EMPLEO EN EL MUNDO RURAL

Emprender en la España vaciada

El 80% de la población española vive en el 30% del territorio

"Las ayudas y el apoyo son necesarios para emprender en el medio rural"

Rocío Risco, apicultora; Marta Urieta, ganadera; y Nerea del Río, ganadera y pastora

Rocío Risco, apicultora; Marta Urieta, ganadera; y Nerea del Río, ganadera y pastora / El Periódico

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El 80% de la población española vive en el 30% del territorio, que es donde se concentra la actividad económica. Así, no es extraño que los municipios más pequeños tengan cada vez menos población. Pero son muchos los que quieren seguir viviendo en sus pueblos, e incluso la pandemia del coronavirus ha hecho que se vea la vuelta al campo como una oportunidad de libertad y de distancia social.

“La pandemia ha reactivado el interés por el mundo rural, ha aumentado el empadronamiento en los pueblos y hay mucho movimiento inmobiliario”, asegura Secundino Caso, presidente de la Red Española de Desarrollo Rural (REDR). “Estamos esperanzados, pero ahora toca remar todos juntos y volver a situar al mundo rural en el centro neurálgico de la vida política”, añade. 

Más allá del boom rural por la pandemia, ya había muchos que preferían el pueblo a la ciudad y emprendían para poder llenar de vida las calles de sus localidades. Algunos lo hacían por relevo generacional, otros por ganas de quedarse en su pueblo y los de más allá se habían cansado de las grandes urbes. Marta Urieta, ganadera, nunca había pensado en seguir los pasos de sus padres y hermanos en la granja familiar de porcino en Lécera, un pueblo de 600 habitantes a 60 kilómetros de Zaragoza. De hecho, estudió Administración y Dirección de Empresas (ADE) en la capital y su intención era quedarse ahí, ya que “en el mundo rural no hay tantas posibilidades”. 

Cuando estaba preparando su currículum para mandarlo a todos los sitios posibles, sus hermanos, que estaban ampliando la explotación, le propusieron encargarse de las labores administrativas. “Yo acepté, no me supuso ningún problema, era dedicarme a lo que había estudiado y para beneficio propio. Desarrollo labores administrativas y trabajo en la explotación ganadera como una más”, recalca.

A Nerea del Río, pastora de 600 ovejas en Robladillo de Ucieza (a 50 kilómetros de Palencia), se le cayó Madrid encima. Del Río tenía un contrato indefinido en un comercio minorista, pero con el salario mínimo profesional y cara al público. “No tenía muchas expectativas de trabajar de lo mío (estudió Bellas artes en Salamanca y Marketing en Madrid) y me di cuenta de que estaba echando muchas horas”, comenta. Ante esta situación, su padre le empujó a volver a un pueblo de 27 habitantes.

“Mi abuelo era más reticente a que volviera, porque es muy común la frase de ‘estudia y vete’. No entendía que quisiera volver”, apunta Nerea, pero añade que ahora está muy orgulloso de ella y de cómo ha sacado todo adelante. 

Rocío Risco es otro ejemplo de emprendedora en el mundo rural. Pero ella lo tuvo claro desde el principio y ni salió de Fuenlabrada de los Montes (Badajoz). “Terminé segundo de bachiller y no continué estudiando porque quería seguir con la elaboración de la miel que llevaban mis padres”, asegura. Rocío cogió la empresa familiar junto a su marido, que vivió en Madrid hasta los 19 años, y nunca se han planteado volver. “Al principio fue duro, pero teníamos el apoyo de mis padres y sus conocimientos”, señala la apicultora.

El mundo rural, ¿un paraíso?

Ninguna se arrepiente de la decisión que tomaron. Es más, durante la pandemia reforzaron su opinión de que quedarse en el mundo rural fue acertada. “Yo la pandemia no la he sufrido. El 15 de mayo de 2020 estaba haciendo lo mismo que el año anterior”, explica Nerea del Río. Aunque sí lo ha notado en las ventas, ya que mucha de su producción va destinada a restaurantes. Marta Urieta asegura que tampoco se vio afectada: “En el pueblo gozamos de una calidad de vida mayor que en la ciudad. La pandemia se ha hecho más llevadera”. Por su parte, Rocío Risco tenía miedo a que las ventas se resintiesen por el cierre de fronteras, pero no fue así. 

Sin embargo, la vida en el pueblo tampoco es un camino de rosas. “El trabajo fue genial, pero el problema es el entorno que te rodea”, señala la pastora Nerea del Río y recuerda como el segundo domingo de estar en el pueblo no había un sitio para comprar el pan o lo difícil que fue encontrar piso cuando se trasladó. “Son incomodidades ligadas al mundo rural”, puntualiza subida a una roca para tener cobertura.

El presidente de REDR parafrasea un dicho típico en su pueblo: “Vino alguien al pueblo, a ver si pasa el primer invierno y llega al verano”. Con esta frase, Secundino Caso explica que no todo el mundo aguanta en el medio rural. La distancia, la climatología o la falta de servicios “condicionan tu día a día”. Por ello considera muy importante “acoger al que viene al pueblo, porque los ritmos son diferentes. Muchos vienen con ideas de ciudad y fracasan”, apunta.

Los apoyos y las ayudas necesarias

Nerea del Río deja claro que sin ayudas y sin apoyos emprender en el mundo rural es complicado. Ella obtuvo una subvención de incorporación a la empresa agraria “si no sería imposible emprender en el mundo rural”. Además, forma parte de Ganaderas en Red un grupo nacional de mujeres ganaderas que se dan apoyo. “Sin ellas muchas veces sería muy difícil, porque el apoyo que me dan va desde que están enfermando los corderos y necesito una solución hasta momentos de soledad”, explica Del Río.

Todo aquel que quiera emprender en el mundo rural puede informarse sobre las ayudas que ofrecen tanto gobiernos regionales como diputaciones provinciales o el Gobierno estatal. De esta manera, existen las ayudas por desempleo para convertirse en autónomos; ayudas a jóvenes agricultores; subvenciones para mujeres emprendedoras; financiación para ampliar la empresa…

Secundino Caso explica que en este caso los grupos de acción local hacen una labor esencial, ya que la persona que quiera emprender en el mundo rural puede acceder a ellos donde le informarán cómo se puede financiar y las ayudas a las que optar. El problema para Caso es que muchas veces las ayudas no son flexibles. “Ahora es el usuario el que se adapta a la ayuda, pero tenemos que dar una ayuda adaptándonos a sus necesidades”, puntualiza.

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La esperanza es lo último que se pierde y el mundo rural lo sabe. El coronavirus ha vuelto a poner a los pueblos en el foco. La despoblación es un problema grave en España, por lo que confían que la atracción de gente pueda devolver los servicios y la atención de la que aseguran carecen. “Queremos que la gente venga, que se integre en la vida de los pueblos y que se quede”, concluye Caso.