INICIATIVA SOCIAL PARA PALIAR LA EXCLUSIÓN

Parroquias de Nou Barris se aúnan para entregar alimentos en un local municipal

En seis meses se ha quedado pequeño y piden un espacio mayor

En el local 8 El voluntario José María Gallardo ayuda a María Dolores Segarra a recoger un lote, el miércoles.

En el local 8 El voluntario José María Gallardo ayuda a María Dolores Segarra a recoger un lote, el miércoles. / FRANCESC CASALS

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ROSA MARI SANZ / BARCELONA

Una mujer pregunta a otra que espera con un carro de la compra en la entrada de un local: "¿Qué han puesto aquí? ¿Ah, otro súper?"La interrogada le responde discretamente y la señora curiosa le da una palmada en la espalda, como a modo de disculpa, o tal vez de solidaridad. La escena se produjo el pasado miércoles por la tarde ante el número 55 de la calle de Selva, enNou Barris, unos bajos que tiempo atrás había ocupado un Día y que desde el pasado junio se utilizan a modo de supermercado para los pobres, ya que allí acuden los vecinos más necesitados a recogeralimentos que canjean por una serie de puntos que les conceden técnicos de Cáritas o de los servicios sociales del distrito por un periodo determinado.

Dentro del local hay decenas de personas, jóvenes, de mediana edad, mayores, inmigrantes, vecinos de siempre... Cada una de las familias, acompañada de un voluntario, va seleccionando los productos que puede llevarse en función de sus puntos y los va metiendo en el carro. Un litro de aceite se canjea por un punto, un paquete de ocho yogures vale medio; un kilo de lentejas, otro medio; una bandeja de carne congelada, uno; dos litros de zumo cuestan dos... Una persona puede tener 12 puntos, una pareja 21 y si hay hijos y en función de la edad van sumando; el máximo son 31 y la entrega es mensual. Con cita previa, para evitar aglomeraciones y que se pueda atender a todos con cierta tranquilidad.

Este establecimiento, en un local alquilado por el ayuntamiento en el barrio de Porta, se creó para aliviar la presión que sufrían las ocho parroquias delarciprestazgo de Trinitat-Roquetes los días de entrega de bolsas de alimentos, cuando se formaban largas colas en la calle y en sus locales el espacio se hizo insuficiente para acumular tantas donaciones. No obstante, el imparable aumento de la necesidad en este distrito, el más pobre, el que tiene las mayores cifras de paro y desahucios de la ciudad, ha hecho que este proyecto se haya quedado pequeño a los pocos meses de ponerse en marcha. Los trabajadores de este supermercado, una docena de voluntarios de las parroquias o de Cáritas Diocesana, la mayoría de ellos jubilados, han pedido al distrito que les facilite un espacio más grande y definitivo, ya que este en principio se cedió provisionalmente a modo de prueba. Y es que, según cuenta el coordinador de este grupo de altruistas vecinos, Joaquín Lafuente, cada mes reciben a 30 familias nuevas. Y ya son 700 las que atienden. Desde Nou Barris, su concejala, Irma Rognoni, asegura estar en ello, aunque no da fecha: "Estamos muy satisfechos de la labor de las entidades, por eso nos hemos implicado en este proyecto. Ahora trabajamos para poder facilitarles lo antes posible un local definitivo".

Este modelo, según cuenta el gerente de Calidad de Vida, Àngel Miret, podría extenderse a otras zonas de la ciudad, ya que mejora la eficiencia de la entrega de alimentos y, sobre todo, la dignifica. Pese a ello, algunas de las familias que acceden al local tragan saliva antes de entrar. No es fácil cuando uno nunca se ha imaginado con la necesidad de pedir algo tan básico como es la comida. Por eso, María Dolores Segarra, cuando entra y en cuanto puede se pone el chaleco naranja, el que la distingue como voluntaria. Y no deja de trabajar, de ordenar las cajas que les han proporcionado en el Banc dels Aliments o los productos que han llevado directamente vecinos al local, de preparar lotes¿ Cuando acaba y hay menos barullo, discretamente, y con la ayuda de un compañero voluntario, se lleva su lote los días que le corresponde.

La satisfacción de ayudar

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A la par que le reconforta y le hace sentirse útil, durante el tiempo que está en el otro lado Segarra se olvida de que lleva más un año sin cobrar el paro, de que no hay manera de que su hijo de 22 años, que vive con ella, encuentre un empleo por precario que sea; de que sus otros dos hijos, ambos con niños pequeños, van tirando como pueden pero asfixiados por sendas hipotecas que para más terror ha avalado ella¿ "Si cae uno caemos todos", explicaba el miércoles. "Al principio me resultaba muy duro venir aquí, pero desde que también colaboro me siento mejor. Me da incluso más satisfacción cuando doy los alimentos que cuando los recibo. El problema es que al salir me vuelve la pena. Esto te destroza la vida", añadía esta mujer de 48 años con experiencia como secretaria en una inmobiliaria, su último empleo, y como cocinera.

"Dramas los que quieras", decía tras escuchar la conversación Lafuente con el semblante emocionado de quien no se acostumbra a ver tantas vidas rotas y sin dejar de trabajar a destajo como si le pareciera poco lo que hace.