Más belleza, menos pobreza

Una de las niñas acogidas en la Escuela AMSAI

Una de las niñas acogidas en la Escuela AMSAI / BORJA MONCUNILL

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¡Byenveni an Ayiti! El país nos da la bienvenida en su propia lengua, el creole. El calor húmedo y los mosquitos también. Hace falta tiempo para adaptarse a las condiciones climáticas de Puerto Príncipe, pero todo es mucho más llevadero desde el ashram de Didi. La escuela Amsai es un pequeño oasis dentro de la caótica capital haitiana. Didi, una española que lleva 17 años en Haití, dirige este hogar escondido en uno de los rincones más verdes de la ciudad. Nació únicamente como una escuela neohumanista, pero tras el terremoto de 2010 cambió su función. Unicef estimó en 430.000 el número de niños huérfanos tras el seísmo y Didi decidió hacer hueco en su escuela para dar techo y cariño a algunos de ellos. En total 16 forman hoy parte de esta gran familia a la que temporalmente también nos hemos sumado nosotros. Aquí nos alojaremos durante nuestra estancia en Puerto Príncipe.

Tras un primer día necesario para ubicarnos y organizar la logística del viaje, ya hemos empezado a conocer de cerca esta ciudad, la cara más amable y la más amarga. Ambas están perfectamente representadas en el barrio de Jalousie. Se trata de una de las zonas con mayor densidad de población de la capital y se levanta sobre uno de los terrenos más inestables. Desde el año 2013, alrededor de mil casas han sido pintadas de colores para sustituir el gris hormigón que hasta entonces decoraba su fachada. "Más belleza, menos pobreza" fue el lema del gobierno haitiano para esta iniciativa. Sin embargo, cuando acabó el pintado de las viviendas, la pobreza seguía ahí. Para sus habitantes solo fue una operación de maquillaje. La cara más amable no dejaba ver el fondo amargo: la falta de electricidad y de agua caliente, la falta de servicios de atención sanitaria, la falta de oportunidades de empleo para los más jóvenes. Demasiadas faltas.

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Frente a Jalousie se levanta imponente el Hotel Oasis, un edificio monumental de cinco estrellas donde los turistas pueden disfrutar de todas las comodidades mientras contemplan las vistas del colorido barrio haitiano. El mayor ejemplo de los dos Haitís que siempre, pero mucho más tras el terremoto, han convivido en este país de las Antillas.