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Los dueños de la banca en España

Un total de 5,7 millones de pequeños accionistas tienen participaciones en las mayores entidades financieras

Un impuesto especial al sector reducirá beneficios y los dividendos que, en el caso de CaixaBank, una parte van a obra social

Los presidentes del Santander (Ana Botín), BBVA (Carlos Torres Vila), CaixaBank (José Ignacio Goirigolzarri) y Sabadell (Josep Oliu).

Los presidentes del Santander (Ana Botín), BBVA (Carlos Torres Vila), CaixaBank (José Ignacio Goirigolzarri) y Sabadell (Josep Oliu).

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Joan Llonch*

A raíz del reciente anuncio por parte del Gobierno de la imposición de un impuesto “extraordinario” a la banca y a las eléctricas, se ha asignado a estos sectores el calificativo de los “poderosos”. Ello es debido, posiblemente, a que existe la idea entre muchos ciudadanos de que la propiedad de los bancos está muy concentrada entre unos pocos multimillonarios. Pero esta visión es totalmente errónea. En la actualidad, la propiedad de los principales bancos del país está muy repartida entre millones de accionistas. 

En el cuadro adjunto podemos ver que los cinco bancos que cotizan en el Ibex tienen un total de 5,7 millones de accionistas. En esta cifra podría haber algunos que estén duplicados, es decir, que posean acciones de más de uno de esas entidades. En cualquier caso, partiremos de la base de que hay unos 5 millones de personas que han invertido parte de sus ahorros en acciones de alguno de esos bancos.

Además, existen unos cuantos millones más que poseen participaciones en fondos de inversión o en planes de pensiones que contienen acciones bancarias en sus carteras. Esta gran dispersión en la propiedad propicia que el 'free float' (porcentaje del capital que cotiza en el mercado) sea muy elevado, alcanzando el 99% para Santander y el 98% para BBVA (ver cuadro adjunto), lo cual confirma la gran atomización existente en el capital de dichas entidades.

Para justificar el poder de los bancos se esgrime también el argumento de que los consejeros disponen de abultados paquetes de acciones en estas empresas. Volviendo al cuadro adjunto, se observa que, excepto para Bankinter, los consejeros del resto de bancos poseen un porcentaje muy reducido del capital de la entidad a la que pertenecen (un 0,02%,en el BBVA y el 1,06% del Santander). Ello es debido a que, hoy en día, la mayoría de los consejeros de estas entidades son “independientes", y como propugna el Banco Central europeo (BCE), o no tienen acciones del banco, o tienen muy pocas.  

El pasado día 28 se anunció que la forma de aplicarlo sería cobrando un 4,8% (y ¿porque no un 4 o un 5%? Serían cifras más redondas) del margen neto del negocio en España de la entidad, cantidad no deducible del impuesto de sociedades. Se trata de una cifra muy considerable, que tendrá un fuerte impacto en la cuenta de resultados, especialmente en los bancos centrados en la operativa doméstica, como Caixabank, Sabadell y Bankinter. Unas primeras estimaciones anticipan que para estos bancos comportará un recorte de beneficios de entre el 15 y el 20%

La entidad que posee una mayor inversión en el sector es la Fundación Bancaria La Caixa. Dicho organismo percibe los dividendos de Caixabank (con operativa principalmente en España), que en 2021 ascendieron a 355 millones. Invierte estos recursos en sostener una obra social que da cobertura a sectores desfavorecidos de la sociedad, además de promocionar la ciencia, el arte y la cultura.

Con este impuesto, Caixabank obtendrá menores beneficios, repartirá menos dividendos, y la Fundación dispondrá de menos recursos para financiar la importante obra social que lleva a cabo. El segundo inversor en volumen de recursos es el FROB, es decir, el Estado. La participación que el FROB posee en Caixabank tiene hoy un valor en bolsa de unos 3.800 millones de euros. Un impuesto que reduzca los beneficios de Caixabank redundará en un menor reparto de dividendos para el Estado, y una menor cotización de sus acciones. Por tanto, la capacidad de recuperar las ayudas que en su día recibió Bankia del FROB se verá sensiblemente reducida.  

Con respecto al resto de inversores con participaciones significativas (más del 3% del capital), 10 en total, de hecho, quedan reducidos a 7, ya que BlackRock participa en cuatro de estos bancos. Estos 7 accionistas poseen unas participaciones que ascienden a 4.700 millones. De estos , 5 son inversores extranjeros: BlackRockInc, CQG Partners LLC, Fintech Europe S.À.R.L., Lewis A. Sanders y Lazard Asset Management ¿Cuál será la opinión de estos inversores, y de otros muchos accionistas extranjeros, si se aplica de forma repentina este impuesto? Pues lo lógico es que piensen que en España existe una gran inseguridad jurídica, y que el Gobierno aplica unos impuestos que se pueden tildar claramente de populistas, propios de estados poco fiables, y, por tanto, se piensen dos veces el seguir invirtiendo en el país. 

En cuanto a los efectos de este impuesto entre los millones de pequeños y medianos accionistas, que detentan alrededor del 70% del valor de capitalización de las cinco entidades analizadas, tal medida comportará sin duda que haya 5 millones de personas contrariadas por el efecto que tendrá en los beneficios de estas entidades, en su capacidad para repartir dividendos, y en las expectativas de revalorización de sus acciones.

Ello es especialmente doloroso para estos accionistas, ya que las cotizaciones de los bancos son las que más han sufrido los efectos de la crisis, debido a que han tenido que provisionar la gran morosidad que les ha entrado durante esos años, y sin ayudas del Estado (las ayudas del Estado se concedieron a las cajas de ahorros en situación de default, pero no a los bancos).

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En resumen, nos preguntamos, ¿es racional aplicar este impuesto a la banca cuando la recaudación esperada (se habla de unos 3.000 millones en dos años) es, en nuestra opinión, muy inferior a los daños colaterales que el mismo provocará a los accionistas, entre ellos el propio Estado, a la sociedad y a la imagen del país para los inversores?

*Joan Llonch es profesor del Departamento de Empresa de la UAB y fue vicepresidente del Banc Sabadell