Cara a cara

¿Renovarse o morir? Los quioscos de la ciudad afrontan un futuro incierto

José Antonio Zacarías, un quiosquero 'clásico', y Txema Montero, recién llegado al negocio, exponen sus visiones sobre un oficio icónico de la ciudad.

Combo fotográfico de José Antonio Zacarías (derecha) y Txema Montero.

Combo fotográfico de José Antonio Zacarías (derecha) y Txema Montero. / Álvaro Monge y Ricard Cugat

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Gemma Tramullas
Gemma Tramullas

Periodista

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La crisis de la lectura de prensa en papel y la desaparición del turismo a causa de la pandemia ha reducido el número de quioscos de los más de 400 que poblaban la ciudad en las mejores épocas a los 333 actuales, de los cuales 60 están cerrados. En los últimos años, algunos se han reconvertido para ofrecer productos más adaptados a las nuevas necesidades.

"Lo mejor es el contacto con la gente"

Quiosquero 'clásico'

José Antonio Zacarías.

/ ALVARO MONGE

¿Siempre ha estado en el mismo emplazamiento de la calle Diputación con Casanovas?

El quiosco era de mi suegros y al principio eran solo cuatro maderas. Estaba en la esquina opuesta y cuando los vecinos oían un ¡patapam! era porque un coche se lo había cargado aparcando.

Ha pasado la mayor parte de su vida laboral en poco más de seis metros cuadrados.

Me he arrepentido muchas veces. Antes abríamos diez horas todos los días, pero ahora abro de 7 a 13.30. Por la tarde no hacía nada más que saludar .

Pero aquí sigue.

Estoy en jubilación activa. Si puedo estaré hasta que cumpla los 70 porque la pensión no me da para vivir. Trabajo porque quiero... porque quiero comer.

Pero empezó en los años 80, una buena época.

Entonces el traspaso de un quiosco costaba como un piso, pero ahora no lo quiere nadie. Es un final de etapa. Los jóvenesno compran periódicos y no tengo ni la mitad de publicaciones que vendía. Tengo una sensación de abandono.

¿Qué cabeceras desaparecidas recuerda?

Se compraba mucho el ‘Ciero’ (‘El Noticiero Universal)’ y el ‘Tele/eXprés’, que eran vespertinos. También estaban el ‘Diari de Barcelona’ y los deportivos: el ‘4-2-4’, que fue el primer diario deportivo en catalán con la portada acolor, el ‘Dicen’…

¿Y revistas?

Era la época del destape y teníamos ‘Lib’, ‘Interviú’, ‘Clima’, ‘Penthouse’, ‘Private’... Y cómics como ‘TBO’, ‘Mortadelo’, ‘Superman’ o ‘El llanero solitario’… Es lo que más echo de menos. 

¿Nunca se animó a vender otros objetos?

No. Me ofrecieron casetes y vídeos porno, pero no estaba a gusto. Y he dejado de vender tabaco.

¿Qué es lo mejor de trabajar en un quiosco?

Lo único positivo es el contacto con la gente. Hay quien, en lugar de ir a misa, viene a confesarse aquí. Con algunos aprendes mucho.  

¿Por qué todos los quioscos tienen que ser iguales?

Quiosquero 'queer'

Txema Montero e Iván Jiménez, propietarios del Odd Kiosk.

/ RICARD CUGAT

¿Era cliente habitual de los quioscos?

No, a mí me interesaban las publicaciones de arquitectura y de moda que no están en los quioscos y las noticias las leo por el móvil.

Y_como arquitecto, ¿le interesaban ?

Eso sí. Iván (a la derecha en la foto) y yo queríamos llevar las teorías ‘queer’ y los valores inclusivos que nos representan a la calle y un quiosco es ideal._La sociedad va camino de la diferenciación y de valorar a cada persona por lo que es. ¿Por qué todos los quioscos tienen que ser iguales?

Pero siguen vendiendo prensa tradicional.

No olvidamos lo que somos, pero tampoco de dónde venimos. Vienen muchos jóvenes a comprar revistas de moda, género, sexo o sostenibilidad, pero nos gusta seguir dando servicio a los mayores. Aquí se crean sinergias muy interesantes.

Es lo que tiene estar a pie de calle.

El urbanismo rompe barreras. La arquitectura no es solo construir una casa. Las conversaciones que se construyen alrededor del quiosco también son arquitectura.

Abrieron hace cinco meses en la calle València, ¿cómo les ha recibido el barrio?

Ha sido increíble. Yo tenía un poco de miedo de que no se entendiera la idea, pero he aprendido que, cuando las cosas se hacen con amor, la gente siempre te lo devuelve.

No solo venden prensa y revistas.

Tenemos tres líneas de trabajo: revistas y arte, café y ‘snacks’ y complementos como libros y fanzines. Vendemos café para llevar, que no es indispensable pero ayuda. El porcentaje de la venta de diarios es bajísimo.

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Han mantenido el diseño clásico del quiosco .

Es el quiosco de siempre, que es único de Barcelona. Solo hemos puesto una nevera y lo hemos pintado de rosa clarito. Pero no es un quiosco gay. La teoría ‘queer’ pretende desnormativizar y tenemos que empezar a prescindir de etiquetas.