23 oct 2020

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un futbolista emblemático

Adiós, pistolero

Luis Suárez ha necesitado seis años para erigirse en el tercer máximo goleador de la historia del Barça, con casi 200 tantos y una Bota de oro como azulgrana

El delantero uruguayo juró que no se repetiría un incidente como el de Chiellini y ha cumplido:solo una expulsión y por dos amarillas

Joan Domènech

Luis Suarez celebra el gol de la victoria durante el partido de Liga de Campeones entre el FC Barcelona y el Inter de Milán 

Luis Suarez celebra el gol de la victoria durante el partido de Liga de Campeones entre el FC Barcelona y el Inter de Milán  / JORDI COTRINA

Le tendieron la mano cuando todo el planeta le estaba lapidando. En verdad, se la mantenían tendida porque habían llegado  a un acuerdo de palabra. Luis Suárez era el sinvergüenza mundial por haber mordido a Giorgio Chiellini ante todo el mundo. Con esta tacha deshonrosa acompañando a la de un implacable goleador, se presentó en Barcelona: 81,25 millones costó al Liverpool el 9 que acompañaría a Messi y Neymar en el Barça.

Eliminado con Uruguay y expulsado del Mundial de Brasil. Así aterrizó Suárez en el 2014. Como un delincuente, castigado con nueve partidos de sanción y cuatro meses de suspensión "sin intervenir en actividades futbolísticas", explicitó la FIFA, al punto de que se prohibió su presentación oficial.

Esas actividades incluían los entrenamientos con la plantilla, con lo que el delantero uruguayo tuvo que prepararse furtivamente utilizando el gimnasio de un hotel de Sitges y corriendo por las montañas del Garraf. La apelación definitiva de la sanción al TAS solo matizó las actividadesle permitieron unirse al grupo y disputar el Gamper. "Me duelen los pies de no usar los botines", confesó Suárez, que había jugado descalzo en la precariedad de Salto, donde nació. "Si rompía las bambas, mi madre me decía que no me compraba otras en dos meses. Las mismas bambas servían para jugar, ir al colegio, salir…".

Por la puerta grande

Ya había firmado el contrato (el 11 de julio) y había pasado la revisión médica en Sant Joan Despí, donde accedió escondido en un coche, de lo que constan algunas fotos hechas con un teléfono móvil. Hasta el 16 de agosto no pudo entrar con la cabeza alta y por la puerta grande en la ciudad deportiva.

Así se va marcha también Suárez después de seis años, con una sensacional aportación que le ha elevado a ser el tercer máximo goleador de la historia azulgrana, a cantar casi 200 goles, a sacar brillo a 13 títulos con la refulgente Bota de Oro que conquistó en la campaña 2015-16, con 40 goles en la Liga (59 en todas las competiciones).

"Me comprometo públicamente a que nunca volverá a ocurrir un incidente como este", aseguró, arrepentido, seis días después de hincar los dientes en el hombro de Chiellini en el Uruguay-Italia. Era el tercer episodio en el que mordía un contrario, tras uno en Holanda (7 partidos le costó en el 2010) y otro en Inglaterra en el 2013 (10 de castigo) tras agredir a Ivanovic en un Chelsea-Liverpool.

Una expulsión 

Ha cumplido el juramento que efectuó al saber que el Barça no se echaba atrás en su fichaje. Solo ha sido expulsado una vez por doble amonestación, en la Copa. Le cayeron dos partidos: uno por las dos tarjetas y otra por no marcharse del banquillo. Otros dos recibió sin haber sido expulsado en una eliminatoria frente al Espanyol. Por decir "sos un desecho" a los jugadores pericos. Más tres partidos (en seis Ligas) por acumulación de tarjetas. Ha cumplido -de eso no había dudas- en entrega y compromiso. Y en goles, naturalmente.

Suárez y el Barça se han dado la mano por última vez. Ahora para despedirse.