Drama en el centro de BCN

La familia fallecida en el incendio de Tetuan pagó 700 euros por vivir en el local ocupado

"Tenía muchas ganas de aprender, estaba descubriendo un mundo nuevo, su vida en la escuela era muy distinta a la de su familia", explican desde el centro escolar al que iba el niño

  • Las trabajadoras sociales que les atendieron denuncian "recursos insuficientes" y afirman que es "flagrante que no se haga nada" para los 209 menores que viven en las mismas condiciones

Mihaita Dragomil, hermano de la mujer fallecida, junto a su pareja y sus dos hijos, en el incendio de la la plaza Tetuan.

Mihaita Dragomil, hermano de la mujer fallecida, junto a su pareja y sus dos hijos, en el incendio de la la plaza Tetuan. / Ferran Nadeu

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Elisenda Colell
Elisenda Colell

Redactora

Especialista en pobreza, migraciones, dependencia, infancia vulnerable, feminismos y LGTBI

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Está la pobreza, está la miseria y está quien, además, se lucra de una situación de exclusión extrema. Violeta, Shaky, y sus hijos, Ikslan y Zhara, que murieron este martes en un incendio en una oficina bancaria ocupada en el Eixample, también eran víctimas de la extorsión a los más débiles. Todo el techo que consiguieron para su familia lo hicieron pagando a otros para vivir en pisos ocupados. Algo "super habitual" entre las personas que viven en el chabolismo, confirman los servicios sociales. Hoy, los profesionales que les atendieron, sus familiares y la escuela a la que iba el niño de 3 años lloran sus muertes. "Tenía toda una vida por delante y creíamos que podíamos revertir su situación dándole oportunidades", explican desde la escuela Santa Anna.

Violeta emigró hasta Barcelona en 2013 junto su marido, y su hermano, Mihaita Dragomil. "En Rumanía no teníamos nada, vinimos a España para trabajar, tener un futuro y ayudar a nuestros padres", cuenta Dragomil. Lo explica entre lágrimas, sacudido por la pérdida de sus dos sobrinos, pero convencido de que hay que recodar la vida de su hermana. "Amaba con locura a sus hijos", explica, destrozado. Ellos siempre habían vivido de la chatarra y en espacios ocupados. Sin papeles, no tenían otra opción para poder ganarse la vida. Y fue en Barcelona cuando conoció a Shaky, un hombre paquistaní que malvivía de la chatarra, por el que dejó a su marido.

Extorsiones por un techo

Formaron una familia y se fueron a vivir a Badalona pagando por un piso que no era suyo, ni de los que les ofrecían el alquiler fraudulento. Cuando les desahuciaron, explica, repitieron la misma operación. Ikslan apenas tenía un año cuando la familia se fue a vivir en un piso de La Mina. "Pagaron 1.000 euros a unos gitanos para un año", comenta. El piso era ocupado, pero no tenían otra opción. En septiembre de 2020 les volvieron a desalojar, y fue entonces cuando entraron a vivir en las antiguas oficinas de Evo Banco en la plaza de Tetuan. Para entrar allí pagaron 700 euros a un hombre de origen rumano, del que hoy ya no se sabe nada. "Ha desaparecido", explica. "Claro que ellos querían vivir en un piso con ventanas, con agua corriente.... pero ya sabían que no tenían ese derecho, no podían ofrecer eso a sus hijos", lamenta.

La extorsión de los más vulnerables a la que se sometió esta familia no es algo nuevo. "Es súper habitual, los que abren estas naves o locales ocupados están infringiendo el Código Penal. Si los locales tienen luz, agua.... suelen pagar bastante más que 700 euros", comentan desde los servicios que atendían a esta y más familias. A veces, explican, incluso las ofertas se hacen cuando las naves, los solares o los locales comerciales ocupados ya tienen orden de desahucio. "Los que viven allí se van, y hacen pagar a otras familias para que vayan a vivir allí, y en dos semanas son expulsados", comentan. Expulsados y, además, sin derecho a ninguna alternativa de vivienda.

Recursos insuficientes

Precisamente estos trabajadores sociales hoy han estallado contra el Ayuntamiento de Barcelona. "Trabajamos con recursos insuficientes", han lamentado en un comunicado. "Es flagrante que no se haga nada para evitar que haya infancia que tenga que vivir en estas condiciones de pobreza, riesgo y exclusión social", han añadido. Y es que estos trabajadores llevan años denunciando la externalización del servicio, que, a día de hoy, atiende a 209 niños en Barcelona que viven en solares, naves o locales ocupados. Unos trabajadores que hoy han entregado un ramo de flores frente a la oficina calcinada, algo que los políticos aún no han hecho, y han roto a llorar al leer la carta que la tutora de P3 de la escuela Santa Anna ha dejado en el memorial improvisado frente a la sucursal calcinada.

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Reuniones con dibujos

"Ayer me dijiste tu nombre, y me dijiste con tus manitas que tenías 3 años", dice la carta. El centro, concertado, decidió acoger al menor este septiembre. "Tenía toda la vida por delante y estábamos entusiasmados de poder revertir su situación, le podíamos dar las oportunidades que sus padres no tuvieron", explican fuentes del centro. Los padres eran analfabetos y apenas hablaban español, pero asistían a todos los encuentros con los maestros. "Nos relacionábamos a través de dibujos", explican en la escuela. Recuerdan que solo falló un día a clase. "Era un niño que tenía muchas ganas de aprender, que todo le sorprendía, la vida en la escuela era muy diferente de lo que vivía en casa o con su familia, estaba descubriendo un nuevo mundo. Tenía un gran camino por delante", señalan en el centro. No pudo ser. Sus pulmones se llenaron de humo, víctima de la pobreza.