Presidenta del puerto de Barcelona

Mercè Conesa, una capitana en tiempos de galernas

  • Como líder de la organización, Conesa se ha centrado en las mejoras en sostenibilidad y de los lazos con la ciudad de Barcelona

Mercè Conesa, presidenta del Port de Barcelona, fotografiada en su despacho en el WTC

Mercè Conesa, presidenta del Port de Barcelona, fotografiada en su despacho en el WTC / Jordi Cotrina

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Eduardo López Alonso
Eduardo López Alonso

Periodista.

Especialista en distribución, comercio, industria, lobis, empresas, farmacéuticas, sector inmobiliario, telecomunicaciones, innovación, logística, infraestructuras, consumo, transporte, energía, sostenibilidad...

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Mercè Conesa (1968) llegó a Port de Barcelona en el 2018 en sustitución de Sixte Cambra, hombre del establishment catalán capaz de adaptarse a marejadas que no se produjeron y quedarse al pairo sin dejarse ver más allá de lo necesario. Aseguran en los mentideros de Port de Barcelona que Cambra estuvo en el puesto de mando llegando bien a destino sin apenas controlar el timón y sin llegar a entender ni de estrategias ni rumbos. En consecuencia, la llegada de Mercè Conesa a la presidencia se interpretó casi como una operación de rescate para una institución de mayor calado que el reconocido, aire fresco de popa y chaqueta tejana. 

Su entrada en el puerto estuvo marcada más por la continuidad que por pasadas por la quilla. Apenas un cambio de secretaria y algún otro trasvase en el área de presidencia. A partir de ese momento se ha ido abordando una progresiva reorganización para aglutinar cargos más por la vía de prejubilaciones que por desembarco de amigos o dolorosos ajustes.

El director general, José Alberto Carbonell, y la subdirectora de organización y recursos internos, Catalina Grimalt, son los responsables técnicos que hacen que las máquinas estén a punto de revisión. La joven Conesa respeta el saber de los veteranos por su papel clave para evitar abordajes inesperados.

Estela visible

La estela de Conesa en el puerto ha sido más visible que con los anteriores presidentes. En las entrañas de la institución, que aglutina a unas 500 empresas y unos 40.000 trabajadores, se pasó de plácidas siestas a sotavento a disfrutar con Conesa de velocidades en ceñida a buen ritmo empresarial, con algunos momentos de planeo, pese a la galerna pandémica del 2020.

Una de las claves del nuevo estilo es que se ha sabido entender las dos vertientes básicas de una infraestructura como el puerto de Barcelona. Por una parte, una eminentemente técnica y por otra, la social o política. Conesa ha afrontado una evolución modesta en el plano técnico y más oxigenante en lo que atañe a la presencia del puerto en el ámbito social. 

El actual cambio político en el Govern podría afectar a la presidencia del puerto ya que es uno de los cargos de designación del Ejecutivo mejor retribuidos. Pero un cambio supondría dejar a medias las reformas emprendidas y poner en riesgo proyectos empresariales que nunca más que ahora han tenido en el norte la vertiente social y ecológica. Conesa, en el PDCAT desde el 2016 y antes de Convergència, fue alcaldesa de Sant Cugat entre el 2010 y el 2018 y presidenta de la Diputació de Barcelona entre el 2015 y el 2018. Con esa experiencia, es plenamente consciente de que su cargo es materia de negociación entre ERC y Junts per Catalunya.

La presidenta ha puesto estos años el foco del puerto en la sostenibilidad y en las relaciones con sus clientes y con Barcelona. Asegura ante sus directivos que "la eficiencia no está reñida con las mejoras logísticas, la reducción de emisiones y el lograr los objetivos de desarrollo sostenible".

La electrificación del puerto es una de sus obsesiones, pero también la mejora de la intermodalidad y mermar el tráfico de camiones para reducir las emisiones contaminantes. También le agrada el plan de afrontar retos tecnológicos relacionados con la digitalización o las telecomunicaciones. 

Su llegada fue capaz de dar la dinamización y socialización suficiente al puerto en sus relaciones con la ciudad y la Zona Franca. Tiene Conesa el perfil comunicativo adecuado abarloado a sus capacidades empresariales,  políticas y negociadoras. "Sabe estar", dicen de ella en todos los departamentos. Y ese "saber estar" es todo menos fácil en un entorno humano de lo más hostil.

Es capitana en un barco de nobles y piratas. Si no eres ingeniero y hombre no tienes mucha credibilidad en el puerto, pero Conesa se ha ganado día a día su prestigio para desenredar maromas de gran calibre. Es mujer de empresa más que mujer política y el consenso apunta a que no ha llegado todavía a los límites de su capacidad de gestión.

"En ocasiones nos mete en líos", reconocen tanto marineros de sentina o del puente de mando de la infraestructura. Como aquellas veces en las que airea planes de singladura ante medios de comunicación cuando todavía se trata de meras estrategias dibujadas o propuestas por técnicos. Pero el resultado es que al comunicar a bote pronto esos planes dinamiza el asunto, los impulsa y obliga a la organización a tomar cartas en el asunto y acelerar el ritmo. Es catalizadora de los cambios.

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La situación actual es delicada. La pandemia ha hecho trizas los presupuestos, el puerto de Valencia ha tomado la delantera en algunos aspectos y, a pesar de todo, Conesa ha logrado siempre levantar los ánimos internos y liderar la situación.

Pero existen asignaturas y exámenes que afrontar. Todavía queda reforzar la plantilla del puerto de Barcelona y repartir la carga, dominada por la testosterona. El 70% de los técnicos y mandos intermedios son hombres y queda mucho por hacer en el plano de incorporar nuevos perfiles profesionales. En el comité de dirección hay 14 hombres y siete mujeres.

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Se ha incrementado la visibilidad pública del puerto pero quedan muchos proyectos y ampliaciones pendientes. La capitana, Conesa, ha enrolado a todos en proyectos sin humo, a la espera de mareas y corrientes propicias.

Defensora de la independencia portuaria

Llegó procedente de la alcaldía de Sant Cugat cuando era bastión convergente para embarcarse en una gran compañía dependiente directamente de los resortes del Estado. Defiende la autonomía portuaria para competir con tarifas más bajas ante los gigantes del norte de Europa y el resto de puertos españoles. Su sonrisa política y energía ayudan en la repleta agenda actos del puerto, infraestructura vital para la recuperación económica.