ENTREVISTA

Luis Camarero: "El medio rural sufre un doble golpe"

"Deberíamos hacer planes de acogida no para los que llegan, sino para los que reciben toda esa diversidad y vitalidad", afirma el catedrático de la UNED, coautor de 'La inmigración dinamiza la España rural'

Luis Camarero, Doctor en Ciencias Políticas y Sociología por la UNED

Luis Camarero, Doctor en Ciencias Políticas y Sociología por la UNED / Adrián Migueláñez

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MONTSERRAT BALDOMÀ

EL PERIÓDICO y Fundación La Caixa dan voz cada semana a los perfiles sociales, culturales y científicos que con su esfuerzo están creando una sociedad con más oportunidades para todos.

Doctor en Ciencias Políticas y Sociología por la UNED, Luis Camarero es coautor, junto con Rosario Sampedro (Universidad de Valladolid), de La inmigración dinamiza la España rural, estudio publicado por el Observatori Social de «La Caixa», que analiza la evolución de la población rural desde principios de siglo y el papel de los nuevos habitantes en la renovación generacional.

-¿La pandemia acelerará o frenará el proceso de recuperación demográfica?

-Difícil saberlo. Los datos del 2017-2018 muestran una recuperación de población extranjera en el mundo rural, pero no quiere decir que éste gane población. El saldo vegetativo es negativo. En estos meses hay personas que han ido a vivir al medio rural, a segundas residencias… Pero en todas las crisis el medio rural ha perdido población.

-¿Cómo logramos que el mundo rural sea atractivo?

-Es atractivo, tanto como puede serlo la ciudad. Es una cuestión personal. Hay quien jamás viviría en Nueva York y quien jamás lo haría en una aldea remota de Galicia. Pero las personas que viven en áreas rurales deben tener acceso a los elementos propios del estado del Bienestar, como sanidad o educación, en igualdad de condiciones que las personas que viven en entornos urbanos. Y ahí hay un desajuste. Hay elementos que caracterizan nuestro desarrollo que hacen que los ciudadanos rurales sean ciudadanos de segunda. También debemos exigir a las empresas que desarrollen una responsabilidad social y no dejen de operar en las áreas rurales. Son ciudadanos de pleno derecho como los de las ciudades.

-¿Somos una sociedad de acogida con los inmigrantes?

-Los consideramos básica y únicamente como personas que vienen a trabajar porque en sus lugares de origen tienen peores condiciones, casi que les hacemos un favor. Incluso les exigimos que tengan un estilo de vida que se parezca lo más posible al nuestro. El problema es que no les reconocemos en su diversidad ni el cosmopolitismo que aportan. Quizás deberíamos pensar en planes de acogida, no para los que llegan, sino especialmente en áreas rurales para las personas que van a recibir ese aporte, esa diversidad y esa vitalidad que trae esa población llegada de lugares remotos.

 "Deberíamos hacer planes de acogida no para los que llegan, sino para los que reciben toda esa diversidad y vitalidad"

-La integración no siempre es fácil. ¿Cómo se combaten los fenómenos racistas?

-A través del reconocimiento del otro y de la puesta en valor de la diversidad. No hay ningún restaurante con varias estrellas Michelin en que los cocineros no pertenezcan al menos a tres continentes distintos. Y eso es valor de marca. Tenemos que hacer valer también la diversidad como valor, la aportación multicultural y nuestra capacidad de desarrollo cosmopolita. Es nuestro mejor antídoto, además de que hace falta política para combatir malas decisiones políticas.

-¿La inmigración es la solución a la España vaciada?

-No es ni solución ni problema. Es una realidad. Estamos en sociedades globales, nuestra movilidad es mayor y las entradas de población son más grandes. El problema de las áreas rurales tiene que ver con nuestro modelo de desarrollo, basado en economías de escala, que nos lleva a concentrar continuamente recursos, capital y mano de obra en lugares muy selectos, en las grandes áreas metropolitanas, olvidando el resto del territorio.

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-El de la España vaciada es un debate guadiana.

-Hay un malestar importante. La crisis sanitaria nos ha dejado muchos temas pendientes en las agendas. Estamos en una situación de un impacto desconocido que genera una demanda de recursos grande. Y las áreas rurales, que siempre han estado en segundo orden, vuelven a la situación de partida. Tenemos muchas regiones donde, en plena emergencia sanitaria, se han cerrado los centros de salud. Porque los recursos, personales y materiales, se han concentrado en núcleos urbanos. Ha habido un doble golpe. Por la crisis sanitaria y por ahondar aún más en la brecha urbano-rural. No deberíamos olvidar la importancia de nuestro país rural, una buena fuente de desarrollo.