Visiones contrapuestas

El futuro de la noche de Barcelona: dónde encajar nuevas discotecas y pubs

  • El sector reclama más licencias al gobierno BComú-PSC, que está dividido sobre esta actividad

  • Las entidades vecinales asumen que "no se puede desterrar las discotecas fuera la ciudad" aunque no encajan en zonas residenciales

Sábado por la noche en la discoteca Sutton, de la calle de Tuset.

Sábado por la noche en la discoteca Sutton, de la calle de Tuset. / ZOWY VOETEN (EPC)

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Patricia Castán
Patricia Castán

Periodista

Especialista en Economía local, comercio, turismo, vivienda, ocio, gastronomía y tendencias urbanas.

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La paulatina pérdida de locales de ocio nocturno en Barcelona (y en su área metropolitana) ha llevado a las patronales del sector a reclamar un plan sobre el modelo de noche que se quiere para la capital catalana, así como cambios normativos que permitan generar nuevas licencias de bares de copas, discotecas y salas de fiesta. El colectivo cree que es la única manera de que sobreviva la actividad regulada de calidad ante el riesgo de que proliferen como alternativa los botellones y fiestas 'low cost'. Desde el ámbito vecinal se apuesta por la integración del ocio en la urbe, pero con una visión estratégica de ciudad para no entrar en conflicto con el derecho al descanso.

Tal y como avanzó EL PERIÓDICO, en las los últimas décadas se estima que han desaparecido unos 125 negocios nocturnos, según datos recabados por la Fecalon y el Gremi d'Empresaris de Discoteques de Barcelona i Província. El sector se ha visto afectado por diversos factores, como los conflictos con vecinos del entorno, la especulación inmobiliaria de los locales, la crisis, los cambios de hábitos, el menor poder adquisitivo de muchos jóvenes, y las normativas municipales, relatan.

Acceso a Opium, en el Front Marítim.

/ ZOWY VOETEN

A resultas de esta situación, durante años se ha visto reducidas las licencias sin que se produzcan compensaciones en términos de aforo. El gobierno de Barcelona no tiene una posición unánime. El área de Promoción Económica que gestionan los socialistas es más favorable a abrir un debate en este sentido, tras varias reuniones con las patronales, que se quejan del maltrato por parte de la de Urbanismo, que depende de los ‘comuns’. “No puede ser que los planes de usos eviten el desarrollo empresarial”, protesta Fernando Martínez, director de Fecalon. Lamenta que la tendencia es a la prohibición y a cierta criminalización del sector, como ya sucedió durante la crisis sanitaria.

Las dos posturas del gobierno bipartito

Fuentes de Urbanismo indican que "el ayuntamiento ha hecho un esfuerzo importante para potenciar las actividades musicales y lúdicas", con la ordenanza para que bares, cafeterías o restaurantes puedan desarrollar actividades culturales de pequeño formato, como música en vivo o artes escénicas", con la idea del "equilibrio de usos". 

Pero en el ámbito de las "actividades de ocio nocturno (discotecas, bares musicales...), una de las prioridades es proteger el día a día y el descanso vecinal", dicen. "La concentración de establecimientos puede provocar ruido nocturno, molestias y efectos negativos para el vecindario", alega el consistorio. Para evitarlo, han elaborado los planes de usos que regulan la implantación, como en el Eixample. Pero defienden que hay ámbitos sin limitaciones que solo dependen de "las licencias pertinentes y los requerimientos necesarios".

El concejal de Turismo e Industrias Creativas, Xavier Marcé (PSC), lleva tres lustros defendiendo (desde distintos cargos) "la integración del ocio en la trama urbana". Ha vivido el desastre de su ubicación en polígonos (caso de Sabadell) y rechaza el 'apartheid' de la diversión juvenil. "Hay que hacer un esfuerzo de adaptación, con nuevas licencias con soluciones técnicas que favorezcan la implantación sin conflicto", defiende. "Los planes de usos han de definir lo que queremos de un barrio, más que lo que no queremos", añade, enfatizando que la cultura de noche está asociada a creatividad, industria musical y talento. "El sector quiere hablar y es momento de alcanzar pactos", dice apuntando a un ocio más "extenso" y con precios que permitan desterrar el botellón.

¿Amparo de administraciones superiores?

Ramon Mas, secretario general del gremio, es contundente al reclamar "valentía" a las administraciones para evitar que la actividad siga menguando. "Si los locales no son propios es difícil la continuidad, porque además las licencias no se pueden mover". Reivindican una "regulación superior" que evite que el urbanismo municipal desemboque en planes de usos que "en teoría se conciben para evitar la concentración de una determinada actividad, pero que lo que hacen es prohibirla directamente". Y recuerda que el problema no solo es juvenil, puesto que también se extinguen las salas de baile para el público sénior, con escasos supervivientes como Imperator.

Muchos bares musicales desaparecieron por la crisis de 2008 y por la tendencia a concentrar actividad en un mismo local (restaurante, copas y club) para evitar desplazamientos en coche. Y conseguir nuevas licencias es una epopeya, dicen los empresarios. Los mismo sucede con los espacios de horarios especiales que recogió en su nuevo catálogo de actividades el Govern, el equivalente a 'afters', cuyas condiciones de implantación son tan complejas que acaban siendo imposibles.

Vecinos: ni polígonos ni en bloques

La opción de sacar el ocio de la ciudad hacia polígonos industriales tampoco parece factible, porque implica problemas de movilidad, siniestralidad y seguridad, como se ha visto en experiencias de otros municipios. Desde la Federació d'Associacións de Veïns de Barcelona (FAVB), Pere Mariner, descarta "echar fuera de la ciudad todo lo que molesta, como la diversión de los jóvenes". La entidad es partidaria de integrarla en la urbe pero tiene muy claro que no puede encajar en entornos "rodeados de vecinos" porque ve "muy difícil" una gestión sin conflictos. "No por los locales sino por el movimiento de entradas y salidas", argumenta, descartando su encaje en Ciutat Vella, el Eixample y áreas de uso residencial.

"No somos negacionistas y creemos que se han de dar alternativas al botellón", prosigue, apuntando a zonas "no aisladas, sino rodeadas de actividades pero sin residentes al lado". Y cita ejemplos como el 22@, puntos de la Zona Franca, nuevos parques urbanos o proximidades de Montjuïc.

Botellódromos

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El sector aún trata de digerir las recomendaciones del síndic de Barcelona, que propuso 'botellódromos' en espacios controlados como alternativa a los botellones espontáneos. Por ahora el consistorio no ha recogido el guante que lanzó la sindicatura, a pesar de que este fenómeno juvenil se disparó en la ciudad cuando la oferta regulada estuvo cerrada por la pandemia, creando problemas de convivencia. Desde Fecasarm, Joaquim Boadas, defiende la tesis que hay un trasvase directo de usuarios del ocio legal "hacia el ilegal con la reducción de la oferta" y que no hay que perder de vista la importancia que este ámbito tiene para el turismo.

Fecalon argumenta que la solución no es culpar a los precios de las bebidas en un local, ciertamente incompatibles con muchos bolsillos juveniles. Afirman que de los 10 euros que cuesta una consumición de media, 3,47 euros son impuestos (el IVA del alcohol, electricidad, tasas municipales...), otros 1,32 son la parte proporcional de los sueldos de los trabajadores, 3,87 sufragan pagos a terceras empresas (alquiler, producto, gestión, seguros...) y 1,35 euros serían el beneficio empresarial real. Según Martínez, la alternativa 'low cost' pasa por perder el control de la actividad, la seguridad y la calidad del espacio.