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35 AÑOS DE UNA PATADA TERRORIFICA

YouTube contra Goikoetxea

El pasado lunes se cumplió aniversario de la tremenda entrada del bilbaíno que lesionó a Diego Armando Maradona

Frederic Porta

Goikoetxea y Maradona (Camp Nou, 24 de septiembre de 1983) y la tangana desatada en la final de Copa de 1984.

Goikoetxea y Maradona (Camp Nou, 24 de septiembre de 1983) y la tangana desatada en la final de Copa de 1984.

YouTube contra Goikoetxea, como en los grandes duelos pugilísticos de antaño, batallas con leyenda superior a su relato objetivo. El gigante digital de los archivos filmados ofrece hoy imágenes irrefutables ante las que poco queda por rebatir. Salvo que seas el central vasco, persistente en la tozudez que le hace negar todavía, erre que erre, la evidencia de los hechos.

El día de la Mercè de 1983, hace ya 35 años, generó una de aquellas imágenes que se agarran a la retina del aficionado para siempre. Inolvidables como el mejor de los goles, aunque sean reverso de la moneda. Se vivía la cuarta jornada de Liga 84-85 en el Camp Nou, minuto 59 de juego con 2-0 ya de ventaja local en un marcador que terminaría rotundo en su 4-0. Corría un balón suelto en el centro del capo, muy lejos del área y de cualquier atisbo de peligro. Maradona, de espaldas, quiere controlarlo cuando un ciclón rompe contra su pierna izquierda.

La alevosa e injustificable entrada de Andoni Goikoetxea le causa un diagnóstico médico casi de guerra, firmado tras la intervención realizada por el doctor González Adrio: “Maléolo peroneal afectado, desviación del tobillo, arrancamiento de ligamento lateral interno y subluxación de toda la zona”. Dieguito tardará cien días en reaparecer y al central bilbaíno le caerán 18 partidos de suspensión, de los que cumplirá apenas seis. Menotti, a la sazón entrenador culé, lanza una cruda pregunta retórica desde la sala de prensa: “¿Ha de morir alguien para tomar medidas?”.

El central empecinado

Tres décadas después, por mucho que el vídeo siga erizando el vello, Goikoetxea sigue empecinado. El hachazo le persigue y sale en cada entrevista que concede. Hace tres años, en EL PERIÓDICO, aún comentaba, muy metido en el tópico del vizcaíno sobrado, que “Maradona no se murió en aquella entrada”. En la entrevista, blandiendo un vitriólico sentido del humor, se pavoneaba de que el argentino comenzó a ser alguien gracias a él. Como si el arte del argentino necesitara de ese atentado a la razón y al fútbol.

Años antes, cuando se conmemoraba el centenario blaugrana, ambos protagonistas se las tuvieron tiesas en el plató del programa conmemorativo de TV-3, 'Aquest any, cent!'. El defensa niega la evidencia y la negará hasta la tumba.

Pero la memoria colectiva del barcelonismo no olvida esa y otras tropelías. Para empezar, otra acción suya de juzgado de guardia al amparo de San Mamés que, en diciembre de 1981, rompió el ligamento cruzado de un Bernd Schuster que nunca volvería a rendir igual. Eran tiempos en que el alemán comparaba la visita a Bilbao con “ir a la guerra de Corea”.

Arieta contra Kubala

Por mucho que el relato hable de relaciones fraternales entre rojiblancos y blaugranas, existe otro antecedente que los viejos aficionados tampoco olvidan, aquella carga a plena consciencia del local Arieta contra el ídolo Kubala, a quien, también, destrozó los ligamentos en los primeros años 50. Entonces, aún sin sustituciones, Ángel Mur tuvo que inmovilizar la pierna del húngaro con cartones para que pudiera seguir en el campo. Tampoco Kubala volvería a ser quien fue tras tan violento lance.

La mano de Javier Clemente

Volviendo a los 80, los rifirrafes protagonizados por los leones, entonces dirigidos por Javier Clemente, alcanzaron su momento álgido justo terminar la final de Copa del 84, en el mismo césped del Bernabéu. Tras la victoria vasca por 1-0, gol de Endika, ambos contendientes se enzarzaron en una pelea barriobajera, trufada de patadas voladoras, que parecía terapia de calle generada por la mala sangre acumulada tras los episodios de aquellos años.

También está en YouTube aquel partido donde se lanzaron miles de latas de cerveza. Suerte que las vallas frenaban a un público embravecido, muy ebrio o nada sobrio.