El Tourmalet

El Tourmalet: ellos nunca ven los paisajes

El público anima a los ciclistas de la Vuelta.

El público anima a los ciclistas de la Vuelta. / LA VUELTA / CHARLY LÓPEZ

  • Los ciclistas de la Vuelta desconocen por donde pasan ni saben el nombre de las localidades a las que llegan porque no tienen tiempo de hacer turismo, pero siempre recordarán que el 8 de septiembre de 2022 estuvieron en Piornal porque allí fue donde se enteraron de la muerte de la reina Isabel.

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Sergi López-Egea
Sergi López-Egea

Periodista

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Ellos no ven los paisajes porque van solo fijándose en la rueda trasera de la bici que los precede y muchas veces con la cabeza agachada mirando solo el manillar y viendo asfalto, mucho asfalto, tanto que les sería imposible reconocer la carretera por la que han pasado.

Cuenta Óscar Pereiro, el ganador del Tour de 2006, que una vez le dijo a su director, por aquel entonces Álvaro Pino, que estaba maravillado por las vistas de los Dolomitas. Sucedió en el Giro. ”¿Vistas? Si has mirado el paisaje es que no te has esforzado lo suficiente”, le contestó el técnico gallego con una Vuelta como ciclista en su palmarés.

A los corredores participantes de esta Vuelta que no se les pregunte por el pueblo que han pasado a no ser que hubiese un esprint puntuable y que lo llevasen anotado en la chuleta adhesiva que la mayoría de ellos coloca en la potencia de su manillar.

El viaje en autobús

Y, lo peor, cuando suben al autobús de su equipo, donde pasan muchas horas por los traslados, cuando verdaderamente se podrían entretener viendo los paisajes, o están tan casados que se quedan dormidos o circulan por una autovía donde todo parece igual.

Marc Soler, a quien habría que darle el premio a ciclista más combativo de esta Vuelta, por sus escapadas y por la rabia con la que pedalea para conseguir una victoria, aunque solo haya logrado una, solo recordará que en la Gran Vía de Bilbao levantó los brazos después de una agónica persecución con unos rivales que querían lo mismo que él, gozar de un triunfo.

Porque, aunque se diga, mira por dónde, hoy la etapa será tranquila, ellos no miran lo que les rodea más allá de estar pendiente del público, no sea que algún espectador haga un movimiento extraño cuando pasan por un pueblo, choque con ellos y los tumbe, como ha sucedido en alguna ocasión. Si repasamos lo acontecido en esta Vuelta que circula hacia sus últimas etapas, solo el día que se pasó por el cabo de Gata se rodó con cierta, solo con cierta, tranquilidad, pues por una vez la media estuvo por debajo de los 40 por hora cuando no había cuestas en el trayecto. Y ese día Julian Alaphilippe se fue al suelo, en una muestra de que nunca hay que bajar la guardia porque el susto puede llegar en cualquier momento.

El hotel del día

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Tampoco saben el hotel donde van a dormir ya que de eso se cuidan los masajistas que transportan sus maletas de un lado a otro y son los que les asignan las habitaciones cuyo número ven en unas listas que se cuelgan junto a los ascensores. Sí saben quién es el compañero con el que dormirán, salvo que en su equipo hayan decidido que todos pernocten en habitaciones individuales, como ponen en práctica algunas escuadras por el temor al covid.

Y, por supuesto, nunca olvidarán que un jueves 8 de septiembre estuvieron subiendo al Piornal, pero tampoco por unos paisajes que no vieron o por la intensidad vivida durante la etapa. Se acordarán del lugar en el que estuvieron porque cuando estaban regresando en autobús a Cáceres, que tampoco es que estuviese al lado de la meta, ni mucho menos, conocieron la noticia de la muerte de la reina Isabel. Y eso no lo olvidarán como cuando se le pregunta a cualquier participante que corrió la Vuelta de 2001 en qué ciudad acabó la etapa disputada el 11 de septiembre. Todos dirán casi al unísono el nombre de Gijón porque fue allí donde siguieron por las teles de sus habitaciones de hotel lo que estaba sucediendo en Nueva York tras caer las Torres Gemelas.