INICIATIVA COMUNITARIA

9 Barris Acull: dos décadas trabajando la convivencia a golpe de solidaridad

  • El combativo distrito teje a diario una imaginativa red de apoyo para acoger a los vecinos que empezaron a llegar a sus barrios desde todo el mundo en los primeros años 2000

  • Entre sus grandes éxitos está la grabación de un disco conjunto entre los Latin de Roquetes y los Ñetas de la Prospe y la reconciliación vecinal con la mezquita de la calle de Japó

El alma del proyecto, Lourdes Ponce (izquierda), junto a parte del equipo de 9Barris Acull, esta semana en su sede.

El alma del proyecto, Lourdes Ponce (izquierda), junto a parte del equipo de 9Barris Acull, esta semana en su sede. / JORDI OTIX (EPC)

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Helena López
Helena López

Redactora

Especialista en movimientos sociales y vecinales

Escribe desde Barcelona

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Entre los muchos imposibles hechos posible por este peleón grupo de vecinas durante los últimos 20 años, Lourdes Ponce, presidenta de la tribu, destaca el 'Unidos por el flow', disco que grabaron juntos Ñetas y Latin Kings en 2008, después de un laborioso trabajo comunitario. "Había llegado un momento en el que el mensaje criminalizador de las televisiones era tal que las mujeres del barrio estaban sentadas en un banco, veían llegar a un chaval con la gorra y los pantalones caídos y se iban aterrorizadas; sentían verdadero pánico sin que los chicos les hubieran hecho nunca nada, solo con verles", relata. Era a mediados de la primera década de los 2000 y 9 Barris Acull tenía pocos años de vida, pero muy claro cuál era el motivo de su existencia: precisamente evitar ese tipo de situaciones. En paralelo a ese caldo de cultivo, se daba el caso de los que los jóvenes vinculados a los Latin Kings se habían acercado al Kasal de Joves de Roquetes y los Ñetas al de Prosperitat, así que, como es tradición en el distrito, pensaron cómo trabajar en red desde los dos espacios hermanos.

"En realidad, hablabas con las vecinas y el hecho de que los jóvenes de Roquetes se pelearan con los de la Prosperitat había pasado siempre, no era nada nuevo, ¿por qué, entonces, estigmatizábamos a aquellos chavales?", reflexiona Lourdes, cuyo objetivo es siempre demostrar (con razón) que "somos más iguales que distintos". Recuerda también el impresionante concierto que organizaron en las pistas de Via Favència. "Lo teníamos todo organizado para que no se cruzaran. Primero actuaban unos y después los otros para evitar cualquier conflicto, pero al final acabaron juntos en el escenario cantando una canción. Fue espectacular", prosigue emocionada recordando también el pacto que tenían con los Mossos d'Esquadra: les pidieron, por favor, que no se acercaran por allí.

Clase gratuita de castellano en 9 Barris Acull, esta semana.

/ JORDI OTIX

Bastante más reciente, en 2018, 9 Barris Acull jugó otra vez un papel clave en la gestión del conflicto desencadenado tras el anuncio de la apertura de una mezquita en la calle de Japó. Durante un año, la comunidad vinculada a la mezquita sufrió insultos, pintadas islamófobas y caceroladas diarias atizadas por grupos de extrema derecha, y el tejido vecinal del distrito, organizado alrededor de 9 Barris Acull, hizo añicos el tópico de que la clase obrera es reaccionaria, arropó a la mezquita y no solo facilitó que pudiera abrirse, sino que convenció a los indecisos de que lejos de causar problemas, beneficiaba al vecindario.

La guerra por las becas

Estos son solo dos de los cientos de episodios vividos en estas dos décadas de trabajo en red "para fomentar la convivencia y facilitar la incorporación a los barrios de los vecinos y vecinas que proceden de la inmigración", como se presentan. Otro momento que Lourdes recuerda muy bien fue la lucha por las becas. "Durante la época más dura de la crisis la Generalitat recortó las becas y llegó un momento en el que a familias que hasta entonces tenían beca, se la quitaron, y se generó un relato de que era culpa de los nuevos vecinos, que les quitaban las becas. Hicimos mucha pedagogía para hacerles entender que el problema era que el Govern había recortado las becas y que era a ellos a quién teníamos que señalar, no a nuestras vecina empobrecidas", explica enérgica Lourdes.

La asociación, que ofrece de forma regular y gratuita talleres de lengua y conocimiento del entorno, un servicio de acompañamiento jurídico y un punto de acogida e información, funciona gracias a la fuerza del voluntariado, que aporta un 40% de las horas. "Trabajadores tenemos solo tres, y el mes próximo ya no podemos pagarles las nóminas", señala la combativa presidenta de la entidad preocupada.

Aniversario complicado

El Ayuntamiento de Barcelona les ha echado atrás el convenio, que llevan prorrogando desde hace lustros. "Ahora se lo miran todo con lupa antes de firmar nada. Para las subvención nos piden que tengamos un 50% de recursos propios y eso para nosotros es inviable. Aquí todos los servicios que ofrecemos son gratuitos, ¡esa es nuestra esencia!", resume Ro Cuevas, coordinadora de la entidad. Mientras les llega la subvención -que tarde o temprano les tiene que llegar ya que su labor por la comunidad es además de innegable, intachable-, se plantean pagar los 2.400 euros para las nóminas a escote, con una recolecta, siguiendo su máxima de no dejar nunca a nadie atrás.

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Su única (y casi simbólica) fuente propia de ingresos es el 'merchandising' de su actividad estrella, el Festival de Sopes del Món, cuya idea trajo de Francia el añorado Rafa Juncadella. "Al principio cada participante traía su sopa, pero a partir de 2008, cuando con la crisis varias personas nos dijeron que no podían participar porque no les llegaba para llenar la olla, decidimos que a partir de los 20 litros, la entidad pagaría los ingredientes hasta los 50 euros", apunta Carmina Álvarez, técnica de apoyo a la coordinación. Alquilan los fogones y los participantes cocinen allí, en la Via Júlia.

"Vernos cocinar es otra manera de ver que somos más iguales que diferentes", insiste Lourdes. En todo el mundo una sopa necesita agua y fuego. Ahora mismo van por las 60 sopas cada edición. "Hemos tenido desde una sopa belga cocinada por una mujer de aquí que migró muchos años a Bélgica, o una de Rumanía presentada por la asociación de vecinos de la Prospe, propuesta por una socia llegada de allí, pero elaborada entre todos", concluyen con orgullo.

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