RECORRIDO POR LA BARCELONA QUE NO ERA DE POSTAL

Tierra para marginados

Castillos convertidos en escuela, curas subversivos y filipinos errantes son parte del pasado del Camp de la Bota

El presidente del Arxiu de La Mina desgrana detalles en un itinerario guiado

Camp de la Bota, 1971 8 En primer plano se ve el barrio del Parapeto; detrás, a la izquierda, el Pekín Nou; y más atrás, los talleres de Renfe.

Camp de la Bota, 1971 8 En primer plano se ve el barrio del Parapeto; detrás, a la izquierda, el Pekín Nou; y más atrás, los talleres de Renfe. / ARXIU HISTÒRIC DE LA MINA I EL CAMP DE LA BOTA

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MAURICIO BERNAL
BARCELONA

No, no: esto aunque lo parezca no es una calle más, y no están los coches estacionados ni circulando, ni los peatones caminan por las aceras, porque en realidad no hay aceras, no hay peatones y no hay coches, porque la Sant Ramon de Penyafort no es calle, es el antiguo Besòs, el río, que por aquí desembocaba antes de que unas inundaciones demenciales dibujaran otro cauce.

De eso hace mucho tiempo, siglos, justamente lo que se remonta Josep Maria Monferrer cuando deja su despacho del Arxiu de la Mina y sale a la calle a hacer sus rutas, a explicar cómo era esto antes, el paisaje. «Precisamente aquí -explica-, al delta del Besòs, fue donde vinieron a parar los pescadores de la Ribera y el Born expulsados en 1714, y donde fundaron el barrio de Sant Pere Pescador». El lugar conservaría en adelante su sino marginal, de hogar de los desposeídos, y años más tarde sería conocido como Camp de la Bota.

«Donde está el edificio azul del Fòrum estaba antiguamente el castillo de las Cuatro Torres, que era desde donde a principios del siglo XX se reprimía el movimiento anarquista y a los obreros revoltosos de las fábricas del Poblenou. El Centro de Convenciones de hoy es lo que era antes los talleres de Renfe, y el viejo Pekín, el barrio de barracas, vendría a estar donde están esas torres de Diagonal Mar».

La gracia es verlo así. Este año no es el año en curso, nada de esto se construyó nunca y jamás se le ganó terreno al mar. No existe La Mina. De vez en cuando pasan los viejos trenes hacia Mataró y por las mañanas la gente sufre con el ruido de los disparos, de los fusilamientos. «Entre 1939 y 1953 fueron fusiladas 1734 personas aquí. Las llevaban al parapeto, que era originalmente un lugar donde se hacían prácticas de tiro».

El parapeto, así, sin mayúsculas, es simplemente una roca junto al mar, pero también es El Parapeto, con mayúsculas, porque uno de los barrios de barracas tomó el nombre de la piedra. Si hoy es un día cualquiera, si son los años 60, si ya los militares no fusilan, si el castillo es ahora escuela, entonces este, de norte a sur, es el insigne Camp de la Bota: la Catalana de Gas, El Parapeto, Pekín y los talleres. Los fines de semana, la gente viene y se hace fotos donde antes caían los muertos.

UN CASTILLO AZUL

«Hubo una época en que convivieron dos pequines, el Pekín Vell y el Pekín Nou. Porque los talleres de Renfe los hicieron en los terrenos del viejo, y durante un tiempo convivieron los restos del barrio, junto a la Renfe, con el núcleo nuevo que germinó más al norte, y que también se llamó Pekín. Pero en 1909 desapareció definitivamente el viejo barrio, cuando los anarquistas quemaron la iglesia».

En realidad, se trata del mismo territorio del antiguo barrio de Sant Pere Pescador, que un día cambió de nombre porque se llenó de filipinos: los que huyeron de su país tras la revolución de 1896. En Barcelona no los querían, y a dónde iban a parar si no a esta tierra para marginados.

El castillo es una escuela, sí; el edificio azul del Fòrum. Los militares se han marchado y han cedido las instalaciones a la iglesia, y del lugar se ha hecho cargo Francesc Botey, sacerdote escolapio. Pero ay, Botey es 'subversivo', y está decidido a gestar una pacífica sublevación social. «Aquello el franquismo lo veía como un cutrerío, jamás pensaron que ahí pudiera germinar nada».

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Hay fotos de los niños recibiendo clase en las celdas del castillo, que son anecdóticas pero bonitas. Lo importante es que la escuela irradia un aire: son los años en que se crean guarderías, lavaderos y baños públicos, el primer dispensario, una escuela de artesanía gitana. «Yo encuentro que eso fue una experiencia única», dice Monferrer. Botey acaba en prisión.

Si esto es una ruta de Monferrer entonces la idea es: aquí, donde está esto, alguna vez hubo esto. Se oye el viejo tren a Mataró. Se oyen los disparos. Los anarquistas queman iglesias. Monferrer se mueve entre todo eso, señala con el dedo, ocurre todo a la vez. Ocurrirá otra vez hoy, cuando se ponga al frente de otra ruta. Será a las diez y media en el Centre Cívic del Besòs. Organiza Barcelona Activa.