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Alerta en Vallvidrera por una curva urbana peligrosa

Los vecinos temen que el giro de la céntrica calle de las Alberes, que conecta el barrio con el Tibidabo genere más accidentes.

La estación, una parada de bus y el tráfico disparan el riesgo

marta ALCÁZAR
BARCELONA

Tres accidentes con heridos desde el 2009, según la Guardia Urbana, y ninguno mortal. Por ello el ayuntamiento no lo considera un punto negro. Pero los vecinos de Vallvidrera temen que haya que lamentar daños más graves. Se trata del tramo de la calle de las Alberes, a la salida de la parada del funicular Vallvidrera Superior, en el que la carretera se transforma en calle en una curva cerrada y sin visibilidad en cuya acera se acumulan decenas de personas, que se suman a los coches y bicicletas que circulan.

Asfalto y aceras en mal estado, una curva que confluye con un paso de peatones y la escasa señalización sobre el peligro de la vía son las principales quejas de los residentes. En el 2012 se produjeron dos accidentes. Un coche atropelló a un viandante y una furgoneta colisionó contra un turismo.  El pasado 31 de marzo este diario publicó la fotografía de un lector que fue testigo del último siniestro con víctimas en el lugar. Un ciclista, que supuestamente bajaba a mayor velocidad de la permitida, se cayó al intentar esquivar a un anciano que cruzaba el paso de peatones. Ambos resultaron heridos, aunque de escasa gravedad.

«Venimos denunciando este problema desde hace años y este último accidente deja en evidencia que el ayuntamiento sigue sin poner soluciones», explica Roser Argemí, de la Associació Mont d'Orsà Veïns de Vallvidrera. Según el ayuntamiento, Barcelona registra una media de 8,595 accidentes al año, por lo que este punto «no puede considerarse un punto negro».

La calle las Alberes es muy transitada por ciclistas y turistas, además de por la población del barrio. Los caminantes deben sortear aceras estrechas salpicadas de postes de la luz por las que «no pasa una silla de ruedas ni un carrito de bebé», según Argemí. A menudo los viandantes esquivan estos obstáculos bajando a la calzada, con el riesgo que supone.

Transitar por la acera tampoco resulta seguro. Vallas, papeleras y el poste de la parada del bus 111 han sido embestidos por vehículos que sobrepasan el límite de velocidad de 30 kilómetros por hora impuesto en este tramo. «Si automovilistas y ciclistas respetaran la velocidad no habría problemas, pero aquí se hacen hasta carreras de coches nocturnas», comenta Alberto López, dueño de la granja La Catalana y testigo de muchos incidentes. «Una vez un guardia urbano se salió de la carretera y sus compañeros tuvieron que venir a buscar su moto», asegura.

Una larga recta recibe a los conductores y ciclistas que bajan por la carretera del Tibidabo. Al entrar en el núcleo urbano de Vallvidrera, muchos continúan a la misma velocidad y «no les da tiempo a frenar en el paso de peatones que hay después de la curva», explica López. Los vecinos reclaman más medidas preventivas como un paso de peatones alzado en el inicio del tramo urbano, bandas reductoras de velocidad y señales de curva peligrosa.

Al salir del núcleo urbano, cuando la calle de las Alberes pasa a llamarse carretera de Vallvidrera-Tibidabo, la diputación ha renovado el asfalto y ha habilitado un andén protegido para peatones que es un magnífico mirador. Unos metros más arriba, cuando la vía entra en un punto peligroso al coincidir con un muro del parque de atracciones a un lado y viviendas al otro, sustituyó el asfalto resbaladizo y reforzó las señales de alerta. «El ayuntamiento debería tomar medidas similares en el tramo urbano», comenta Argemí.

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