CAMBIOS EN UNA EMPRESA INDUSTRIAL

Reparar es el negocio

La compañía Rufre consolida en tiempos de crisis su producción de sistemas de inyección diésel con su reparación y mantenimiento

La firma ya está presente en los cinco continentes

Equipo 8 Xavier Freixes, director general (centro), con dos socios.

Equipo 8 Xavier Freixes, director general (centro), con dos socios. / DEFOTO / RAMON GABRIEL

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EVA VISA
LLEIDA

Un pequeño taller mecánico familiar, Rufre, con sede en Lleida, se ha convertido tras 55 años de existencia en una empresa pionera en sistemas de inyección diésel y con presencia en los cinco continentes. Algo que nunca imaginaron los fundadores se ha hecho realidad con el trabajo de sus sucesores, que ahora facturan ya más de tres millones de euros anuales.

Uno de sus prioridades es la continua innovación y trabaja para conseguir las últimas tecnologías del mercado. En sus instalaciones se encuentra la única sala blanca de España y una de las pocas que existen en Europa dedicada a estos motores. En ella, los técnicos montan los inyectores en una atmósfera controlada, insonorizada y sin riesgos de contaminación.

Rufre cuenta con una treintena de empleados y se dedica a la venta de bombas e inyectores nuevos para todo tipo de vehículos. Pero ahora el servicio más solicitado y el que, según sus responsables, les da un valor añadido es la reconstrucción y la reparación de esas piezas. En plena crisis, las empresas optan más por reparar lo estropeado antes que comprar un producto.

Sus clientes son los principales fabricantes del sector, a los que brindan unos inyectores diésel con menor consumo de combustible y emisiones más limpias que los convencionales. Una muestra del éxito de este proyecto lo encontramos en los resultados económicos. Y es que en años de recesión la facturación de Rufre ha aumentado. En 2012 lo hizo en un 20% y este año prevé incrementar algunos puntos este porcentaje. La explicación de este crecimiento se encuentra en la apuesta por las ventas en el exterior que iniciaron hace dos años.

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El proyecto comenzó por elaborar una página web, visitada ahora por más de 10.000 empresas al mes, y ofrecer sus servicios a los clientes potenciales. En el almacén se amontonan las cajas con destino a más de 75 países. En una de las paredes hay un mapa con puntos rojos que muestra las zonas donde han logrado implantar su negocio. «Nuestro producto es global, por lo que entendimos que nuestro mercado también tenía que serlo», explica el director de la empresa, Xavier Freixes.

Añade que el secreto del negocio es haber seguido los valores que se han transmitido de generación en generación. Su padre, Felip Freixes, fundó el taller junto a otro socio, Lluís Rubies. «Hemos seguido su espíritu. Aquí nada se desaprovecha, no contamos las horas de más de trabajo y ponemos todo nuestro esfuerzo y empeño en todo lo que hacemos, igual que ellos», afirma Freixes, para quien el secreto es simple: mantener la esencia y adaptarse a los tiempos.