La resaca de los incidentes

Desconcierto en Barcelona ante el auge de macrobotellones

  • Expertos opinan sobre los hechos que se han vivido en las aglomeraciones registradas en las noches de la Mercè en Barcelona

  • Algunos creen que la gran concentración de jóvenes responde a un fin de semana peculiar y otros aprecian un cambio en su conducta

Unos jóvenes, el pasado sábado, destrozando mobiliario urbano en la avenida de Maria Cristina.

Unos jóvenes, el pasado sábado, destrozando mobiliario urbano en la avenida de Maria Cristina. / Manu Mitru

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Toni Sust
Toni Sust

Periodista

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Hay varias preguntas sobre los macrobotellones que ha vivido Barcelona durante las noches de las fiestas de la Mercè que no tienen todavía una respuesta clara. ¿Las aglomeraciones de jóvenes de estos días son un nuevo fenómeno o simplemente botellones con una asistencia especialmente elevada?

¿La violencia y la delincuencia registradas son las previsibles en un encuentro de tanta gente o rasgos de una nueva y preocupante era? Expertos y representantes institucionales consultados tienen visiones variadas. Por ahora, las cifras que arroja el fin de semana de los botellones son policiales: 66 detenidos; 19 menores y 47 mayores de edad. Doce de los arrestados han pasado a disposición judicial. Lo que ha quedado claro es que por ahora los hechos han desbordado a las autoridades.José Mansilla, antropólogo y miembro del Observatori d’Antropologia del Conflicte Urbà, considera que lo que ha sucedido tiene poco de extraordinario: “Son las fiestas de la Mercè, la gente tienes ganas de salir. Hizo muy buen tiempo el fin de semana y estamos al final de verano y al principio del curso escolar, a poco de que las restricciones se acaben, y con la sensación de que la pandemia casi ha acabado”.

De ese resumen, Mansilla concluye que lo que ha sucedido no es novedoso ni ilógico: “Una cosa son las concentraciones multitudinarias para hacer botellón. Otra es la violencia, el conflicto, que puede tener dos variables. Una es que haya grupos infiltrados. Otra, que con 40.000 jóvenes es lo normal. Cuando hay grupos grandes de gente, puede pasar cualquier cosa. Ha habido y habrá botellones. La magnitud de los de estos días se deben a causas concretas y no creo que perduren”.

Jóvenes motivados

Rosa Balaguer, directora del Casal d’Infants de Raval e integrante de la federación Entitats Catalanes d’Acció Social (ECAS), considera que existe “una falta de acceso a espacios de ocio accesible y económicamente viable” que afecta a los jóvenes. Balaguer cree que los poderes públicos deberían propiciar zonas de ocio seguras.

La sensación del Casal d’Infants del Raval en los últimos tiempos no es la que algunos plantean estos días, la de que los menores están desmotivados y nada les importa. Al revés. Relata que en este último año se ha disparado entre sus usuarios el interés por acceder a la formación profesional. Y recuerda el contexto de paro y dificultad previo que vive este grupo, al que se han sumado los efectos de la pandemia: “Criminalizamos a los jóvenes por los botellones pero no lo hacemos con otras concentraciones”.

“Para mí no es un fenómeno nuevo, pero tiene algunas condiciones que son atípicas”, afirma Albert Sales, sociólogo y doctor en Criminología: “Hay mucha gente joven que necesita un espacio de relación. Es una evidencia que ahora faltan esos espacios, y no solo por las restricciones sanitarias, los espacios en los que antes se relacionaban han funcionado a medio gas, como la vida en los centros educativos y las universidades”. Sales subraya que los jóvenes llevan dos años de “convivencia intensiva con el núcleo familiar pero con poca relación física con sus compañeros”. “Y llega la Mercè, que durante muchos años ha contado con conciertos multitudinarios que eran un botellón organizado”, concluye.

La vía de Telegram

En cuanto a los hechos delictivos registrados, sostiene: “Con 40.000 personas el control social desaparece, la gente baja la guardia y no hay que olvidar que algunos cometen delitos y el resto son víctimas de esos delitos, por lo tanto culpar a los jóvenes de la delincuencia es una barbaridad. No podemos controlar las actitudes y la manera de funcionar de 40.000 personas. Creo que volverá a haber concentraciones pero no tan numerosas ni necesariamente en los mismos lugares”.  

Sales señala un matiz relevante respecto a situaciones de décadas atrás: “No existía la capacidad actual para convocar a mucha gente en un punto”. Algo que ahora es relativamente sencillo mediante WhatsApp, Telegram y otras redes sociales. El director de los Mossos, Pere Ferrer, se muestra prudente sobre lo sucedido estos días y subraya que es pronto para sacar conclusiones al respecto. Cree que no es una cuestión que deba someterse al debate policial únicamente, ni siquiera de forma prioritaria. “Policialmente, nos tenemos que centrar en los grupos de delincuentes”. Ferrer denunció el domingo que ha habido infiltrados en los botellones que van a delinquir sumergidos en la masa.

“Botellones habíamos tenido, no sé si las redes sociales han ayudado a que sean más masivos. Es un fenómeno al que no estábamos acostumbrados y tampoco acabará en 15 días, puede tener raíces más profundas. Seguramente, necesitamos una aproximación transversal y la visión policial es una más”. Ferrer cree que existe cierta contestación juvenil pero no solo a los Mossos o la Guardia Urbana: “Seguramente, la policía ha perdido autoridad, pero si hablas con profesores de instituto... ¿no harían la misma reflexión?”. Los Mossos, insiste, analizan la situación y actuarán para prever nuevos botellones.

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El agente

Entretanto, un agente que prefiere no revelar su nombre y que ha trabajado este fin de semana, culpa a la clase política, especialmente a la de izquierda: “Para mí esto es consecuencia de años y años de enviar el mensaje de que no tenemos autoridad y de que hacer lo que sea contra la policía no tiene ningún tipo de coste”.