Esplendor sin goles

El Barça no pasó del 0-0 pese a gozar de varias ocasiones en un San Siro con un pésimo césped

Puyol, que realizó otro gran partido, protege el balón ante el acoso de Ibrahimovic.

Puyol, que realizó otro gran partido, protege el balón ante el acoso de Ibrahimovic. / AFP / GIUSEPPE CACACE

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JOAN DOMÉNECH / Milán (enviado especial)

En la pista de patinaje de San Siro, el Barça brilló como si hubiera jugado en un campo de césped. Resbalones y caídas salpicaron un duelo de altos vuelos y provocaron errores que embrutecieron un partido bestial. Extrañamente resbaladizo el terreno después de dos días de sol y calor en Milán, el Barça tuvo que adaptarse a una ciénaga pero ni siquiera así quedó manchada su imagen. Al contrario. En unos cuartos de final de verdad, se expresó en todo su esplendor pero se quedó sin el lustre de los goles. El que manchó fue Abbiati para salir indemne.

El griterío ensordecedor se apagó ante el espectáculo del Holiday on Ice barcelonista, basado como siempre en una colección de pases que solo se interrumpía en la frontal del área milanista. Cualquier recuperación de balón fue jaleado en la grada como si fuera un córner a favor. Pero el equipo de Allegri se fue alejando y alejando de Valdés, hasta perderle de vista salvo en contadas ocasiones. No aprovechó una doble ocasión maravillosa a los dos minutos, en una pérdida de Busquets. A Boateng se le hizo de noche preparando el disparo en la frontal y Robinho mandó a las nubes el rechace del cuerpo de Piqué.

UN REGALO/ El frenesí del encuentro continuó, pero se fue desplazando hasta la otra mitad de campo. El Milan, vestido de blanco en casa, no supo imitar al Madrid cuando el Barça le hace un regalo -ha sucedido un par de veces en el Bernabéu- y luego se vio condenado al mismo papel: defenderse de las embestidas azulgranas, que en lentas oleadas fue avanzando al mando de Xavi, excepcional ante sus homólogos locales. Se adueñó del balón y fue combinando y tirando pases con la paciencia de un orfebre. Solo faltó que marcara Puyol de cabeza en un córner. Lo intentó dos veces.

Pudo decantar el Milan el marcador en el primer tiempo, y pudo decantarlo mucho más el Barça, que gozó de un sinfín de ocasiones. El remate de cada ataque fue deficiente, tal vez por la inseguridad que sentían los jugadores al ver que en cada acción forzada se iban al suelo. Y para encontrar más paralelismos con los partidos de Liga, a Alexis le negaron un penalti al chocar con Abbiati en una falta de estrategia.

MESSI, EL AGLUTINADOR/ En todos los líos provocados en el área del Milan estuvo involucrado Messi, genial en el desborde. A la que interpretó que debía aguantar con el cuerpo las embestidas de Ambrosini, básicamente, y luego las de todas los demás, creó una zozobra que mantuvo en vilo a toda la defensa. Supo atraerlos a todos y provocar espacios que nadie aprovechó: ni Xavi ni Iniesta acertaron en el disparo desde francas posiciones. Keita, el tercer centrocampista, y sustituto de Cesc en la alineación -en la última visita a Milán, Guardiola ya le alineó para reforzar el músculo y la altura-, hizo una labor de mero acompañamiento. Solo irrumpió una vez en una acción de fuera de juego.

'IBRA', ESE NAÚFRAGO/ A Messi se le vio, y Messi acreditó su categoría mundial. ¿Ibrahimovic? Estuvo. Olvidado como un náufrago que ve pasar los barcos a lo lejos, maldiciendo pestes por su papel de mirón, lejos de sus compañeros, y condenado a descolgar balones que bajaban con nieve peleando con Piqué en el cogote, sin un mal tiro que llevarse a la boca. Se entretuvo charlando de vez en cuando con su excompañero, a la espera de que le cayera una pelota para justificar su papel de salvador de un Milan que aún depende del talento de Seedorf (35 años) y de la fuerza alocada de Boateng. Allegri retiró a este último para preservarle. Apenas reapareció el pasado sábado y le necesitará para la vuelta. El técnico retiró a Nesta (36 años) enrampado ya hasta las cejas de tanto achicar agua.

El Barça necesitará, básicamente, traducir el caudal de fútbol en goles. Anoche fue una fuente incesante de la que nadie bebió, y con la boca seca de amargura regresara mañana a Barcelona cuando concluya la huelga general.

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/ Guardiola trató de ponerle remedio colocando en el campo a Tello, uno de los más inspirados en los últimos tiempos en lugar de Iniesta. Luego sacó a Pedro para exprimir el cansancio del Milan. También por una cuestión táctica. El equipo necesitaba abrir el campo para que Messi pudiera encarar solo a dos defensas, no a cuatro. La idea no se consumó porque los milanistas prefirieron quedarse casi todos atrás, consagrados a enseñar su mejor virtud, que es defender y sobrevivir. Lo consiguieron hasta el martes, y San Siro lo celebró.

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