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Lesseps, esa metáfora barcelonesa

Un grupo de personas se manifiestan contra los problemas que causa la masificación turística, ayer, en la plaza de Lesseps.

Un grupo de personas se manifiestan contra los problemas que causa la masificación turística, ayer, en la plaza de Lesseps. / CARLOS MONTAÑÉS

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Carles Cols
Carles Cols

Periodista

Especialista en Barcelona, en sus cuatro dimensiones periodísticas, las tres físicas, a lo largo, ancho y alto, y la cuarta, la temporal. Vamos, una gran macedonia de temas.

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Ala audiencia pública que el alcalde Xavier Trias organizó ayer para debatir sobre Barcelona y el turismo (aunque muy prudente él, prefirió no asistir) se podía ir a favor o en contra. Parece que la ciudad anda dividida sobre esta cuestión como si de muslo o pechuga se tratara. De haber sabido que iría Joan Gaspart, que estaba entre los asistentes, le hubiera pedido acompañarle, aunque solo fuera porque seguro que llevaba una radio en el bolsillo para seguir minuto a minuto el enfrentamiento del Barça contra el Manchester City. Pero, qué se le va a hacer, la cabra tira al monte y todo eso, así que la decisión fue quedar con una de las plataformas vecinales de protesta más en forma, la de los ya escasos residentes del Gòtic, que a animosos no les gana nadie. Semanas atrás se fueron a la Boqueria a molestar con sus carritos de la compra a los turistas. Así están las cosas en Barcelona. El mundo al revés.

La cita es junto a la parada de metro de Liceu. Son las seis. Demasiado tarde, como pronto descubrirán todos ellos. Ya en el suburbano, camino del auditorio de la biblioteca Jaume Fuster de la plaza de Lesseps, se unen al grupo los vecinos de la Barceloneta. Son una veintena, pero hacen el ruido de 100.

Lo dicho. Las seis era mala hora. Al llegar a Lesseps hay una larguísima cola para acceder a una sala cuya capacidad máxima supera por poco las 250 personas. Total, que de inmediato queda claro que esto de la audiencia pública será una perfecta metáfora de lo que, según las voces críticas, le pasa a Barcelona con el turismo, que ha superado su capacidad de carga, que aquí nadie se ha tomado la molestia de hacer aquello tan gracioso a la par que emocionantes que llevan a cabo los ingenieros de caminos para comprobar si su puente está bien construido, llenarlo de camiones y a ver qué pasa.

La acera norte de la plaza de Lesseps está más o menos como Miguel Ángel representó su Juicio final, varios centenares de personas a ver qué hay de lo suyo. Hay pancartas, cómo no, y también un grupito de teatro, muy amateur, nada excepcional, pero le dan un aire de Babilonia a la cosa que no está mal.

Los más puntuales

Hay algo, sin embargo, extraño. Cuesta de entrada apreciarlo. El primer tercio de la cola, el que seguro que entrará, desconcierta. Son todos chicos jóvenes. Llevan unas cartulinas verdes que no aclaran mucho quiénes son. «Anfitriones y vecinos». Eso dice el texto. Si de repente improvisaran un flashmob hasta parecería normal. Pero no. Son el lobi de quienes han hecho del alquiler de sus propios pisos la versión moderna del vivir de rentas. Creen que en la audiencia pública se juegan sus cuartos. Están ahí desde las cinco de la tarde. Por situar las cosas, los dueños de pisos turísticos son la raíz del problema de los vecinos que se quejan porque no pueden dormir, pero también son el rival comercial del lobi hotelero. Un bonito pandemonium es el que hay ahí montado. La capacidad del auditorio de la biblioteca queda en evidencia, es más o menos la de los botes del Titanic. Hay más opiniones que sillas, y las 50 primeras las ocupan quienes han acudido a la audiencia pública como Anastasia en su relación con Grey, a pedir más, aunque duela.

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Si el día y la hora ya parecían inadecuados (¡caray!, un partido de la Champions) la selección de la sala parece un descomunal error de cálculo que, lamentablemente, pagan los conductores que a esas horas vuelven a casa. Un grupo de vecinos de Gràcia corta el tráfico y se lía un colosal atasco.

Es Lesseps, ya saben. De todas las plazas que Barcelona podía dedicarle al padre del canal de Suez, colosal obra de ingeniería, va y le dedica una tan gafada como esta, extenuantemente inacabada desde que se inició su última reforma allá por el año del catapún. Más o menos como el debate de la audiencia pública de ayer. Extenuante. Inacabado.