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BARCELONEANDO

Arrecife para Nemos urbanitas

Estás a apenas 200 metros de la costa, donde un submarinista solo va mentalizado para encontrarse alguna bomba. En este oasis bajo el mar han contado hasta 300 especies en lo que das cinco aleteos

Ana Sánchez

Inmersión en el arrecife artificial frente el espigón de la Mar Bella.  / ANA SÁNCHEZ

Dirías que es una alucinación. Como cuando ves un barco hundido o un posible pacto entre PSOE y Unidas Podemos. Te sumerges en medio de la nada submarina y aparece de golpe –¡bluf!- un arrecife de hormigón. Van y vienen pececillos con prisa de ciudad. Un cangrejo te mira con pinta de echarse a cantar. Aquí han contado hasta 300 especies en lo que das cinco aleteos. Disney te monta una película con menos. 

Arrecife para Nemos urbanitas. Estás a apenas 200 metros de la costa. Donde un submarinista solo va mentalizado para encontrarse alguna bomba. No, hoy no se verán bombas bajo el mar, aunque sí un torpedo.

Es una visita submarina de prensa. Parece que esta vez se podrá llegar al fondo de la noticia. Exactamente hasta los 18,8 metros. Algún periodista bajará con tabla y lápiz submarinos. “Se quedará en papel mojado”, dirán los puntillosos.

“¿Ya habéis colocado las langostas esas de plástico?”. Típicas bromitas preinmersión mientras el grupo se ajusta el equipo. Es lo que se esperaría uno a tan pocos metros de la orilla: un par de langostas de plástico, alguna criatura con asas, una bomba de la guerra civil. Ahí abajo siempre ha habido un desierto de lodo. Ahora se ven langostasdoradaspulpos, hasta meros juveniles, promete Sito. Es uno de los cinco oasis artificiales que creó el Ayuntamiento hace 16 años a base de hundir bloques de hormigón. Este es el área 1 del arrecife. Cae frente al espigón de la Mar Bella, a 10 minutos en barco del Port Fòrum. Es el único que se permite visitar a los submarinistas.

Una docena de bloques de hormigón reconvertidos en arrecife urbano.  / ANA SÁNCHEZ

La marca que se le ve en la pierna es de un coral de fuego de Australia. 35 años buceando, dice Sito sin aspavientos. Sito Alarcón es el director del Zoo, aunque en cuanto pueda te detallará todas las especies de peces del Besòs. Su currículum incluye la recuperación del río.

Ecosistema marino

Lo de los arrecifes fue idea suya. “¿Qué podemos hacer para mejorar los fondos marinos?”, le preguntó en el 2003 el entonces alcalde Joan Clos. “¿Por qué no ponemos estructuras de hormigón –le respondió él- para generar un ecosistema marino?”. Un equipo de este diario se sumergió un año después para chequear la evolución. Ya vieron langostaslubinaspulposdoradas nécoras, dio fe Luis Mauri con neopreno. Hasta se cruzaron con un pez luna

Cangrejo ermitaño.   / Ana Sánchez

Sito ejerce hoy de guía submarino junto a Pep Hurtado, responsable de Estrategia del Zoo. Parecía que no iba a ser buen día para sumergirse. “Qué buen tiempo se ha quedado”, suelta alguien de repente. Los submarinistas resabiados ponen los ojos en blanco. “Uf, ahora lloverá”, dicen con convicción de vidente. No se habla del tiempo en un barco, añaden, ya tarde, con tono de ley. Y sí, se pondrá a llover en unos minutos.  

Roger Punsola se zambulle antes para inspeccionar la zona. Es el capitán del barco (la Ula de Blaumar). Reaparece en la superficie a los cinco minutos. Hoy hay buena visibilidad.  “¿Me has dejado el té?”, se ríe Sito. Te he dejado el té, las pastas y el gintónic”. Ea, pues al agua. ¿Tenéis todo? Lápiz, cámara, solo faltan un par de esprais para firmar en el hormigón, se ríen los periodistas.

Un torpedo bajo el mar

Cinco metros, 7, a los 12 ya distingues al fondo una docena de bloques de hormigón. ¿Por qué hormigón? “Porque es un material rugoso –explicará luego Sito-. Y eso ayuda a que las larvas del plancton se enganchen muy bien”. Igual que les pasa a los concursantes de Gran hermano cuando se topan con edredones.  

Ya no se ve ni un milímetro gris. Lo han colonizado algasgorgonias, hasta anémonas, estas sin Nemos. 18,8 metros, marca el ordenador de muñeca, 23 grados. Te vas cruzando con pequeños bancos de castañuelas, algunos salmonetessargosbogasdoncellas (ninguna en apuros, a simple vista). Hay que mirar con ojos de biólogo, curiosear entre los huecos con linterna, incluso con lupa. Sito acaba de desenfundar la suya. Bajo ella se ve una especie de micro caracol morado sin concha. Es un nudibranquio. Si se teclea en Google, saldrán miles de bichos de colores espectaculares que parecen sacados de alguna galaxia muy lejana. Criaturas minúsculas –desde 2 milímetros- que los submarinistas con cámara rebuscan con más ahínco que Rastreator comparando seguros. Así bautizarán hoy oficiosamente a este arrecife: “El jardín de los nudibranquios”. “Hay 15 especies de nudis”, calcula Pep.

Ahora es Roger quien hace aspavientos con la linterna. Apunta a una pequeña cueva de hormigón. Ahí dentro se ve un torpedo. No de los de Chiquito. Es como se llama a las rayas eléctricas.

Un torpedo (así se llaman estas rayas eléctricas) escondido en una de las cuevas de hormigón.  / Ana Sánchez

“Hay 300 especies aquí”, insiste Sito ya en tierra. “Las tenemos contabilizadas”, asiente Pep. Un equipo del Zoo baja cada año a hacer seguimiento. “Está desaprovechado como actividad lúdica”, menean la cabeza. Los centros de buceo no suelen venir, no. Se necesita barco –se justifican ellos- y la visibilidad no suele ser buena, dicen. Las salidas urbanas que organizan los clubs salen a pie desde la orilla a los espigones hundidos que hay delante de la playa. También hay vidilla, aseguran: pulpossepias y algún nudi casi a tiro de Coca-Cola-mojito-cerveza-beer.

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