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DATOS DE MOVILIDAD DEL 2017

El uso del vehículo privado acumula tres años de subida en Barcelona

El transporte público, con el metro disparado, y la bici crecen muy por encima del coche y la moto

La ciudad se queda muy lejos del objetivo político de reducir el peso del automóvil en un 21% en el 2018

Carlos Márquez Daniel

Coches en Gran Via, cerca de la plaza de Espanya. 

Coches en Gran Via, cerca de la plaza de Espanya.  / JOAN CORTADELLAS

Cada vez son más los que van a pie. Y los que van en bici o cogen el transporte público. Pero también crecen los que apuestan por el vehículo privado, y eso no estaba previsto ni era deseable. La movilidad en Barcelona, conocidos por fin los datos oficiales del 2017, sí, del 2017, vive un pico de cifras que no va en sintonía con lo que se buscaba. Basta un detalle para entenderlo: el plan de movilidad urbana 2013-2018 estimaba una reducción del uso del coche y la moto del 21% en estos años, tomando como referencia los indicadores del 2011. La realidad -no exenta de tropezones políticos- es que ese indicador ha crecido el 0,7% en números totales y que acumula tres años seguidos de incremento, aunque es justo señalar que su peso en el global de movimientos ha decrecido 1,1 puntos porcentuales. ¿Qué interpretación tiene todo esto? ¿Y cómo habrá cambiado la cosa en el 2018 con la eclosión de los patinetes eléctricos?

El informe con los registros, hecho público por el consistorio en estas fechas navideñas, dibuja una lenta tendencia hacia modos de transporte más sostenibles. Metro y bus van disparados por razones más obvias que de conciencia social: hay más oferta de subterráneo que nunca y la red ortogonal de bus parece que convence cada vez más a pesar de mantener varios focos de cabreo vecinal repartidos por toda la ciudad. El número de viajes en transporte público creció entre el 2011 y el 2017 un 5,3% y se prevé que el incremento al cierre del presente ejercicio sea todavía superior. Este lunes se ha conocido el récord histórico de validaciones anuales en el suburbano (400 millones) y el autobús también parece que marcará buenos números, aunque todavía algo alejados de los registros que conseguía TMB antes de la crisis del 2008.

Todo crece

El coche y la moto crecen tanto en los desplazamientos dentro de la ciudad (+0,42% respecto al 2016) como en las entradas y salidas desde el área metropolitana (+0,32%). Es el tercer año con estos indicadores en ascenso. Tomando como base el 2011, para poner en valor ese objetivo de reducir el coche un 21%, la circulación interna en vehículo privado ha crecido un 0,8% y la externa ha subido un ligerísimo 0,05%, aunque en global ha caído 1,3 puntos porcentuales sobre el total de movimientos. En resumen, y conocido el buen dato de bus y metro, el número de personas que recurren a su auto o motocicleta particular se agranda, pero lo hace a mucho mayor ritmo la cifra de hombres y mujeres que buscan vías alternativas, más saludables y amigas del medio ambiente. Esto vendría a demostrar que cuando la administración muscula las redes de transporte público o pone más difícil sacar el coche del garaje dentro del núcleo urbano, la gente suele responder. Ni que sea a la fuerza. En la retina, el año 2020, cuando está previsto que los vehículos más contaminantes (tengan dos o cuatro ruedas) no podrán entrar en el perímetro que dibujan la Ronda Litoral y la Ronda de Dalt.

La bici no para de crecer / JOAN CORTADELLAS

En cuanto a los que van a pie y en bicicleta, el incremento respecto del 2011 es del 8,7% en los desplazamientos internos. Se han disparado sobre todo los ciclistas, que siete años atrás no se medían por separado de los caminantes. En diciembre del 2017 eran ya el 2,6% del total de movimientos dentro de Barcelona, un 32% más que en el 2014. Esa cifra sin duda habrá crecido este año, y será necesario añadirle la nueva legión de patinadores

La contaminación es otro buen indicador del momento, aunque es un fenómeno no solo achacable al tráfico. Respecto al 2016, el año pasado hubo un incremento del 8% en el número de partículas en suspensión de diámetro inferior a 10 micras (PM10), y también aumentó el de NO2 (+7,69%). El nivel de ozono, en cambio, bajó un 4,35%. Si se observan los datos del 2011, el descenso es considerable en todas las tablas.

El consistorio ya trabaja en la redacción del plan de movilidad urbana 2019-2024. Visto el cumplimiento del que todavía está vigente, es probable que se rebajen las pretensiones. Sobre la mesa, asuntos de calado como las supermanzanas (el plan anterior hablaba de más de 500 y no llegamos a la decena), la extensión de la limitación de la velocidad a 30 km/h,  o la posibilidad, por ahora descartada, de implantar un peaje urbano. En cualquier caso, a la nueva movilidad parece que le está costando entrar en la capital catalana. Problemas de congestión.