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transporte público

La red de bus alcanza su cénit con lagunas vecinales por resolver

TMB despliega las últimas cinco líneas de la malla ortogonal en pleno alud de críticas de la oposición

El servicio registra la cifra de usuarios más alta de la década sin resolver la pobre velocidad comercial

El Periódico

Protesta en defensa del 192, el jueves 22 de noviembre, en Poblenou. 

Protesta en defensa del 192, el jueves 22 de noviembre, en Poblenou.  / ÁNGEL GARCÍA

Seis años y dos meses y medio después, Barcelona ha terminado de implantar la red ortogonal de autobuses ideada en tiempos socialistas e iniciada en tiempos convergentes. O eso es lo que cree el gobierno de Ada Colau, porque el invento, la mayor transformación del transporte público en superficie de la historia contemporánea, tiene por delante quejas vecinales que con la cercanía electoral (municipales en mayo del 2019) se han convertido en suculentos dardos políticos. Este lunes se ponen en marcha las últimas cinco líneas. Serán 28 trayectos que cosen toda la ciudad pero que han generado lagunas pendientes de resolver. Todas tienen que ver con la cercanía, el deseo de puerta a puerta y el servicio más de barrio.

Los recorridos que se estrenan son el H2 (avenida de Esplugues-Trinitat Nova), el V1 (Gran Via L'Hospitalet-avenida de Esplugues), el V19 (Barceloneta-Alfons Comín), el V23 (Nova Icària-Can Marcet) y el V25 (Nova Icària-Horta). Para su buen funcionamiento, el consistorio ha impulsado 11 kilómetros de nuevos carriles bus, ha actuado en 237 paradas y adaptado 17 cruces semafóricos.

Reproches en el pleno

El pleno municipal celebrado el pasado viernes dedicó unos 20 minutos a la nueva red de bus. En la grada, vecinos del barrio de Sant Ramon, en Les Corts, que se quejan de la modificación del recorrido del H10 que este lunes les deja sin conexión directa con equipamientos sanitarios. La oposición cargó con dureza contra los ‘comuns’, a los que acusaron de “cargarse una buena idea”, de “ejecutar un plan sin escuchar a los afectados”, de “fracasar de manera estrepitosa” o de “no tener sensibilidad ni empatía”. La concejala de Movilidad, Mercedes Vidal, se defendió apelando a la paciencia, a la necesidad de otorgar al invento “un periodo de adaptación” antes de sacar las tropas. “Ha sido el proceso participativo más intenso de todo el mandato y además estamos resolviendo sus recortes en materia de transporte público”. Se lo decía al PDeCAT, a quienes recordó que ahora se están gastando una millonada en nuevos buses (más de 60) cuando en la etapa de Trias, eso dio a entender, la inversión tuvo un balance final negativo.

Además de Les Corts, otros 20 puntos de la capital catalana han expresado su desagrado con el sistema desde que empezó a implantarse en el inicio de curso del 2012. Los usuarios de la V15 pidieron alargar el recorrido hasta el Hospital Vall d’Hebron, y lo consiguieron. No tuvieron tanta suerte los del V9 al exigir que el bus suba por Ganduxer y no por Calatrava. O los de Sarrià, con la misma línea, al quejarse de que la calle Anglí es una ratonera al pasar de dos a un carril para dejar espacio a TMB. Mal ambiente por las aglomeraciones matinales del H12, por el paso del V5 por Joan Güell que fue muy mal recibido por los comerciantes, por la modificación del H14 a su paso por Diagonal Mar, por la eliminación del 41 que llevaba a los residentes del Eixample hasta plaza de Catalunya.

Mucho por dialogar y debatir, sin olvidar que la red la forman un total de 98 líneas sin que la mayoría de ellas reciba reproche alguno. También viene bien recordar que el número de usuarios es el más alto de los últimos 10 años. Donde hay poca discusión es en la velocidad comercial: por debajo de los 12 kilómetros por hora de media no se puede considerar que el bus sea un medio de transporte eficiente.