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conflicto de convivencia

Los barrios de Barcelona protestan en la calle por la inseguridad

La Verneda y el Besòs-Maresme claman a diario con caceroladas contra robos, ocupaciones, peleas y drogas

El Tsunami Vecinal que aglutina a numerosos barrios prepara una gran marcha en septiembre

Patricia Castán

Cacerolada en la Rambla de Prim, en la Verneda.

Cacerolada en la Rambla de Prim, en la Verneda.

En lo que va de verano, una noticia tras otra sobre peleas mortales, robos violentos u ocupaciones de inmuebles con fines delictivos han instalado entre los barceloneses la idea de que la ciudad vive una preocupante crisis de seguridad. Pero cuando el problema se vive en primera persona o en el barrio, los ánimos se encienden lo bastante como para salir a la calle (o al balcón) si el ciudadano no percibe una respuesta efectiva de las autoridades. Es lo que ya sucedió en el Raval con los narcopisos y lo que está ocurriendo estos días en la Verneda y el Besòs-Maresme. Los residentes de ambos barrios llevan varios días convocando caceroladas contra la inseguridad en pleno agosto. Dicen sentirse vulnerables y solos. No pueden más.  

A mediodía de ayer, los usuarios del metro se hacían a un lado en un vagón en la estación de Drassanes de la L3, donde un toxicómano subió con una jeringuilla colgada del brazo ensangrentado. Los viajeros se quedaban conmocionados, ante una escena más propia del barrio chino de los años 80. Pero lo que aquí fue un fogonazo de realidad –el regreso de la heroína al circuito de drogas en la ciudad–, en el barrio de Besòs-Maresme es una visión más habitual. Una situación que sumada al auge de ocupaciones en sus fincas ha llevado a los vecinos que siguen en Barcelona en pleno agosto a coger cada noche sus cazuelas y quejarse con estruendo y gritos.

La movilización de la Verneda se inició en sus balcones, donde los residentes iniciaron caceroladas con vistas a una reunión sobre seguridad en el distrito de Sant Martí a la que acudirán mañana martes para discutir cómo está la situación en el barrio y el resultado de las actuales patrullas de policía local y agentes de mediación. Querían mostrar su hastío, y el sábado por la noche incluso salieron a la calle a expresarse, tras un agosto muy caliente en el barrio, donde los propios vecinos (incluso ancianos) han tenido que hacer guardia para frenar los múltiples intentos de ocupación de los bajos (una antigua entidad bancaria) del 240 de la Rambla de Prim.

Desde la trinchera vecinal cuentan que llevan casi un millar de firmas recogidas. «No queremos más ocupaciones como las que ya hay unos metros más allá (de la misma rambla)», relatan, quejosos de los problemas de convivencia y el miedo que esto ocasiona entre las familias. Por no hablar de robos e incivismo, de la degradación que perciben, relatan a este diario.

Movimiento espontáneo

En plena canícula, muchos líderes vecinales están de vacaciones. Pero ello no ha impedido que en el Besòs-Maresme los autóctonos hicieran lo mismo que en el barrio contiguo, pero de forma «espontánea». Su impotencia se empezó a exteriorizar también con un cazo o una sartén, con los que la noche del domingo subieron desde el Fòrum hasta la rambla de Guipúscoa. Ver jeringuillas por el suelo, trapicheos en los pisos usurpados o venta de artículos robados, así como los robos que padecen en la zona en pleno día ha llevado a los residentes a decir basta. 
Las redes sociales han ayudado a difundir la idea de que «sin lucha en la calle nos tendrán siempre olvidados», dicen el la de la asociación del Maresme.

Algunas entidades vecinales de estas zonas que ahora se han rebelado por su cuenta ya se alinearon hace un año en el movimiento Tsunami Vecinal, contra el incivismo y la inseguridad, aglutinando a Gòtic, Casc Antic, Barceloneta, Poble Nou, Vila Olímpica, Poble Sec, Hostafrancs, Maresme-Besòs, Galvany, Carmel o la Plataforma d’Afectats pel Top Manta, entre otros.

Tensión en la Barceloneta

Desde el barrio marinero vuelven a denunciar falta de recursos para afrontar «robos, peleas, persecuciones y tráfico de drogas en plena calle» , apunta Manel Martínez, presidente de la asociación de vecinos de la Barceloneta. Comerciantes y vecinos de la zona alertan de la ocupación de algunos bajos, donde se atrincheran jóvenes magrebís que delinquen en la zona y se hacen fuertes. Hay temor de que el malestar vecinal acabe con algún enfrentamiento grave.

Como Tsunami ya están organizando una gran movilización de ciudad para el próximo septiembre, porque sus males ya son de casi todos, se quejan. Hace un año ya hubo algunas marchas, aunque la sensación de inseguridad no se había adueñado como ahora de la percepción ciudadana -objetiva o no-, tras ocho personas asesinadas en mes y medio, o con 10 detenidos en cuatro robos violentos solo el pasado sábado. 

Más allá de la contundencia de esas cifras, a pie de calle hay temor a las redes de delincuentes que parecen inmunes a la justicia, y aún más a la ola de usurpaciones de viviendas y bajos de edificios, por los problemas de convivencia que ocasionan, como informó este diario la pasada semana. Los vecinos movilizados coinciden al evaluar que la presión en los narcopisos del Raval ha redistribuido ahora los focos. Pero el problema sigue latiendo en el mapa local. 

Batlle prepara sus sesiones con los distritos

El ayuntamiento no ha dado de momento una respuesta inmediata ante las movilizaciones de los barrios de Sant Martí, aparte de la reunión de distrito programada para hoy. Con el primer teniente de alcalde de Prevención y Seguridad, Albert Batlle, recién aterrizado al frente de este ámbito, el consistorio aún no ha podido afrontar las necesidades de cada parte del territorio, más allá de tratar de contener el fenómeno del top manta con un plan de choque este verano.
Fuentes municipales recuerdan que Batlle ha pedido ya convocatorias de los consejos de Prevención y Seguridad de distrito para septiembre. Y el de la Verneda será uno de los casos a abordar, enfatizan. No obstante, las rondas comenzarán el 4 de septiembre en Nou Barris. 
Estos consejos son los órganos de seguridad donde se comparten con las entidades vecinales y del distrito los diagnósticos e información que permitan la participación de cara a mejorar la convivencia. Se intenta que la representación sea lo más amplia posible, e incluya a representantes de los consejos de la mujer y de los mayores de los distritos.