14 ago 2020

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GENTE CORRIENTE

Martí Olivella: «Que cada uno luche por lo que cree, sin hacer daño»

Fue uno de los primeros objetores a la mili y el 1-O colaboró en promover la resistencia noviolenta.

Gemma Tramullas

Martí Olivella: «Que cada uno luche por lo que cree, sin hacer daño»

JULIO CARBO

En vísperas del referéndum del 1 de octubre, algunas escuelas organizaron talleres de resistencia noviolenta para defender las urnas. Martí Olivella fue una de las personas que compartieron con padres y madres su experiencia en este ámbito, que se remonta a los años 70. Siguiendo el ejemplo de Pepe Beúnza y las estrategias de Gandhi y Xirinacs, unos pocos jóvenes lograron que la Constitución española reconociera el derecho a la objeción de conciencia a la mili. 

–Nada más nacer, ya rompió las reglas.
–Nací el 31 de diciembre de 1954 y la comadrona les dijo a mis padres que era mejor registrarme como nacido el 1 enero de 1955, así no sería el más joven de la mili.

–Y no lo fue, porque acabó en la cárcel por negarse a hacerla.
–En 1975 me junté con el primer grupo de objetores de conciencia. Diseñamos una campaña, publicamos un manifiesto por la paz y en mayo de 1977 un grupo de 11 objetores ocupamos la  caja de reclutas…

–¡Se entregaron! ¿Por qué?
–Es un principio básico de la acción noviolenta: al afrontar la cárcel le pierdes el miedo y desconciertas al otro. La fuerza de la desobediencia civil no está en desobedecer y huir, sino en desobedecer y forzar la represión. Si hay gente que asume golpes, cárcel y multas por defender unos ideales, los demás pensarán que esos ideales son importantes. 

–Hay que tener convicciones muy sólidas.
–La fuerza de la noviolencia no radica en quién tiene más fuerza bruta, sino en quién tiene más fuerza moral para defender lo que cree. La fuerza interior es insobornable.

–Usted también ha participado en acciones contra los recortes del Govern.
–La noviolencia es una herramienta para defender cualquier derecho. Yo no le debo fidelidad a ningún partido, sino a la búsqueda de la verdad. Que cada uno luche por lo que cree, pero sin hacer daño a los demás.

–¿Le sorprendió que saliera tanta gente a defender los colegios electorales el 1-O?
–Sí. Habíamos hecho algún taller, pero cuando la policía empezó a golpear mucha gente se mantuvo intuitivamente con las manos arriba, que es un símbolo de que no vas a hacer daño. Esta actitud implica un alto grado de conciencia humana, de conexión profunda con los demás y con la realidad.

–¿Cómo explica esta reacción?
–Si alguien piensa que esto estaba preparado, se equivoca. La gente ha ido acumulando una cultura de paz que estalló espontáneamente de esa forma. Fue increíble.

–La amenaza del 155 multiplicó los talleres de resistencia por todo el país.
–Un grupo de personas  pensamos qué podíamos hacer para que este movimiento espontáneo se dotara de más conciencia y capacidad para ser más eficiente. Al cabo de una semana se creó En Peu de Pau y contribuimos con cinco decálogos que pueden consultarse en la web enpeudepau.cat.

–Uno de los décalogos es sobre cuidados.
–Hace años a la gente le daba igual lo que le pasara, lo importante era la lucha y la revolución. El cuidarse a uno mismo y a los demás es una aportación del feminismo. La noviolencia no es una disciplina militar, cada uno tiene que actuar según sus capacidades, sus habilidades y su grado de riesgo personal y de su entorno. 

–¿Cómo cree que acabará todo esto?
–Institucionalmente no tengo ni idea, pero desde el punto de vista de la lucha noviolenta, muy bien. Nuestra expectativa no es la victoria, sino mejorar los derechos, y esto está siento un revulsivo para cuestionar no solo el encaje de Catalunya en el Estado, sino un modelo de vida, de sociedad, de relaciones de poder... Si hay un proceso constituyente, es una buena base para construir un Estado seguro y en paz sin ejército.