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A 200 METROS DE LAS PLAYAS

Los arrecifes instalados en el litoral de Barcelona permiten el regreso de 300 especies

Las estructuras fueron instaladas en el 2003 con el objetivo de recuperar la biodiversidad marina destruida tras décadas de vertidos

Luis Benavides

Cangrejo ermitaño.   / Ana Sánchez

El fondo marino del litoral de Barcelona sigue recuperando una biodiversidad perdida durante décadas de vertidos controlados. Los buceadores más veteranos nunca antes han visto tantas especies juntas a escasos 200 metros de las playas de la ciudad. Los responsables de este feliz regreso son 365 estructuras artificiales de hormigón que, apiladas en cinco áreas, situadas entre la playa de Sant Sebastià y el espigón de Bac de Roda, funcionan como arrecifes. Es decir, estos bloques que ocupan unos 11 kilómetros cuadrados sirven como hábitat para numerosas especies marinas, principalmente algas, peces e invertebrados.

Estos refugios para los organismos vivos del ecosistema marino fueron instalados en el 2003 –en el marco del Fòrum de les Cultures de Barcelona- por el gobierno municipal encabezado por el socialista Joan Clos con el objetivo de impulsar la calidad de los fondos marinos de la capital catalana, que entonces ya pedía a gritos una actuación tras años y años tragando desechos.

Buena parte de la flora y fauna autóctona ha reaparecido 16 años después dejando atrás una degradación ambiental provocada por las viejas infraestructuras de saneamiento, que entonces “vertían los productos de la depuración incompleta de aguas urbanas e industriales al mar”, explican fuentes municipales. La mejora del sistema de saneamiento a partir de la remodelación de la depuradora del Besòs con la implantación del tratamiento biológico, la eliminación del vertido de fangos de depuradora y otras medidas como la construcción de los depósitos pluviales permitieron mejorar la calidad del agua, una fase previa necesaria para poner en marcha el bautizado como Parc dels Esculls (Parque de los Arrecifes, en catalán).

Preservación fuera del zoo

El Zoo de Barcelona, a través de su fundación, ha hecho el seguimiento científico y técnico de este proyecto de recuperación de la biodiversidad marina por encargo del consistorio y en colaboración con otras instituciones como el CSIC y varias universidades catalanas. Se trata de obtener datos del estado de las estructuras, de su la colonización y de la evolución de las comunidades pesqueras y marinas. “Esto es una demostración muy clara de que el Zoo de Barcelona ya no es el que todos tenemos en la cabeza probablemente; de hecho, ha salido del zoo y preserva especies tanto dentro de sus instalaciones como fuera”, ha subrayado la tercera teniente de alcaldía del ayuntamiento, Laia Bonet, durante un encuentro con periodistas.  

Bonet ha destacado el papel sensibilizador de la Fundació Barcelona Zoo a través de exposiciones, actividades educativas, proyecciones multimedia y divulgación de artículos científicos con este parque de arrecifes artificiales como protagonista. El próximo paso será la creación del Centre de Conservació de la Biodiversitat Marina, que velará por la preservación y conservación de especies, algunas de ellas amenazadas, y potenciará su función educativa.

Refugios subacuáticos

Donde antes había “la misma vida que en una cloaca”, asegura el biólogo Sito Alarcón, director del Zoo de Barcelona, ahora han vuelto “más de 300 especies” entre las que destacan la doncella, la castañuela, el dentón común, el mero, la brótola de roca, el reyezuelo y el roncador. “Cuando hacías inmersión el dedo se hundía en el fango y ahora hay moluscos y peces”, recuerda el responsable del zoológico de la capital catalana, quien destaca la proliferación de nudibranquios, una especie que requiere aguas limpias para sobrevivir.  “Esto es un indicador de que las condiciones ambientales han mejorado muchísimo”, ha celebrado el biólogo.

Los bloques con huecos distribuidos por el litoral favorecen la diversidad biológica y protegen a los organismos vivos de la pesca, totalmente prohibida en la zona. Pep Hurtado, responsable de Estrategia del Zoo de Barcelona, explica cómo ha sido el regreso de estas especies cuya desaparición silenciosa preocupaba a los expertos: “Cuando colocas una superficie en el fondo del mar, como la mayoría de las especies se reproducen con formas planctónicas, huevos y larvas plactónicas, cuando encuentran una superficie donde fijarse, desarrollan su forma adulta. La introducción de estas superficies de hormigón, que tiene la misma capacidad de fijación que una roca, enseguida es colonizada por estas formas plactónicas que encuentran un lugar donde fijarse y desarrollar su fase adulta”, explica Hurtado. 

Para los responsables del Zoo, los arrecifes artificiales cumplen otras muy valiosas funciones. Entre otras, tienen la función de biofiltro, porque favorecen la instalación de organismos capaces de depurar el agua. “También tienen una función educativa, porque hay instalaciones municipales donde se explica la ecología y la sostenibilidad del litoral de Barcelona, y una función pesquera, porque las especies de interés comercial tienen este refugio y cuando se dispersan pueden ser pescados por los pescadores profesionales”, ha añadido Hurtado.