29 feb 2020

Ir a contenido

Crepúsculo en Guantánamo

Rafael Vilasanjuan

La visita a Cuba tenía esa otra mirada hacia Guantánamo a la que Barack Obama ni siquiera quiso hacer referencia ¿Qué le impide cerrar el campo de detención que prometió en su primer año en la Casa Blanca? Aunque sea tarde, ¿qué barreras quedan en los restos de su mandato para intentar cumplir la promesa? La salida de los que quedan en el limbo no es fácil, sobre todo porque la incapacidad para cerrarlo obedece solo a la batalla sectaria que enfrenta a un Congreso de mayoría republicana contra un presidente demócrata.

Vayamos por partes. El campo de Guantánamo no solo es una vergüenza histórica en la lucha de la libertad contra quienes impulsan el terror. Por definición los terroristas no cumplen la ley, pero pensar que por esa misma razón, para combatirlos, los Estados puedan tener mano libre es un error y al mismo tiempo un crimen. Vivir en un centro de detención sin sentencia no es una condena es un secuestro y Guantánamo, con inquilinos que llevan 14 años esperando saber de qué se les acusa, es el ejemplo.

En el marco de la guerra contra el terror del presidente George W. Bush, la inteligencia americana pagaba a precio de oro información no contrastada sobre posibles vínculos de Al Qaeda en Afganistán y Pakistán. Aunque se consiguió alcanzar a algunos de los responsables del 11-S, muchos de los detenidos que acabaron llegando a Guantánamo fueron delatados a cambio de unos miles de dólares, sin que luego se haya conseguido demostrar ninguna relación.

SIN AMPARO LEGAL

Creado como campo de detención para terroristas, fuera del amparo legal, muchos ya fueron devueltos a otros países, pero casi un centenar siguen detenidos. Solo unos cuantos han podido ser juzgados, el resto ni han sido procesados, ni se han encontrado cargos, a pesar de llevar mas de una década encerrados, aislados y sometidos a diferentes grados de castigo y tortura.

El relato de 14 años de historia puede ser infinito, pero no hacen falta mas argumentos para intentar acabar cuanto antes con este pasado tan triste como comprometedor. El problema es que los que quedan se encuentran atrapados en el laberinto sin salida al que fueron lanzados. 

CERRAR PÁGINA

Obama ha batallado desde el primer día para cerrar página, pero había otros equilibrios y múltiples barreras. La ley en EEUU impide utilizar recursos para trasladar a suelo americano a prisioneros que están fuera del país y a pesar de que mantener Guantánamo cuesta mas de 400 millones de dólares al año, el Congreso se ha mostrado siempre reticente a construir una prisión en EEUU para trasladar y dar cobertura legal a los condenados. El resto, -la mayoría-, declarados libres para ser transferidos a su país porque no representan peligro a la seguridad nacional, en la practica no pueden volver. Algunos temen por su vida nada mas regresar y piden un tercer país de acogida ¿Pero quien los acepta?

Por otra parte está el gran problema de los que vienen de AfganistánSomaliaLibia y sobre todo de Yemen, países en guerra, especialmente este último, donde las facciones de Al Qaeda y la expansión del Estado Islámico les esperan para incorporarlos a su causa y seguir haciendo proselitismo de Guantánamo.

No hay ni una sola razón para seguir manteniendo abierto este infierno. Curiosamente solo hace falta una ley para cerrar este limbo creado al margen de ella. Obama se comprometió a acabar con Guantánamo en su primer año. Ha llegado la hora de enfrentarse al Congreso y cumplir su palabra, o dejará una sombra inmensa en el crepúsculo de su mandato.