Ir a contenido

Una vaca llamada Barcelona

Jonah Kipkemoi Chesum, sorprendente ganador del maratón de la capital catalana, cumple la tradición y compra con el dinero del premio una res al regresar a su aldea de Kenia

Gerardo Prieto

Jonah K. Chesum, en su granja de Kenia con su esposa y su hijo.

Jonah K. Chesum, en su granja de Kenia con su esposa y su hijo.

Por una vez, Jonah Kipkemoi Chesum no viajó en matatu, el taxi de Kenia para 9 pasajeros en el que a veces entran 18,  un par de gallinas, un saco de maíz y un bidón de aceite de palma. Dos coches esperaban en el aeropuerto de Eldoret al ganador de la Zúrich Marató de Barcelona 2017, el maratón de la ciudad que los kenianos asocian automáticamente con el Barça

Chesum ganó en la ciudad de Messi de la forma más inesperada, sorprendente e incluso épica en el Paral.lel. El keniano era una de las liebres que aseguraban un ritmo de récord hasta doblar Diagonal Mar. El etíope Jisa Mekonnen fue el único con valor para seguir la estampida salvaje de los cuatro kenianos que marcaron el ritmo en cabeza.

El etíope rompió fibras de su bíceps femoral antes del kilómetro 30. Chesum y Jacob Kirui se vieron delante y solos en el 32, cuando se retiró la segunda liebre. "More fire", más fuego, dicen los kenianos para animarse. Se sentían bien para seguir. Kirui cedió en el 35 y Chesum -que confiesa no usar reloj para entrenar-  siguió corriendo con la moto de TV-3 como única compañía, bebiendo agua con la mano izquierda, agonizando en el tramo final antes de la meta de la Avenida Maria Cristina, y ganando con un registro (2h.08m.57s.) de gran valor para un debutante con una minusvalía en la mano derecha, secuela de un incendio sufrido cuando era niño.

MINUSVALÍA

El cráneo derecho de Chesum también está marcado por aquel accidente. En el 2012 participó en los Juegos Paralímpicos de Londres, en la prueba de 1.500. Su categoría T46 englobaba entonces a los deportistas amputados y  con alguna minusvalía en las extremidades superiores. A simple vista, tanto el braceo como la zancada de Chesum parecen las de un corredor de larga distancia con clase y mucho recorrido.

   

En el 2015 su discapacidad fue reubicada y Chesum pasó a ser un atleta T47, lo que significa que en unos Juegos Paralímpicos -en Tokio 2020- solo podría participar en 400 metros o en el salto de longitud, las únicas dos pruebas programadas para esta categoría. 

Tom Payn, que supervisaba entonces su entrenamiento, le aconsejó que probara con las distancias más largas. Su manager, Peter McHugh, le acogió en su “Runfast Training Camp” de Iten. Ningún otro representante mostró interés por él. “Nuestra filosofía es facilitar el desarrollo de la carrera deportiva de los atletas más allá de su condición o aptitudes. Jonah es una bellísima persona y para nosotros es lo más importante”, asegura McHugh, un empresario británico apasionado por el 'running', dueño de un establecimiento especializado en material deportivo en plena City londinense.

EXPECTATIVAS SUPERADAS

James Ruskin, asistente de McHugh, consiguió meter a Chesum en algunas pruebas de 10 kilómetros en Gran Bretaña a partir del 2015. En el medio maratón de Cardiff, el exparalímpico superó todas las expectativas con un registro cercano a los 62 minutos. Con el premio, Chesum, de origen Keiyo, se mudó a Itén, a una granja ('shamba' en suajili) minimalista junto a la escuela de Saint Patricks que dirige brother Colm O¿Connel, mentor entre otros de David Rudisha.

La 'shamba' de Chesum abarca un octavo de acre (unos 500 metros cuadrados) y a duras penas daría para alimentar una vaca, el tótem económico y social en el valle del Rift (Kenia). Pero es suficiente para albergar una vivienda mínima de tablas y techo de chapa corrugada en la que convive con su mujer Judith y su bebé de ocho meses Bravin. 

La cocina, alimentada con fuego de leña, forma parte de la vivienda. Separada del habitáculo principal, parece un lujo necesario cuando la familia crece, entre otras cosas por seguridad. 

Los kelenjines están fuertemente ligados a la agricultura y la ganadería como medio de supervivencia. Es inevitable que sea su primera inversión, sobre todo cuando se produce un golpe de suerte como el que protagonizó Jonah Chesum en Barcelona. Una tradición enraizada también en su cultura deportiva a partir de que Jomo Kenyatta, el primer presidente de la excolonia británica, regalara al mítico Kip Keino una buena extensión de terreno cerca de Eldama Ravine, como premio por su medalla de oro en el 1500 de los Juegos de México-68.

SHAMBA FAMILIAR

Una shamba de tamaño familiar no está al alcance de cualquiera. La presión demográfica y la prosperidad repentina de los corredores suben el valor de las tierras de cultivo y el ganado en el África verde. Una vaca de primer parto vale tanto como una frisona de tres meses en la Feria de ganado de Torrelavega. Una novilla a punto de parir pude costar 800 euros en Cantabria y hasta 1.000  en Iten. Una fortuna en un entorno en el que el salario de un maestro ronda los 150 euros al mes. 

Chesum recibió la visita del fisioterapeuta catalán Marc Roig el jueves pasado. Este le preguntó si su primera compra con los 13.000 euros ganados con la maratón iba a ser una vaca, como manda la tradición. “Si, la llamaré Barcelona”, le respondió.

Dependiendo de la raza, Barcelona podrá alimentar a los Chesum de sobra y poner el remanente de leche a la venta diaria. Eso les proporcionaría sus primeros ingresos regulares.

0 Comentarios
cargando