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BARCELONEANDO

Aquí cagarla tiene premio

"Se trata de tocar fondo colectivamente", resumen sus ideólogos. Dos guionistas han convertido la miseria ajena en un 'show': 'La Ruina'. Ignasi Taltavull y Tomàs Fuentes ejercen de Villarejos grabando trapos sucios

Ana Sánchez

Ale cuenta la anécdota ganadora de la última sesión de La Ruina ante los aspavientos de (de izquierda a derecha) Ignasi Taltavull, Tomàs Fuentes y el invitado del jueves pasado, el guionista y diseñador Álex Martínez Vidal.  

Ale cuenta la anécdota ganadora de la última sesión de La Ruina ante los aspavientos de (de izquierda a derecha) Ignasi Taltavull, Tomàs Fuentes y el invitado del jueves pasado, el guionista y diseñador Álex Martínez Vidal.   / FERRAN NADEU

Ale conoció a un chico en un bar. ¿Me pasas una foto?, solía insistir él por Whatsapp. Un poco pesado con el tema. Pero ese día ella se había tomado dos copas de vino. “Me hago una foto y te la mando”, le prometió. Cogió el móvil: pam, pam, pam. Y en todas salía horrible. Y pensó: “Seguramente tengo alguna foto antigua en la que salga bien en casa y cuela”. Empezó a buscar. Y la encontró. Era perfecta: salía en su habitación, delante de un espejo de cuerpo entero. Estaba sonriendo, una vitalidad total. Se ve que había tenido un día increíble. “Esta es la foto. Se la mando”. Él la contestó al momento: “¿En serio?”. “Eso es que está flipando”, se emocionó ella.  “Ja ja ja ja”, le escribió. “¿Encima te ríes? –contestó él-. ¿Me estás vacilando?”. Ella no entendía nada. “¿Qué pasa?, ¿que no te gusta la foto?”. Y él respondió ya en mayúsculas: “CÓMO COJONES ME VA A GUSTAR LA FOTO SI HAY UN TÍO EN TU CAMA”.

Una treintena de espectadores empiezan a aplaudir la miseria ajena como si acabaran de escuchar un bis en un concierto. La de Ale es la anécdota ganadora de la noche. Sí, aquí cagarla tiene premio, como en política. Esto es La Ruina.

Hay quien ha intentado abrir una botella de vino con un martillo. Quien ha tenido un apretón en una cita. “He comido caca”, confesó otro espectador

Resoplas con la misma intensidad que un jubilado al escuchar al PP hablar de pensiones. Sientes una mezcla de asombro, vergüenza ajena, compasión. Comedia pura basada en hechos reales. Hay quien ha intentado abrir una botella de vino en la pica con un martillo. Quien ha tenido un apretón en medio de una cita. A Jaime una panda de malotes le pidió papel -viaje de fin de curso de la ESO, 16 años- y él abrió su maleta y les dio un clínex. “He comido caca”, confesó Roger Rubio, el director de Polònia. Un despiste paternal al cambiar a una de sus hijas. “Sorprendentemente –aclaró al público- huele peor que sabe”.

“Ven y cuenta tu anécdota de más ruina”, incitan por las redes. “El momento en que más vergüenza has pasado, la cagada más grande que has hecho”. Abundan las literales. “Es como una terapia colectiva dirigida por gente sin titulación alguna”, resumen sus ideólogos. “Se trata de tocar fondo colectivamente”.

"Todo el mundo tiene una peor anécdota"

Ejercen de Villarejos grabando trapos sucios Ignasi Taltavull, subdirector de Està passant (TV-3), y Tomàs Fuentes, guionista, entre otros, de La competència (RAC1) y El Mundo Today, humoristas ambos de la productora Versión Definitiva. Hace un par de meses que convirtieron la miseria ajena en un show. “Todo el mundo tiene una peor anécdota”, pensaron. Llevan tres sesiones de La Ruina: jueves sí, jueves no (la próxima, el día 11), en la tienda de humor La Llama (Villarroel, 34). Todas se han llenado. Y siguen avergonzando en diferido vía Youtube podcast.

Si te prestas a contar tus penurias, no pagas entrada (3 euros). “Apelamos a lo ratas que somos”, asiente Tomàs. Los nombres se colocan en papelitos en un bol y los espectadores elegidos van desfilando frente al micro sin pudor.

“Me siento orgullosa de humillarme delante de tanta gente”, se presenta Maru. Es a la que le dio el apretón en medio de una cita. Llevaba detrás de este chico 3 o 4 años, recuerda. Hasta que por fin fue a su casa “a ver una peli”. Se liaron antes, claro, pero ella se empezó a encontrar mal. “Voy un momento al baño”. Se miró en el espejo. “Igual es el amor”, pensó. “Pero voy a cagar por si acaso”. [Ovación del público]. “Si Dios existe –concluyó-, no me quiere”. Resulta que la ventana del baño daba a la habitación donde esperaba el chico.   

“Estamos descubriendo que la gente tiene anécdotas muy divertidas y raras”, dice Ignasi. “Y como las han explicado tantas veces –añade Tomàs-, han ido puliéndolas. Están haciendo el mismo curro de guion que nosotros”.

Vendría a ser el anti-Instagram. “Aquí no hay postureo”, menea la cabeza Ignasi. “En Instagram haces ver que eres guay, pero en el día a día eres estúpido y todo te supera”.

“Yo hago el ridículo 20 veces al día”

Aquí uno se siente más arropado que Abascal en casa de Bertín Osborne. “No venimos a juzgar a nadie”, tranquiliza Ignasi. De hecho, los dos presentadores y un invitado abren cada sesión con sus propias ruinas. “Yo hago el ridículo 20 veces al día”, promete Tomàs. “Todos hemos tomado alguna decisión terrible”.

“A petición de una tercera persona –Ignasi confiesa-, me hice pasar por jugador del Barça B en una escuela de discapacitados. ¿Verdad que no tiene ninguna lógica? Tenía 21 años. Y me he sentido mal desde entonces”.

¿Qué beneficios tiene escuchar miserias ajenas? “No estás solo”, responde Tomàs. “Y reír, sobre todo reírte”. Que nadie se emocione con los premios. Son consecuencia de alguna ruina: de momento han entregado la colonia de Bustamante, vinilos de Tato y Tita y un trofeo de no se sabe qué.

Si alguien se queda con ganas de más, que se pase por el mostrador de La Llama y le pregunte a Abi. Ha discutido hasta con un extraterrestre.

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