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EL CLÁSICO DE GERARD

Káiser Piqué

El central rubricó un majestuoso partido en el Bernabéu, que gobernó dentro y fuera del césped

Marcos López

Piqué frustra el disparo peligroso de Modric justo antes del 0-1 de Rakitic.

Piqué frustra el disparo peligroso de Modric justo antes del 0-1 de Rakitic. / REUTERS / JUAN MEDINA

Poco antes del gol de Rakitic que sembró el pánico en el Bernabéu se vio una jugada decisiva. El Barça pierde el balón. Es, precisamente, el croata, casi más de lateral derecho que de volante diestro, quien ve como Vinicius le roba la pelota junto a la línea de cal.

A partir de ahí, la tormenta madridista. El joven brasileño galopa por la banda izquierda, mientras Piqué, de forma desesperada, intenta frenarlo. Pero Vinicius lo esquiva con un delicado toque, ya con el defensa azulgrana tirado en el césped. Entonces, el Madrid se desboca aprovechando el desconcierto del Barça. Pero no cuenta con que un Kaiser acabará imponiendo su ley en el área de Ter Stegen.

Esa jugada resume, en realidad, lo que es ahora mismo Gerard Piqué, un central imponente. Ya lo ha sido en la última década donde ha coleccionado todos los títulos posibles, tanto en el Barça de Pep Guardiola, Tito Vilanova y Luis Enrique como en la España de Vicente del Bosque.

Jerarquía y dominio del oficio

Pero, a sus 32 años, ha adquirido una jerarquía indiscutible, que le permitió gobernar el clásico en el campo (el Madrid se estrelló contra él y contra Lenglet) y también fuera. Diez segundos más tarde del robo de Vinicius, Modric, ubicado a la altura del punto de penalti, enganchó un venenoso disparo, interceptado por el ‘Káiser Piqué’.

No solo le dio tiempo a llegar al área sino, sobre todo, a interpretar lo que pedía la jugada. Llegó y frustró el disparo del actual Balón de Oro. Detrás de Piqué estaba ya Ter Stegen lanzándose a detener el balón. Pero no hizo falta. En esos 10 segundos, el central ofreció una lección de capacidad de reacción (tras ser burlado por Vinicius), inteligencia futbolística (pudo ir a buscar a Benzema, pero decidió ocupar el espacio vacío) y, sobre todo, demostró un enorme despliegue físico para recuperar el tiempo perdido.

Fusión de moderno + antiguo

A Piqué, como ya es costumbre desde hace muchos años, se le mira y se le critica por muchas y variadas razones, aunque se olvida lo esencial. Es un defensa maravilloso. Un central moderno y ahora cada vez más antiguo. Moderno por su capacidad para iniciar el ataque desde atrás, goleador (suma tres tantos en la Liga y ha regalado una asistencia), resistente (ha jugado todos los minutos, los 2.340 que se llevan) dotado de un fuego interior que le hace superar cualquier problema. Esta temporada, Piqué no empezó siendo Piqué.

"Los que me están esperando, que aprovechen y salgan de la cueva", retó el defensa a los críticos en octubre pasado tras el empate del Barça en Mestalla (1-1). Que salgan ahora porque deberán volver pronto a esa cueva. Ahí siguen porque el defensa ha añadido matices nuevos, pero antiguos a su juego.

Un máster para Lenglet

Diríase que disfruta más que nunca de un despeje aéreo o de un balón robado o de transitar por la cornisa con Benzema persiguiéndolo prácticamente sobre la línea de cal de la portería de Ter Stegen. Ni rastro de vértigo desprendió Gerard en tan peligrosa conducción. Y menos aún en el rostro de Marc-André. Inspira tal confianza Piqué que se siente el verdadero dueño de la defensa.

Más allá de los 10 balones recuperados o de los 14 despejes que hizo en el Bernabéu quedó la sensación de ser el dueño futbolístico y emocional del clásico

Más allá de los 10 balones recuperados, el que más en esa faceta en el Bernabéu, o de los 14 despejes, además de tres remates bloqueados del Madrid (entre ellos el de Modric), el Káiser o Piquenbauer, como también le llamaban, ha heredado códigos defensivos inoculados por el poderoso y tenaz Puyol, su amigo del alma con quien formó una de las mejores parejas de la historia del club.

Ahora es Gerard quien ejerce ese rol con Lenglet, un chico joven (23 años), que vive un máster sobre el delicado rol de central en el Barça cuando tienes, casi por norma, entre 30 y 40 metros a su espalda.  Es una mente inquieta, capaz de idear una nueva Copa Davis de tenis. No olvida su faceta de empresario activo, explorando nuevos negocios deportivos con la compra del Andorra.

Tampoco renuncia Piqué a ser comprometido en la defensa de sus ideas políticas y más cuando pisa Madrid para darle una mayor dimensión mediática a su mensaje. Descansado tras su renuncia a la selección española, el Káiser disfruta por haber dejado, de nuevo, su huella en el Bernabéu. Huella de central verdaderamente único.