Elecciones 14-F

Aragonès se da prisa por negociar un nuevo Govern con Junts, CUP y 'comuns'

  • Marta Vilalta, Josep Maria Jové, Sergi Sabrià y Laura Vilagrà son los miembros del equipo negociador republicano

  • Posconvergentes y 'comuns' mantienen sus vetos cruzados, mientras Borràs y Sabater se abren a un tripartito independentista

  • Junqueras apunta que no hay partidos más antagónicos en Catalunya "que ERC y el PSC"

 Pere Aragonès sale de la sede de ERC el dia después de las elecciones autonómicas

Pere Aragonès sale de la sede de ERC el dia después de las elecciones autonómicas / Laura Guerrero

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La Ejecutiva Nacional de ERC ha decidido este lunes que comenzará con la CUP, y no con Junts, la ronda de contactos para buscar un pacto para formar Govern, que los republicanos quieren que sea amplio, incorporando a Junts, CUP y 'comuns'. Para ello, ERC han designado a su equipo negociador, que estará formado por la secretaria general adjunta y portavoz de ERC, Marta Vilalta, el presidente del Consell Nacional de la formación, Josep Maria Jové, -estos dos ya participaron en las negociaciones con el PSOE sobre la investidura de Pedro Sánchez y en la mesa de diálogo-, el que ha sido presidente de ERC en el Parlament en la última legislatura, Sergi Sabrià, y la número dos por Barcelona, Laura Vilagrà.

ERC no se apea de la hoja de ruta preparada con mimo hace unos meses y que pasa por un Govern de concentración pro-amnistía y pro-referéndum de autodeterminación. Es decir, con Junts per Catalunya, la CUP y los ‘comuns’. Los resultados del 14-F cumplieron con las expectativas de los republicanos y les situaron en el centro del tablero, convirtiendo en pírrico el triunfo en votos del PSC. Pere Aragonès se siente cómodo en ese rol de mano tendida hacia el resto de fuerzas soberanistas e independentistas y anunció el inicio “inminente” de las negociaciones encaminadas a encauzar la investidura y el Govern. Porque otra pata del papel que se ha arrogado Aragonès, de facedor de consensos, incluye la de hombre de estado que no tiene tiempo que perder en medio de una situación pandémica. Y razón, en este caso, no le falta.

Y es quizá el covid, su triple crisis (sanitaria, social y económica) que ayudó tanto a la pérdida de 25 puntos de participación electoral, el que ha empujado a Junts per Catalunya a dar una respuesta suave y solícita a los resultados del domingo. Contra lo que esperaban algunos, también republicanos, el escaño y 35.000 votos de distancia no han sido utilizados por los posconvergentes para elevar el precio de un pacto con ERC que parece poco menos que inevitable.

El puigdemontismo cuenta con el favor de la historia reciente y la paridad en el Executiu cuando fueron ellos los que obtuvieron 12.000 votos y dos escaños de colchón sobre los republicanos.

Investidura y presupuestos

Estas prisas de ERC y de Aragonès se observan en la propuesta republicana de vincular un pacto de investidura con uno sobre los ejes básicos de un nuevo presupuesto de la Generalitat. Una forma de atraer a los ‘comuns’ a un acuerdo, habida cuenta de que lo más difícil para Catalunya En Comú Podem, pactar unas cuentas de un Govern presidido por un posconvergente, ya lo hizo en abril de 2020. Ergo, con un ‘president’ de izquierdas y el agravamiento de la crisis social y económica a las puertas, cuando se acaben los ertes y se acumulen ya más de un año de restricciones a la actividad económica, piensan en ERC, el acuerdo debería de ser, como mínimo, igual de difícil, cuando no menos.

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Pero eso sería solo la investidura. Y en los números republicanos, si se pacta con Junts, ese proceso parlamentario no es la máxima preocupación. Entre otras razones porque la simple abstención de los ‘comuns’, por lo anteriormente dicho, o de la CUP, con el fin de defender esa mayoría independentista de 74 diputados (nueve de ellos suyos, su segundo mejor resultado) bastarían para convertir a Aragonès en ‘president’.

La formación de Govern es harina de otro costal. Junts ya ha dicho que no quiere compartir mesa en el Palau de la Generalitat con los ‘comuns’. Y estos han dicho lo mismo de Junts. Difícil levantar el doble veto. Jéssica Albiach insistió el lunes en la entente de izquierdas.

Queda la CUP, que será la primera fuerza con la que se reúna ERC por ser, alegan los republicanos, "un actor indispensable y uno de los partidos que ha salido más reforzados de la cita electoral". Aquí Junts, vía Laura Borràs que defiende un Govern 100% secesionista, ya ha apremiado a abrir negociaciones. Y los anticapitalistas, en campaña, han dicho, a veces, cuando no se desmentían, que estaban dispuestos a entrar en un Executiu. Sin ir más lejos, Dolors Sabater lo reiteró este lunes. Eso sí, falta conocer sus exigencias y sortear, luego, sus rocambolescos sistemas de toma de decisión asamblearia.

¿Habrá contactos con el PSC? Por si la cuestión no había quedado clara en campaña con decenas de afirmaciones y un manifiesto anti-Illa, tanto la portavoz, Marta Vilalta, de manera elegante (“nuestra prioridad son los partidos independentistas y soberanistas”), como de una manera más brusca, Junqueras (“ERC y PSC somos los partidos más antagónicos de Catalunya”) dieron carpetazo al asunto.

El 14-F y la fiscalía

Súmese que ERC, en la noche electoral y en la resaca del lunes, culpó directamente a “todo el entramado del Estado”, en el que se incluye al Gobierno, de haber forzado la celebración de los comicios este domingo, en lugar del 30 de mayo, como habían pactado los partidos catalanes. Y añádese que la fiscalía, ese órgano que Pedro Sánchez se jactó de controlar en plena campaña del 10-N del 2019, interpuso recursos a los terceros grados de los presos, apenas 12 horas después de acabar el recuento. Algo que fue interpretado por Vilalta y Junqueras como un “intento de ganar en los juzgados lo que perdieron en las urnas”. La verdad es que, caducado el uso como espantajo de campaña, la cuestión ya no da más de sí.

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Otra de las razones por las que Aragonès puede desear un ritmo de pedalada alto en la negociación es evitar que el nuevo presidente del Parlament (por saber en manos de qué partido) pueda acceder a la pretensión de Illa por acometer una investidura, que sería fallida. Si ese presidente de la Cámara no tuviera una alternativa, porque el pacto de ERC con Junts y CUP no ha fraguado aún, podría dar luz verde.

Albiach, con todo, reiteró el lunes lo expuesto en al noche electoral cuando previno a Illa, sin mentarle, de enzarzarse en una investidura “’fake’”, sin tener los apoyos necesarios, para “no perder el tiempo” en trámites que no resuelven los “problemas de la ciudadanía”. Otro punto en común, hay prisa.