26 oct 2020

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TOMA PAN Y MOJA

Una deglución con vistas

Las calles, con sus nuevas terrazas, son una fiesta para el 'foodie' cotilla

Òscar Broc

Una deglución con vistas

XAVIER GONZALEZ

La proliferación de terrazas improvisadas en Barcelona ha llenado las aceras de conversaciones y carcajadas; la nueva banda sonora local, filtrándose por los intersticios de tu persiana. Las calles, vacías de turismo zombie, se muestran ahora rebosantes de vida… y comida. Para el peatón voyeur, la nueva estampa urbana es un regalo: donde antes había una papelera corroída por micciones caninas, ahora hay mesas llenas de platos, gente comiendo, mascotas esperando que les caiga un trozo de hamburguesa. 

Aunque forzada por la crisis sanitaria, la comida ha salido a las calles a pecho descubierto, descarada, con el pelo agitado por un ventilador industrial, como Beyoncé. Las nuevas terrazas de urgencia, sin parapetos, sin toldos, sin macetas con plantas que protejan al comensal, aparecen en tu camino inopinadamente. Las mesas te muestran los menús del día en un desnudo integral que haría palidecer muchas portadas de 'Charo Medina'. Las angostas calles del Raval son una fiesta para la retina del foodie cotilla; si te das un garbeo por el barrio, tendrás que esquivar gazpachos, carrilleras, pollos tikka masala, ensaladas de quinoa…

Exuberancia gastro 

Siempre he evitado las terrazas, las tripas del restaurante me dan la seguridad de una trinchera en mitad de un ataque con morteros. Pero celebro la exuberancia gastronómica a pie de calle que nos ha traído la nueva normalidad, aunque algunos tengan que cenar con el camión de la basura soplándoles en la nuca. A favor del exhibicionismo en terrazas forzadas, mientras contribuya a la supervivencia del negocio. Eso sí, como esto dure más, tengo miedo de perder el sentido de la realidad y coger una patata frita de la primera mesa que se cruce en mi camino.