Entender + con la historia

Éxito sin fecha de caducidad

Deslumbrados por los triunfos de jóvenes talentosos, olvidamos que la historia está llena de casos de éxitos conseguidos en plena madurez. Hoy repasamos algunos

Harland David Sanders, el fundador de Kentucky Fried Chicken.

Harland David Sanders, el fundador de Kentucky Fried Chicken.

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Este miércoles el Barça se enfrenta al Granada en la ida de los cuartos de final de la Copa del Rey. En las filas del equipo andaluz milita Jorge Molina, un delantero de 38 años que, a pesar de su avanzada edad, es el máximo goleador de su equipo en esta competición. Su caso no es único, tal y como se explicaba en EL PERIÓDICO hace pocos días. Cada vez hay más deportistas que alargan su carrera profesional hasta más allá de los 40. Uno de los casos más espectaculares es el del portero italiano Buffon, que a sus 43 años sigue defendiendo la portería de la Juventus de Turín al máximo nivel.

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Mientras que para los deportistas los 40 son sinónimo de ocaso, para no pocos personajes de la historia fue el momento de dar el primer paso hacia la fama. Porque, si bien es cierto que siempre se destaca el triunfo de los más jóvenes, en la vida no todo son emprendedores universitarios que se hacen millonarios antes de los 25 creando una empresa en el garaje de sus padres.

Fideos y pollos

En el mundo de la alimentación hay algunos casos interesantes. Por ejemplo, ahora que todo el mundo tiene tanta obsesión por los ramen y compañía, es bueno saber que el inventor de los fideos instantáneos, Momofuku Ando –nacido en 1910– no consiguió desarrollar y comercializar su producto hasta 1958. Por lo tanto, cuando tenía 48 años.

A esa edad, Harland David Sanders ni soñaba convertirse en el millonario que conseguiría ser. El nombre no os dirá nada, pero sí el de Kentucky Fried Chicken, que es como bautizó la cadena de restaurantes que puso en marcha en 1952, cuando tenía 62 años. Nacido en 1890 en el seno de una familia humilde, de joven hizo de todo para ganarse la vida, desde marinero hasta vender seguros. En 1929 abrió un restaurante de carretera en Kentucky y pronto el negocio creció gracias a sus platos de pollo. La fama era tal que en 1940 patentó la receta. Diez años más tarde –cuando tenía 60– se vio obligado a cerrar por culpa de la construcción de una nueva carretera, pero en vez de retirarse decidió crear una cadena de puestos de comida con el sistema de franquicias. En 1964, cuando tenía 74 años, el negocio iba a toda máquina y lo vendió a cambio de dos millones de dólares y de un sueldo vitalicio para continuar siendo la imagen de KFC. Efectivamente, él es el señor con lazo que aún hoy forma parte de la identidad corporativa de la empresa. Pero se ve que el hombre se aburría, porque en 1968 todavía abrió otro restaurante. Murió en 1980 a los 90 años y de acuerdo con sus deseos fue enterrado con su característico traje blanco y lazo negro.

Una serie y un diccionario

En el campo de las artes es más habitual que los creadores encuentren el éxito en la madurez, pero también hay algunos casos excepcionales. Los lectores que tengan más memoria recordarán la serie ‘La casa de la pradera’, inspirada en los libros de Laura Ingalls Wilder, que no publicó su primer título hasta los 65 años. A partir de entonces tuvo tiempo de escribir ocho volúmenes hasta su muerte, a los 90 años. En su caso hay cierto debate porque algunos estudiosos apuntan que recibió la ayuda de su hija Rose Wilder Lane, que era periodista. Ingalls se inspiró en las vivencias de su familia, marcadas por las dificultades económicas y las desgracias personales, tal y como recordará cualquiera que haya visto la serie, que también fue un éxito.

El caso de las hermanas Forrellad

La literatura catalana tiene un reciente caso excepcional: las hermanas gemelas Lluïsa i Francesca Forrellad. La primera, a pesar de que ganó el Premio Nadal en 1953, no volvió a publicar hasta que a los 79 años presentó ‘Foc Latent’; y la segunda no debutó en el mundo literario hasta los 81 con ‘La vostra sang’.

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Si nos fijamos en España, no puede pasar por alto el caso de María Moliner, autora de uno de los diccionarios referenciales del castellano. Empezó su elaboración en 1952 aprovechando las horas libres que le dejaban su trabajo de bibliotecaria y el cuidado de la familia. Tardó 15 años en terminar las 80.000 entradas, que ocupaban 3.000 páginas. Un trabajo colosal fruto de una tenacidad admirable que culminó a los 67 años.

 "Nadie es tan viejo que no crea poder vivir un año más", escribió Cicerón en ‘De Senectute’. Y nadie es lo suficientemente mayor para dejar de soñar en conseguir lo que desea, porque el éxito no tiene fecha de caducidad.