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'Ulises', una patología benigna

La Casa de la Paraula celebró con tres días de antelación la obra de James Joyce

RAMÓN VENDRELL

Tenía 3 o 4 años y el momento fue la monda, aunque también motivo de preocupación. La primera vez que M y yo fuimos con nuestro hijo a un fránkfurt (de la cadena El Pibe para más información) el niño pidió «un paraíso». El camarero se quedó a cuadros, papá y mamá se desternillaron y el chavea también se quedó a cuadros. A qué venían el desconcierto y las risas si al fin y al cabo había pedido lo que siempre había oído llamar «un paraíso». A sus padres, a los hermanos Álvarez y a los hermanos Luzzatti. Había pedido un fránkfurt. Convertido en 'un paraís'o en la jerga de unos amigos por la lectura simultánea de 'La conjura de los necios'. El camarero no era por suerte quisquilloso y ahí quedó el 'Baton Rouge', léase situación embarazosa, aunque también puede ser un marrón con todas las de la ley y sobre todo un lugar infernal. Los bocadillos y las bebidas llegaron rápida y correctamente, con lo cual quedó claro que en ese Pibe no regía el 'sistema Ignatius' o práctica de hacer las cosas mal a conciencia. El querido Javi Herrera también entiende el código extraído de la novela de John Kennedy Toole. Acabados los bocadillos y los refrescos conminamos al chavalín a reservar por su bien determinado lenguaje al círculo interno.

Todo esto son bobadas en comparación con el impacto de 'Ulises', de James Joyce, en la vida de algunas personas y en la cultura occidental. «Del mismo modo que todos los angloparlantes hablan Shakespeare, toda la literatura posterior a Joyce escribe Joyce», dice el irlandés Patrick Bohan. Intimida pero también tranquiliza, porque quiere decir que conoces a Joyce sin necesidad de saber en qué ojo llevaba el parche, esto es de haberlo leído.

Bohan conduce el club de lectura de 'Ulises' que se reúne en La Casa de la Paraula y fue el principal impulsor del Bloomsday celebrado en el mismo sitio el sábado pasado. Con tres días de antelación, ya que la conmemoración de la peripecia de Leopold Bloom es el 16 de junio, el día eterno de 1904 en que sucede la obra.

Bohan tuvo su experiencia más íntima con 'Ulises' en el Pirineo francés. Se trataba de familiarizarse con el idioma a cambio de trabajo. Pero fue a parar a una granja montañesa en la que poco podía comunicarse. Sin embargo los tres meses que pasó con un rebaño de cabras le permitieron hacer una inmersión profunda en el libro. Trabajó en el James Joyce Center de Dublín antes de venir por amor a Barcelona. «Joyce era visto casi como un enemigo de Irlanda porque puso al país frente a su parálisis -dice-. Pero con el tiempo terminó por ser adoptado como un héroe popular».

Empezó la velada en La Casa de la Paraula con la proyección de 'The Joycean Society', película de Dora García que documenta los encuentros regulares de un grupo de lectores de 'Finnegans wake'obra de Joyce todavía más intrincada que 'Ulises', en Zurich desde 1985. «Son gente muy agradable, muy culta, muy rara», dijo la directora.

«Dios, cuando empecé podía subir las escaleras corriendo. Pero eso fue en 1988», dice un miembro de la camarilla, mayormente irresistibles carcamales.

Para que te hagas una idea: la palabra pedúnculo ('peduncle' en inglés, idioma en el que 'uncle' significa tío) acaba convertida por esa hermandad obsesiva en tío pedófilo. «De todas las patologías posibles, la nuestra es una de las más benignas», dice otro diseccionador de Joyce.

Gorgonzola para comulgar

El Bloomsday es un fiestón en Dublín. El personal sale a la calle disfrazado de personajes de Ulises, acude a lecturas del texto e interpretaciones de la música que lo surca, pimpla de lo lindo, hace rutas por los lugares referidos en la novela.

El Bloomsday de La Casa de la Paraula continuó con actuaciones musicales ulisianas a cargo de Alba Mur y Joan Miranda y con una entusiasta charla de Joaquim Mallafré, traductor al catalán de Ulises. La única persona caracterizada era Frank MacGabhann. En concreto de Hugh Blazes Boylan, el hombre con el que Molly le es infiel a Leopold. Impecable excepto por las sandalias.

La cita acabó con una merienda cena fetichista: pastel de alcaravea, rebanada de pan con gorgonzola y copa de vino. Extraño plato combinado, mitad Leopold mitad Molly, con el que comulgaron con Ulises.

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