CRISIS POLÍTICA EN AUSTRIA

El canciller de Austria dimite por el auge de la ultraderecha

El socialdemócrata Werner Faymann renuncia a su cargo después del hundimiento de la gran coalición en las elecciones presidenciales

El canciller austriaco Werner Faymann, que ha dimitido este lunes.

El canciller austriaco Werner Faymann, que ha dimitido este lunes. / AP / RONALD ZAK

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Carles Planas Bou
Carles Planas Bou

Periodista

Especialista en Redes, algoritmos y la intersección entre política y tecnología

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La ultraderecha está causando estragos en la primera línea política en Austria. La dura derrota de socialdemócratas y conservadores en las elecciones presidenciales del pasado 24 de abril ya se ha cobrado su primera pieza. El canciller, Werner Faymann, ha anunciado este lunes su dimisión como jefe de Gobierno y como líder de la formación progresista (SPO) después de haberse hundido ante la creciente retórica xenófoba y populista del Partido para la Libertad de Austria (FPÖ).

“Este país necesita a un canciller que tenga a todo el partido detrás suyo como apoyo”, ha confesado Faymann en la rueda de prensa en la que ha anunciado su paso atrás. En las últimas dos semanas el canciller se ha encontrado con la presión interna de un partido que, muy dañado por sus desastrosos resultados y por la incapacidad de frenar el ascenso de la ultraderecha, se ha dividido. "Faymann ha cedido a la presión. Ciertos grupos dentro de la formación le habían criticado por haber endurecido las condiciones de asilo y otros por haber prohibido el negociar pactos con el FPÖ", remarca la politóloga austríaca Karin Liebhart..

El líder austríaco tan sólo había comunicado su decisión a otros compañeros del partido pero su renuncia ha sido una sorpresa. A pesar de contar con el apoyo de gran parte de su formación, Faymann ha considerado que no era suficiente para dotarle de la credibilidad para redirigir al ejecutivo.

La decisión de Faymann hace que el actual gobierno, sustentado desde el 2008 por una gran coalición formada por socialdemócratas y democristianos, quede pendiente de un hilo y gravemente dañado. Reinhold Mitterlehner, líder del Partido Popular Austríaco (ÖVP) y actual ministro de Economía, asumirá la responsabilidad de encabezar el Ejecutivo. El alcalde de Viena, Michael Haeupl, tomará el mando de los socialdemócratas con la difícil misión de hacer renacer a la formación. El pasado agosto los xenófobos obtuvieron los mejores resultados de su historia en la capital austríaca.

DE IZQUIERDA A DERECHA

Faymann ha evidenciado la claudicación de la socialdemocracia gobernante ante el ascenso del populismo. En septiembre, cuando miles de refugiados se encontraban encerrados en Hungría, el canciller unió fuerzas con su homóloga alemana, Angela Merkel, para ofrecer una respuesta a la crisis humanitaria y abrir las puertas de su país. Como en Alemania, el escepticismo de la población sobre la llegada de solicitantes de asilo fue in crescendo y, empujado por la creciente popularidad de la retórica hostil de los xenófobos, Faymann optó por la vía dura.

Durante el 2015, Austria acogió a 90.000 personas lo que, según Faymann, les convirtió en un “buen ejemplo” en Europa. El coste político de sus decisiones fue demasiado caro e intentó girar hacia una postura más restrictiva. Eso le llevó en febrero a dar la espalda a las directrices de Berlín y Bruselas y limitar unilateralmente las concesiones de asilo. A pesar de este viraje los socialdemócratas naufragaron en la primera ronda de las presidenciales, desplazando parte de su voto a los ecologistas.

DESASTRE ELECTORAL

El desgaste de socialdemócratas y democristianos se plasmó en la primera ronda de las elecciones presidenciales. Los candidatos de los partidos tradicionalmente hegemónicos, los que habían ocupado la primera plana política del país tras la Segunda Guerra Mundial, obtuvieron tan sólo el 11% de los votos respectivamente. Eso les dejó, por primera vez, fuera de la segunda ronda electoral. El candidato del FPÖ, el Norbert Hofer, se hizo con el 35% de los votos y apuntó a una victoria histórica para la ultraderecha.

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Ahora, la doble dimisión del canciller austríaco pretende dar una nueva cara a un partido muy lastrado por sus años en el poder. A pesar de no tener opciones para la segunda vuelta su partido ya mira hacia los comicios generales del 2018, donde se dirimirá si los ciudadanos quieren que los islamófobos irrumpan en el parlamento de uno de los países más acomodados del continente. En los últimos sondeos, los populistas atraen más del 30% de los votos, por delante de sus competidores del establishment. “Estoy firmemente convencido de que este país es lo suficientemente fuerte como para plantar cara a los problemas del futuro”, ha remarcado Faymann.

Testigo de la debacle de los partidos tradicionales

El mandato de Faymann ha estado marcado por la fulgurante decadencia de las formaciones tradicionales y el auge de la ultraderecha. Ya en el 2008 asumió el liderazgo de los socialdemócratas y la cancillería del país con los resultados más pobres de la formación. Aún así, su condición de pragmático le permitió hacer equilibrar su programa progresista con el de sus socios conservadores para seguir al mando. Los comicios del 2013 reafirmaron a la derecha ultra como alternativa real a la Gran Coalición de Viena.