El Tourmalet

Crónicas de un pueblo

Belmez, en la provincia de Córdoba, acogió este viernes la salida de la Vuelta, una especie de premio, como una fiesta mayor

Los ciclistas, en el podio de salida de Bélmez.

Los ciclistas, en el podio de salida de Bélmez. / LA VUELTA / CHARLY LÓPEZ

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Sergi López-Egea
Sergi López-Egea

Periodista

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No todos los días sale la Vuelta de tu pueblo e igual hasta es una oportunidad única; el día grande, una fiesta mayor extra en pleno mes de agosto. Grandes y chicos aquí tenemos a los ciclistas y aunque no los podéis tocar este año, sí los podéis ver preparándose para salir y para rodar por las carreteras donde habitualmente circulas con tu coche y hasta con tu bicicleta si te gusta practicar este deporte llamado ciclismo.

Grandes y chicos admirad el castillo de Belmez, del que si se buscan datos en internet se descubre que perteneció a la Orden Militar de Calatrava. Todo preparado, todo adornado en Belmez, porque este viernes es día grande, sale la Vuelta, de lo más importante que ha pasado desde que se construyó el ferrocarril en una época de minas; mucho antes de que se cerrasen maletas y se buscasen otros destinos cuando este pueblo como tantos otros de la provincia de Córdoba comenzó a despoblarse.

A tomar posiciones

Hay que tomar posiciones. Unos madrugan para ubicarse en la valla como si fuera un palco frente al podio de salida. Y otros no olvidan la gorrita y una pequeña sombra para ser de los primeros en ver el paso de los corredores por los 7,2 kilómetros neutralizados, en búsqueda de la carretera nacional y de la ruta hacia Extremadura después de seis días de la ronda española por tierras andaluzas; Almería, Málaga, Jaén y Córdoba, tras un fugaz paso de conexión por Granada.

A los ciclistas los ven los habitantes de Belmez en la distancia y el punto de sombra en la carretera se encuentra sobre un terraplén. Pero es bueno sentarse porque serán unos segundos, pero un par de horas de paciencia viendo pasar coches de equipo, autocares, coches acreditados y hasta la caravana publicitaria, que pese a ser más pequeña que la del Tour, también se deja ver con sus altavoces, su música y hasta algún regalo.

Sin poder ir a los autocares

El acceso de aficionados a la zona de los autocares, el lugar donde antes se podía esperar la salida del ciclista dirigiéndose al punto de partida, ahora es una zona cerrada; en Belmez, como el jueves en Jaén, como en toda la Vuelta, como el año pasado y ojalá que en 2022 todo cambie y esta dichosa pandemia solo sea una pesadilla pero con final.

Se corta la cinta, los corredores se suben a la bici, se escucha el sonido de los pedales automáticos mientras se encajan las zapatillas de los ciclistas, un ‘crack crack’ que retumba a la espera de que Javier Guillén, el director de la Vuelta, ya en el kilómetro cero, ya a las afueras de Belmez, baje la bandera, comience el festival, los ataques y la fuga nuestra de cada día.

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Pasarán por pueblos como Peñarroya-Pueblo Nuevo, el lugar para parar y ver fugaz el paso de los ciclistas que van camino de Villanueva de la Serena, pasando por Cabeza del Buey y Don Benito entre otras localidades.

La ruta alternativa, una carretera que permite a los seguidores de la Vuelta llegar antes que los ciclistas, pasa a pocos kilómetros de Fuente Obejuna, donde todos van a una, y al lado de pueblos como Azuaga, tierra de jamones y cuna de colomenses.