El descubrimiento del supermercado

El Archivo de la Fira recupera la historia del primer autoservicio que vieron con pasmo los barceloneses

El 'stand' de Estados Unidos en 1959 causó admiración y largas colas con una copia exacta de un 'super' real

Colas frente al pabellón de Estados Unidos en la Feria de Muestras de 1959.

Colas frente al pabellón de Estados Unidos en la Feria de Muestras de 1959.

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Carles Cols
Carles Cols

Periodista

Especialista en Barcelona, en sus cuatro dimensiones periodísticas, las tres físicas, a lo largo, ancho y alto, y la cuarta, la temporal. Vamos, una gran macedonia de temas.

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“Los Estados Unidos, interesados en presentar cada año en la Feria de Barcelona aquellas innovaciones que suponen para España la máxima actualidad, han acudido al presente certamen con un supermercado modélico, copia exacta de otro existente en una capital estadounidense”. Ocurrió en 1959. El texto (si es leído, se aconseja voz nasal, entonación No-Do) encabezaba el artículo principal del Diario de la Feria de Muestras de Barcelona. El llamado periodo autárquico del franquismo (1939-1959) estaba a punto de llegar a su fin. Pronto vendrían los años del desarrollismo, pero a finales de los años 50 el recuerdo del hambre y la escasez era muy vivo, así que la decisión de la misión comercial de Estados Unidos de mostrar qué y cómo era un supermercado en su pabellón de la Feria de Muestras fue un éxito de público colosal. El “refulgente niquelado” y la “impresionante limpieza” impresionaron al redactor de la noticia, Joaquín Grau. “Resulta impresionante el número y variedad de los productos expuestos”. No es que sea un secreto lo que aquel año sucedió en el recinto ferial de Montjuïc, pero recuerdos así se suelen desvanecer. Por fortuna, tras unos 15 años de paciente trabajo, la Fira ha convertido por fin su enorme almacén de documentos en un archivo perfectamente sistematizado, un gran salto por el que están de enhorabuena los historiadores y los curiosos. Barcelona ha ganado un archivo crucial para entender su historia reciente.

Las ferias de muestras (1920-1991)  han vivido injustamente eclipsadas en la historia local por las exposiciones de 1888 y 1927

La literatura académica ha sido muy exhaustiva hasta ahora con las dos grandes expos de la ciudad, la de 1888 y la de 1929. Tienen incluso su novela, 'La ciudad de los prodigios', con Onofre Bouvila como metáfora de la transformación que ambos magnos acontecimientos supusieron para Barcelona y sus sociedad. Tanto brillan en el pasado de la ciudad esas exposiciones, una universal y la otra internacional, que han eclipsado parcialmente el papel de las sucesivas feria de muestras que, con interrupciones por la guerra, se celebraron entre 1920 y 1991.

DEL DONUT AL CACAOLAT, Y AL BIQUINI DESPUÉS 

Entre una expo y una feria hay una diferencia esencial. La primera es una exhibición del músculo del progreso. Por ejemplo, en la de 1929, Alemania presumió de su Graf Zeppelin, cuyo lento vuelo sobre la ciudad causó una profunda admiración. Las ferias tienen un propósito más comercial. Tienen algo aún del alma de las ferias medievales, pero en el caso de Barcelona, fruto del aislamiento internacional que padeció España tras la segunda guerra mundial, la feria de muestras fue más que un zoco de lo último en llegar al mercado, fue un cordón umbilical con el resto del mundo, una suerte de mirilla en la puerta. Se acentuó, pues, la tradición de ir a la feria de muestras a conocer las novedades que traería el futuro. En 1933 se degustó allí el Cacaolat. En 1956 se saboreó el Donut. Durante años se la conoció como la ‘Feria del Bocadillo’. Para el primer pase de modelos en biquini en España hubo que esperar a 1968 y fue en la feria de muestras. Son detalles cazados al azar de los documentos del archivo, pero ninguno (cuestión de gustos), como el conjunto de textos y fotografías que relatan la admiración que desató aquel primer supermercado.

Aquello fue un 'Belenko experience', Aquello fue un 'Belenko experience', como la de aquel desertor de la URSS que visitó un supermercado y creyó que era un montaje propagandístico

Hay una anécdota estupenda, posterior, de 1976, que ejemplifica a la perfección lo que la visión de un primer supermercado puede conllevar. Le sucedió a Viktor Belenko, en su día famosísimo, un piloto de la URSS que desertó a bordo de su MiG-25, un caza que jamás había sido posible estudiar al otro lado del telón de acero. La CIA interrogó a Belenko durante medio año y, un día, le permitió salir de las instalaciones en las que permanecía recluido. Su primera visita fue a un supermercado del pueblo más cercano. En entrevistas posteriores confesó que estaba convencido de que aquella acumulación de productos en estanterías era un engaño de los servicios secretos, un montaje propagandístico. Tanto le aturdió que sus primeras compras fueron alocadas. Vio un paquete etiquetado como Freedom. Le atrajo la imagen de la guapísima chica del envoltorio. Eran compresas. Compró algo de comida y le pareció deliciosa. Era de gato. Total, que en 1959, miles de barceloneses tuvieron su propia ‘Belenko experience’, aunque bien guiada, de la mano de la feria de muestras.

“Que en lo supermercados se venda comida preparada para animales no quiere decir que estos puedan entrar en ellos”. Los textos de presentación del stand de Estados Unidos eran sutilmente un manual de instrucciones del supermercado. “La práctica ha demostrado que muerden y ensucian los artículos situados en los más bajos estantes”.

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Los niños, en cambio, sí son bien recibidos en un comercio de este tipo, y así se informó a los visitantes. “Los más pequeños pueden ser sentados en un ingenioso espacio particularmente destinado para ellos, existente en las carretillas de mano que se utilizan para ir trasladando los productos que se van cogiendo de las estanterías”. “Un hueco metálico hace que pendan al aire las piernas del niño, con lo que este queda fuertemente asido, sin peligro a caer”. Parecen obviedades, pero los primeros protosupermercados nacieron en Estados Unidos en 1916, tal y como se encargó de explicar en la feria de muestras el exactor de Hollywood y en 1959 embajador en España, John Davis Lodge, así que cinco décadas de avances en esta materia había que explicarlos detenidamente. “Cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia”, sentenció en una ocasión Arthur C. Clarke. Aquel primer supermercado de España tenía uno poco de magia, con sus “sierras eléctricas que deshuesan y cortan la carne” en vez de los “cuchillos, anacrónicos por su lentitud”, y con esas sorprendentes básculas que eliminan el peso del envoltorio, al parecer queja común de los clientes de los colmados barceloneses de la época, que servían las lonchas de embutido con papel cada vez más grueso.

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