14 ago 2020

Ir a contenido

RUTAS GASTRONÓMICAS

Aroma de pedernal

Unos meses de retiro en casa nos han hecho variar hábitos de consumo, al tiempo que nos entraba un deseo feroz de pasear entre viñas

Miquel Sen

Vista panorámica de las bodegas Vilarnau, en Sant Sadurní d’Anoia.

Vista panorámica de las bodegas Vilarnau, en Sant Sadurní d’Anoia.

La gran discusión con ribetes filosóficos de si la pandemia nos va a hacer más buenas o malas personas puede tener como única conclusión un cambio de tendencias. Eso no es demasiado nuevo porque la entrada de una tendencia en nuestras costumbres es algo impalpable que suele producirse cuando el ambiente es propicio y queda espacio para la reflexión. Así sucede con la visión de la naturaleza, o lo que es casi lo mismo, con las aficiones enológicas.

Unos meses de retiro en casa nos han hecho variar hábitos de consumo, al tiempo que nos entraba un deseo feroz de pasear entre viñas, como la mejor manera de entender de dónde viene ese producto divino. Es decir, que antes de descorchar la botella y olfatear la copa es muy necesario un ejercicio de ubicación. Hay que ver donde se sitúan las vides, entre que bosques se protegen, cual es su porte, tan distinto entre las diferentes variedades.

Para saber de vinos sobre el terreno es imprescindible ponerse en manos de los expertos que saben trazar rutas enológicas de lo más sorprendentes. Tanto como proponernos adentrarnos en este universo a través del silencio. Una idea de cavas Torelló que ha hecho de la "conciencia plena" un concepto para leer el viñedo que nos rodea. Juegan con un entorno centenario, ahora andan por la 25º generación, lo que les confiere autoridad para permitirnos acariciar sus viejos olivos. Un ritual que evoca la historia que escribió Marguerite Yourcenar contándonos como un sacerdote griego quemaba los más retorcidos para expulsar a los lujuriosos faunos que, como todos sabemos, duermen la siesta en sus troncos, protegiéndose del calor del sol. Experiencias que siempre concluyen con unas copas de brut como resumen del paisaje. Por cierto, los árboles que hemos adorado producen un aceite arbequino de delicada finura.

Otro viaje espectacular lo podemos hacer en helicóptero desde Barcelona hasta las Bodegas Vilarnau. Este modo de desplazarse tiene la ventaja de torpedear nuestras perspectivas. En esta forma de volar el concepto de dirección se va al traste con desplazamientos laterales y variaciones de altura que nos permiten evidenciar lo que habitualmente describe la gente del terruño: las viñas de esta zona están protegidas por Montserrat e influenciadas por la presencia del mar. Ya en tierra, los enólogos nos enseñan como el suelo actúa sobre la vid, de que manera evolucionan los racimos, puerta para entender el largo proceso que lleva de la uva a las botellas en reposo. Antes hay que contemplar un paisaje de
gran calidad estética. Una calma reflejada en el lago que sombrea las cavas en las que soy testigo de haber visto un hermoso zorro, sereno y pensativo como un dios egipcio.

Un respeto por el medio ambiente que también encontramos en los paseos por tierras de la familia Torres. Su preocupación por el clima y las distintas variedades les ha permitido recuperar cepas productoras de blancos y tintos que tienen su mayor sentido catados en los viñedos de Más La Plana. Una cena en El Celleret es una buena forma para comprender plenamente la viticultura ecológica; el transporte que nos lleva entre las viñas es eléctrico. Una suma de sensaciones modernas y antiguas a un tiempo, como el aroma que desprenden unas piedras de pedernal cuando las hacemos chocar y chispear en un juego infantil. Un olor difícil.

Temas Vinos