NUEVA VIDA TRAS EL PARLAMENT

La odisea de Anna Tarrés y la leyenda de Ícaro

Anna Tarrés se dirige a las componentes del equipo de Grecia de natación sincronizada antes de su ejercicio en la piscina del DiR Diagonal.

Anna Tarrés se dirige a las componentes del equipo de Grecia de natación sincronizada antes de su ejercicio en la piscina del DiR Diagonal. / JORDI COTRINA

  • Tras dejar el Parlament, la exseleccionadora española quiere dar a Israel y Grecia el billete a Tokio en el preolímpico de Barcelona, donde competirá contra España.

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Roger Pascual
Roger Pascual

Periodista

Especialista en fútbol, baloncesto, balonmano

Escribe desde Barcelona

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A Anna Tarrés siempre le ha fascinado la leyenda de Ícaro. Por eso tuvo claro que la iba a usar para la nueva coreografía con Grecia. La exseleccionadora española ahora trabaja con el equipo heleno y con el dúo de Israel para intentar clasificarlos para los Juegos. En el preolímpico que se celebrará del 10 al 13 en Barcelona se decidirán dos plazas para dúos (España ya está clasificada) y tres para equipos, donde la Grecia de Tarrés pugnará con la selección española. Como en el mito griego, ella sabe lo que es caer con las alas fundidas por el sol después de haber volado demasiado alto. Pero siempre se ha vuelto a levantar.

"Me siento muy identificada con ese personaje por su anhelo de libertad, de arriesgarse hasta el punto de quemarse", explica. En la coreografía que entrenan han reescrito el final del mito. "Reinterpretamos a Ícaro para demostrar que pese a las dificultades uno puede tirar adelante pidiendo ayuda de las tortugas, medusas y cangrejos, haciendo equipo". Ese viernes se ha reencuentra en el DiR Diagonal con Eduard Pujol y Glòria Freixa, excompañeros de grupo parlamentarios de Junts. "La del Parlament fue una experiencia brutal, ver cómo se crea un país desde dentro. La gente que venimos del mundo civil podemos aportar un poco más de pragmatismo. No me gusta el café para todos, como me pasaba en la Federación española: no puedes tratar igual a alguien que quiere hacer cosas diferentes y eso implica a veces desobedecer ciertas normas".

Anna Tarrés, al lado de su asistente, observa el ejercicio del equipo de Grecia de natación sincronizada en la piscina del Dir Diagonal previo al preolímpico que se celebrará la próxima semana.

/ JORDI COTRINA

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Dejó el Parlament el 22 de diciembre pasado y ahora vuelve a estar sumergida totalmente en el agua, su elemento natural. Aunque los primeros Juegos los vivió como nadadora (en Los Angeles-84), la mayoría los ha vivido como entrenadora. Fue la responsable de la natación sincronizada española desde 1997 hasta Londres-2012. Un mes después el presidente de la Federación Española, Fernando Carpena, la despidió aduciendo razones de política deportiva. Los tribunales condenaron a la federación a indemnizarla por despido improcedente. Los primeros Juegos sin ella al frente fueron los primeros en los que no había medalla española desde 2004. Desde que la echaron, Tarrés ha tenido su particular odisea, asesorando en Ucrania, China, Francia, México, Suiza y Liechtenstein. Pero, a diferencia de Ulisses, ella no tienen intención de volver a su antigua casa. "España es un proyecto acabado".

En el Mundial del 2017 ayudaba a Ucrania y cuando estaba en la grada de Budapest recibió la propuesta de hacer lo mismo con Israel. Viajó hasta allí para verlo in situ aunque al día siguiente tuvo que coger un vuelo de vuela. "Me tuve que ir para la investidura de Quim Torra. Pero aceptaron mis líneas de trabajo y los resultados han llegado, como demostró el bronce por equipos en el último Europeo". Desde el 2019 asesora a Grecia, con la que pidió carta blanca para hacer una coreografía nueva. Tras tres semanas en Lloret con el equipo griego y el dúo israelí espera conseguir en su ciudad el billete para una nueva cita olímpica. "Hay que aprovechar siempre la oportunidad para intentar volar más allá".