Entrevista

"Yo tendría cuidado con los pollos de cinco euros"

Carolyn Steel, autora de 'Ciudades hambrientas', reflexiona sobre la importancia social, cultural y económica de comer con arreglo a una ética

Carolyn Steel, autora de ’Ciudades hambrientas’.

Carolyn Steel, autora de ’Ciudades hambrientas’. / Cortesía de la autora

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Arquitecta de formación, la británica Carolyn Steel ha cultivado desde la infancia una curiosidad por la forma en que nos alimentamos que ha cuajado en ‘Ciudades hambrientas’ (Capitán Swing), un interesantísimo libro en el que aborda la cuestión de la alimentación como un factor determinante en el diseño de las ciudades. ¿Somos lo que comemos? Mucho más que eso.

-He leído su libro. No es solo que seamos lo que comemos. Es que lo que comemos puede hacernos mejores personas, y mejores ciudadanos.

-Así es. Comer es compartir, pues compartimos el planeta con todas las criaturas que comen, humanas y no humanas. Para mí, cuando comes, tienes que pensar en que todos necesitan comer. En ese sentido la comida puede hacerte un mejor ciudadano, sí. No debemos olvidar que la comida son criaturas vivientes que criamos y matamos para poder vivir. De modo que la comida es vida, y si no valoras la comida, no valoras la vida. En otros tiempos se valoraba tanto la comida que se hacía una ceremonia de gracias por tenerla, y desperdiciarla era considerado pecado, y hemos olvidado estas cosas.

-No tenemos una cultura de la comida. ¿Ese es el gran problema?

-Sí. Creo que la cultura de la comida es la respuesta armónica a un paisaje, porque tiene que ver con la comida disponible. El problema ahora es que no vivimos en nuestras culturas alimenticias tradicionales, las que estaban ligadas al paisaje y se esforzaban por vivir en armonía con el lugar que las acogía. Nos hemos deslizado hacia una cultura de la comida que no tiene tiempo ni tiene lugar. Todo está disponible a todas horas.

-¿Un buen ciudadano debería huir de los supermercados?

- Yo diría lo siguiente, y es que debemos ser conscientes de que cada vez que gastamos nuestros euros, o nuestras libras, en comida, literalmente estamos moldeando el planeta. Son importantes las decisiones que tomas, y sí, creo que los supermercados tienen demasiado poder, y el problema es que tienen estas cadenas de abastecimiento detrás en las cuales el productor siempre sale perdiendo, lugares donde los productos se venden por debajo de su precio de coste, algo completamente insostenible. Yo sospecho de un pollo de tres libras, yo tendría cuidado con los pollos de tres libras. De tres libras o de cinco euros.

"Si pagas el precio justo por la comida, eso genera buenos trabajos, miles de buenos trabajos"

-Los de 10 euros no todos los pueden pagar.

- Si uno cree, como yo, que una buena sociedad es una donde todo el mundo come bien, está bien que la comida sea cara, y ahí es donde entran los gobiernos, porque para comprar comida que cuesta lo que vale, la gente tiene que ganar lo suficiente para comprar esa comida, lo cual implica salarios mínimos más altos, ingresos mínimos vitales. Pero, por otro lado, si valoras la comida, si pagas el precio justo por la comida, eso genera buenos trabajos, miles de buenos trabajos. Quiero decir que la alimentación ha sido siempre la principal fuente de trabajo del mundo. La comida barata genera empleos baratos, y la comida buena genera buenos empleos.

-¿Qué debemos comer?

-Yo iría siempre hacia la mejor comida orgánica que tu bolsillo pueda pagar. Yo, por ejemplo, intento pagar con mi dinero el trabajo de los pequeños productores locales. Tengo la suerte de tener una tienda de alimentos en mi barrio que promueve el comercio justo, que compra a productores locales, y gasto todo el dinero que puedo allí, a pesar de que es mucho más caro que en el supermercado. Lo hago porque me importa. Así que, no hay que huir totalmente de los supermercados, pero sí debemos comprar lo mejor que podamos, dando importancia al lugar de donde viene la comida.

"Mucha gente ha redescubierto el placer de cocinar, y mucha gente ha empezado a comprar a productores locales"

-¿Cree que la pandemia ha cambiado algo? La gente está más en casa, cocina más...

-Absolutamente. Una encuesta arrojó que un 42% de los británicos valoraban más la comida durante el confinamiento, que cocinaban más. Mucha gente ha redescubierto el placer de cocinar, y mucha gente ha empezado a comprar a productores locales, creo que ahora mismo el 40% de los británicos están comprando directamente de los productores, la mayoría por primera vez este año. Y la razón es que los restaurantes cerraron, y muchos productores decidieron vender directamente a los ciudadanos. Creo que es de las cosas buenas que han salido del confinamiento.

-Una vez dijo que “comida barata” es un oxímoron.

-Absolutamente. Podríamos hacer una lista de los daños que hacemos al consumir determinada comida, el daño a la ecología, el cambio climático, la extinción masiva de especies, la deforestación, la lista es muy larga. Así que sí, pagamos un coste muy alto, de hecho pagamos un coste inasumible por lo que comemos, pero el problema es que no vemos ese problema. En el supermercado no se ve.

-¿Cuál es el camino?

-En el nuevo libro que he publicado este año, ‘Sitopia’, argumento que no podemos seguir considerando la comida algo barato, porque si lo seguimos haciendo vamos literalmente a acabar con el planeta. Si volvemos a dar valor a la comida todo cambiará.

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-Es una cuestión básicamente de decisiones individuales, ¿no?

-Sí, pero es muy importante decir que necesitamos gobiernos que hagan cosas. Las decisiones individuales no bastan. Necesitamos acción política y compromiso internacional. Lo que me encanta de la comida es que todos podemos marcar la diferencia a través de la comida. Durante muchos años los gobiernos estuvieron en primera línea del desafío de alimentar a la población, pero en los últimos 50 años se han desentendido y lo han dejado en manos de las grandes multinacionales. Creo que todos debemos hacer un llamamiento a los gobiernos para que asumen su responsabilidad sobre la comida. Estamos en esto juntos. Recuerde lo que le dije al principio: “Cuando comes, nunca comes solo”. Todos comemos juntos.