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'Coworkings' que revitalizan pueblos

Pequeñas poblaciones de Catalunya impulsan centros de teletrabajo colectivo para atraer a emprendedores y talento

Ayuntamientos y particulares ofrecen espacios tecnológicos baratos o gratuitos para recuperar zonas despobladas

CARMEN JANÉ / BARCELONA

Un grupo de trabajadores en el safari de coworking en Riba-roja.

Un grupo de trabajadores en el safari de coworking de PandoraHub en Riba-roja.  / JOAN REVILLAS

Una pregunta recurrente desde muchas tumbonas estos días es si no sería posible quedarse a vivir (y a trabajar) en el pueblo de veraneo. Lo que hace unos años era un sueño, ahora es ya un plan de vida para muchas personas gracias a internet y a las posibilidades que ofrece el teletrabajo. La clave es trasladar el despacho urbano a un centro de 'coworking' con buenas telecomunicaciones y un entorno profesional atractivo que puede encontrarse ya no solo en las grandes ciudades.

Una decena de municipios rurales en Catalunya están creando espacios de 'coworking' para recuperar población e impulsar económicamente el territorio atrayendo a profesionales emprendedores, tanto con recursos propios como con ayudas de la Unión Europea (proyecto LEADER). Además, profesionales y consultoras ligadas al movimiento de nómadas digitales, como CowocatPandoraHub, Codino o Beonboard, están intentando crear una estructura tipo red que impulse las estancias de trabajo en zonas rurales para quedarse o para reciclarse profesionalmente.

Riba-roja d’Ebre (Ribera d’Ebre) fue donde surgió el primer 'coworking' rural de Catalunya, Zona Líquida, en el 2013, afirma Albert Pujol, técnico del Consell Comarcal y uno de los impulsores de la idea. A orillas del Ebro y con uno de los mayores PIB per cápita de Catalunya gracias a las nucleares y térmicas que hay en su territorio, vivía un drama común a otras zonas rurales: los jóvenes se iban porque no veían futuro y el núcleo urbano se despoblaba. Aún hoy es así. Los carteles que recuerdan al visitante las glorias pasadas de la población (los moriscos, el castillo, la fiesta mayor…) comparten espacio con anuncios de ‘En venta’ y con casas medio derruidas.

El consistorio optó por instalar fibra óptica y ofrecer servicio a sus vecinos. Gracias a ello, el 'coworking' tiene una conexión de 100 mbps que es la envidia de otros centros rurales que han de lidiar con la infraestructura que les permiten las grandes operadoras. Además ofrece la plaza gratuita a quien quiera instalarse en el pueblo, que cuenta con pistas polideportivas, piscinas y un festival de música rock, Riba-rock, impulsado por la británica Sarah Misselbrook y su pareja, también 'coworkers'. Solo piden gente con ganas de emprender o trabajar desde allí.

ALQUILERES QUE ACOMPAÑEN

La misma jugada persiguen en La Granadella (Garrigues), donde todavía dependen de una red wimax mucho menos potente. “Teníamos casi vacío un centro cívico construido en épocas de bonanza. Hemos acondicionado despachos y creado un centro de empresas. Hemos conseguido que gente del pueblo pueda quedarse a trabajar aquí y que otros vengan a poder llevar una vida tranquila, con servicios y proyectos”, explica el alcalde, Carles Gibert, que ha impulsado además alquileres baratos a base de subvencionar las rehabilitaciones de viviendas.

El éxito de las iniciativas se mide con cifras modestas y hay quien critica que se subvencione todo un equipamiento para lograr captar apenas a una decena de profesionales. “Estamos hablando de no perder materia gris, de que no se vayan quienes creen en el municipio”, explica Gibert. “Para mí es un éxito si alguien puede seguir viviendo aquí porque tiene conexión suficiente para teletrabajar. O si alguien no tiene que trabajar en casa y se relaciona con otros trabajadores y les salen proyectos que pueden compartir”, explica Estel Turbau, dinamizadora del 'coworking' de Salines-Bassegoda, que cubre varios municipios del interior del Alt Empordà y Garrotxa.

ESTANCIAS TEMPORALES

Arquitectos, diseñadores, consultores, terapeutas o abogados son algunas de las profesiones más recurrentes en los 'coworkings' rurales. En Salines-Basegoda explican que hay muchas mujeres y familias jóvenes urbanas que buscan otro ambiente para criar a sus hijos. El papel del dinamizador del espacio, como en las ciudades, es clave. “Intentamos también tener mucha relación con otros 'coworkings', y ofrecer a quien trabaja en Barcelona venir aquí a teletrabajar en verano”, explica Juan Antonio Lanzas, dinamizador de Zona Líquida, el espacio de Riba-roja.

También Tona (Osona), Tremp (Pallars Jussà)Les Preses (Garrotxa), Cervera (Segarra) o La Selva del Camp (Baix Ebre) tienen espacios de 'coworking', en su mayoría municipales. En Forallac (Baix Empordà), municipio que engloba a Peratallada, Fonteta y Vulpellac, el éxito ha sido tal que varios emprendedores se han tenido que trasladar a espacios más grandes. "En esta zona hay profesionales que podrían trabajar en casa pero ni se lo plantean porque hay problemas de cobertura de móvil", admite Quim Gudayol, coordinador de Nexes, el 'coworking' de Forallac.

Viajes para plantearse un cambio de vida

Para aquellos que se plantean un cambio de vida y trabajo, la consultora Pandora Hub organiza estancias en 'coworkings' rurales para tomar contacto con otro medio y ayudar a crear nuevos lugares. “Hay profesionales que se reinventan a partir de la reconstrucción de un pueblo, por ejemplo. Llegan quemados, estresados, con ganas de cambiar su vida y ponerse a transformar algo físico, como crear un camino o reconstruir un pajar, les hace reconectar consigo mismos. Algunos vuelven después a la ciudad, otros optan por buscar algo en el campo o en otro lugar”, explica Diana Moret, impulsora de PandoraHub. 

Estos días un grupo de profesionales nómadas participa en un "safari de coworking" que empezó el pasado lunes en Riba-roja y acabará 21 días más tarde en la Costa Brava. Y entre piscina, playas y ordenador, discuten cómo ser más productivos o crear su propia empresa hablando también con emprendedores locales. O cómo convertir los coworkings rurales en parte de la red internacional de nómadas. Una experiencia que ya explora Marcela Fernández, de Beonboard, en América Latina, y Codino, la red de nómadas digitales de Barcelona, en la ciudad.

Uno de los viajeros, Thomas Donnebrinck, consejero de la plataforma Ouishare, va además buscando un espacio en un pueblo. “Un lugar donde crear un entorno sostenible que permita trabajar en remoto y vivir de la naturaleza. Como los monasterios medievales, sin el componente espiritual”, dibuja. Lo discutían estos días con Sarah Misselbrook, artista asentada en Riba-roja, que admite que se enamoró del lugar que encontró "por internet". 

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