que Trump remontara en las encuestas para llegar a esta recta final con opciones de victoria. Five Thirty Eight, la web del mago de las estadísticas Nate Silver, le da este lunes un 68% de probabilidades de triunfo a la demócrata y un 32% a Trump. No está claro si lo peor ha terminado o está a punto de empezar.