COLECTIVOS VULNERABLES

Zineb, la extutelada que celebra la mayoría de edad: "Puedo hacer lo mismo que un hombre"

  • Salió sola de Marruecos con 15 años en búsqueda de una vida mejor y estuvo en un centro en Melilla hasta alcanzar la mayoría de edad

  • Hace siete meses que vive en Barcelona, con una mujer que participa en el programa de acogida de la entidad Punt de Referència

Zineb, hace unos días en Punt de Referència, en el Raval.

Zineb, hace unos días en Punt de Referència, en el Raval. / JORDI OTIX

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Helena López
Helena López

Redactora

Especialista en movimientos sociales y vecinales

Escribe desde Barcelona

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Dejó Marruecos, sola, con apenas 15 años. Tenía claro que si quería conseguir algo "tenía que hacerlo por ella misma". Llegó a Melilla un 8 de marzo, el del 2019, donde vivió en un macrocentro hasta que alcanzó la mayoría de edad y logró volar hasta Barcelona. Explica su historia calentándose las manos con una infusión que, con el rato, ya tiene que estar fría, pero le sirve igual para sostener algo mientras habla con una madurez asombrosa; con un optimismo que es una lección de vida a cada frase. Zineb está tranquila. Vive desde hace unos meses con una familia de acogida gestionada a través de Punt de Referència, entidad que lleva 25 años arropando a jóvenes extutelados sin referentes familiares en el territorio una vez son expulsados del sistema de protección de menores al asumir la mayoría de edad legal.

Todavía le queda un largo camino para alcanzarlo -el primer paso será obtener la ESO, algo que tiene claro que hará-, pero su sueño es ser educadora social para poder compartir su experiencia con las niñas y las chicas que están pasando y pasarán por su situación (o una muy parecida). Para poder devolver a la sociedad lo mucho que muchas "personas buenas" han hecho por ella. "Mi primer consejo para las chicas que cogen este camino [el de migrar solas, muy jóvenes] es que si lo cogieron es para llegar, no para decir no puedo. Porque sí, eres mujer, pero puedes hacer lo que te propongas. Y lo puedes hacer mejor que un hombre. O mejor que cualquier persona que nació con dinero o con una cuchara de oro en la boca", explica emocionada, pero firme.

Pese a lo mucho vivido, la historia de Zineb está marcada por mujeres "buenas" que se cruzaron en su camino y así le gusta explicarlo. De hecho, Punt de Referència, la entidad desde la que habla, nació a partir de la necesidad de un pequeño grupo de personas de buscar alternativas a otras chicas en una situación parecía a la Zineb. “Durante los primeros años de la entidad acogía más a chicos y chicas sin referentes nacidos aquí, pero, con el tiempo, el perfil de las personas extuteladas a las que atendemos ha ido cambiando, adaptándonos a las nuevas realidades”, señala Bàrbara Bort, referente del proyecto Acull de la entidad.

Zineb voló de de Melilla a Barcelona gracias a una primeras mujeres buenas que se acercaron a ella una tarde en un parque. "Me vinieron a buscar ellas a mí, a decirme que me ayudarían para que consiguiera mis papeles", recuerda agradecida. Le faltaban solo dos meses para llegar a la mayoría de edad y, pese a que se había peleado mucho por lograrlos, no había conseguido los papeles y ya se veía en la calle al salir del centro. "Hay gente que tiene algún tío o conoce a alguien, pero yo en Melilla no tenía a absolutamente a nadie, aquellas chicas me salvaron", prosigue la joven. 

Un billete al futuro

Las mujeres que se acercaron a Zineb aquella tarde en aquel parque cambiando el rumbo de su vida formaban parte de Solidary Wheels, asociación sin ánimo de lucro integrada por un grupo de voluntarias que lucha "contra la vulneración de los derechos fundamentales en las fronteras". "No solo me ayudaron con los papeles, sino también a que desde el centro me pagaran el billete a Barcelona, y los primeros 15 días aquí me alojé en casa de una de las chicas, que son ya mis amigas", sigue contando sin soltar la taza.

Y la familia de acogida con que ahora vive es también una mujer, otra, a la que llegó a través de Punt de Referència, donde la acompañaron estas mismas chicas.

Zineb, en Punt de Referència, esta semana.

/ JORDI OTIX

En el poco tiempo que lleva en Barcelona -llegó en verano- ha hecho ya un curso de camarera -ya tiene el título- y está estudiando catalán. El curso que viene empezará la ESO como primer paso para llegar a ser educadora social. "Quiero estudiar para no tener tiempo vacío. Cuando estás estudiando no tienes tiempo de pensar", se sincera. En Melilla estudió peluquería, "lo único que me dejaron". "Yo quiera hacer mecánica, pero no pude, y peluquería también me gustaba", señala.

Cuando llegué a Melilla éramos unas 500 niñas, pero al irme quedaron 40 o menos, porque todas se fueron haciendo mayores y las iban echando, con papeles o sin ellos

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Sobre su paso por el centro de Melilla recuerda que al principio estaba muy lleno. "Había niñas, niños, personas dependientes... En mi sector había unas 500 niñas, pero cuando salí solo éramos 40 o menos, porque todas se fueron haciendo mayores y las iban echando, con papeles o sin papeles", cuenta. Llegó a Melilla en marzo, con el curso a mitad, y no pudo matricularse, y como en agosto cumplió los 16 ya la consideraron mayor y se quedó sin poder matricularse.

Punt de Referència trabaja con jóvenes de entre 18 y 21 años ofreciendo acogidas de nueve meses en casas de familias voluntarias. Hoy por hoy no todas las personas acogidas son extuteladas, también trabajan con jóvenes que llegaron a Catalunya ya con 18 años y nunca pasaron por el sistema de protección. Hacen de cuatro a cinco acogidas por año, y el 25% de estas son a chicas. El año pasado pudieron ampliar el programa hasta llegar a las seis acogidas, priorizando a las mujeres gracias a una subvención "para la reducción de la pobreza y la precariedad de las mujeres" del Ayuntamiento de Barcelona, en el marco de la Estrategia contra al Feminización de la Pobreza y la Precariedad.