El fin del estado de alarma

De la devastación a la reconstrucción

Tras la mayor recesión en cien años, la economía debe transitar ahora por la "cuerda floja" de la recuperación

La OCDE aconseja mantener ayudas públicas adaptadas a la nueva situación para apoyar el despegue

La vicepresidencia económica, Nadia Calviño, en una imagen de archivo.

La vicepresidencia económica, Nadia Calviño, en una imagen de archivo. / EUROPA PRESS / E. PARRA / POOL

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Le falta un nombre definitivo, aún, a esta crisis, que empezó siendo bautizada por el Fondo Monetario Internacional (FMI) como la del «Gran Confinamiento». Y le sobran letras, a la espera de si la recuperación, después de la devastación, será en forma de 'V', de 'V' alargada, de 'W', de 'U' o de 'L', en el peor de los supuestos.

La pandemia del coronavirus ha acabado de golpe con diez años de expansión de la economía mundial; los seis últimos de ellos, también en España. Algunos ya describen la recesión actual como la más dura y corta (dos o tres meses) de la historia, al menos desde 1850, y en todo caso, como la mayor en 100 años, desde la Gran Depresión. 

La OCDE ha sido el último gran organismo en renovar y empeorar sus previsiones (el FMI actualizará las suyas el  miércoles), estimando que la economía mundial caerá entre el 6% y el 7,6% este año (dependiendo de si hay un rebrote o no del virus), duplicando la tasa de paro, hasta el entorno del 10%. Todo ello, antes de que el PIB remonte entre el 5,2% y el 2,8% en el 2021. En ninguno de los dos casos se recuperarían los niveles previos a la pandemia por lo menos hasta dentro de dos años. El empleo tardaría aún más.

En su informe «La economía mundial en la cuerda floja», la OCDEseñala la española entre las más perjudicadas, si no la que más, por esta recesión. Prevé una caída del PIB en el 2020 de entre el 11,1% y el 14,4% (con tasas de paro de hasta el 25,5%), antes de repuntar entre el 7,5% y el 5% en el 2021.

Según el Banco de España, los niveles de empleo del 2019 no se recuperarán hasta el 2025, seis años después. 

Después de una caída del PIB español del 5,2% en el primer trimestre del 2020, están por llegar los datos que certficar la casi defunción del segundo. El Banco de España pronostica una caída de entre 16% y el 21,8% en este segundo trimestre en el que por primera vez en la historia de la economía española se vivió un abril con cero turistas extranjeros. Para el segundo semestre se esperan datos de recuperación.

Mayo ya trajo las primeras buenas noticias. Desde el inicio de ese mes la afiliación a la Seguridad Social ha crecido en 285.000 personas y han salido de los ertes más de un millón de los 3,4 millones de trabajadores que estaban en ertes, según datos del ministro José Luis Escrivá.

‘El bueno, el feo y el malo’

Pero aunque mayo trajo los primeros síntomas de  recuperación en España y en el mundo, se augura un periodo accidentado y desigual, pediente de efectos retardados de la crisis sobre el empleo, los salarios y la quiebra de empresas; y, sobre todo, pendiente de un posible rebrote del virus que vuelva a exigir otro periodo de confinamiento y de hibernación de la economía española y mundial.

El distanciamiento social,  los problemas de las cadenas mundiales de suministro y los efectos del exceso de deuda en los países condicionarán la salida.  El ‘bréxit’, las tensiones comerciales entre EEUU y China y las elecciones presidenciales en EEUU añadirán más riesgo al cóctel.

La gestora de fondos PIMCO alude al título del viejo ‘western’ de ‘El bueno, el feo y el malo’ para describir, con imaginación, los tres escenarios posibles de recuperación «temprana, gradual o muy lenta» a los que también se refiere el  Banco de España con su lenguaje más gris.

«Independientemente de que se produzca o no un rebrote del virus, las consecuencias serán graves y duraderas», avisa la OCDE. «La crisis dejará cicatrices duraderas: una caída en los niveles de vida, un alto desempleo y una inversión débil. La pérdida de puestos de trabajo en los sectores más afectados, como turismo, hostelería y entretenimiento, afectará especialmente a los trabajadores poco cualificados, informales y jóvenes».

Tales expectativas llevan a la conclusión -según el organismo-  de que las ayudas públicas dirigidas a las personas y empresas de los sectores más afectados tendrán seguir siendo sustanciales, aunque deberán evolucionar de acuerdo a la desescalada de la actividad. «Será necesario adoptar políticas extraordinarias para caminar por la cuerda floja que nos conducirá a la recuperación», acertó a señalar Laurence Boone, economista jefe de la OCDE.

Pendientes de las ayudas

Y es aquí donde en España entra el debate sobre cómo modular a partir de ahora el esquema de ayudas dispuesto durante la pandemia, con la ayuda pública a los ertes y los créditos del ICO avalados por el Estado como principales pilares.

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En este contexto de acompañamiento de las ayudas públicas a la reconstrucción se enmarcan también los dos planes sectoriales que ha adoptado el Gobierno esta semana, para el automóvil y el turismo. También, la reciente aprobación el ingreso mínimo vital.

La reconstrucción de la economía española y europea penden, en todo, caso de la Unión Europa. De la acción del Banco Central Europeo (BCE) que hasta ahora ha mantenido a raya la temida prima de riesgo de la deuda pública; y del Fondo de Reconstrucción que debaten los líderes europeos. De los 750.000 millones que podrían manejar este fondo, España podría optar a hasta 140.000 millones entre subvenciones y préstamos. Ello dependerá del acierto del Gobierno en formular un plan de inversiones capaz de atraer ese dinero europeo para confinanciar las acciones públicas y privadas, de administraciones y empresas, que necesitará la economía española para levantarse y volver a ponerse en pie.